En medio de las fiestas propias de la Navidad, damos comienzo al nuevo año civil. JESÚS es el SEÑOR también de la historia, y por tanto de los momentos del tiempo presente que nos está tocando. Somos actores y protagonistas, al mismo tiempo que estamos afectados e influenciados por los acontecimientos y sucesos, que inciden en la economía, las decisiones políticas y disposiciones dadas por organismos internacionales. La paz siempre vulnerable es anhelada por aquellos que se encuentran en medio de conflictos, que particularmente no han buscado. Quisiéramos que los deseos de paz expresados en estas fechas de muchas formas dispongan una fuerte corriente, que disuada a los que de forma insensata frivolizan con una guerra inminente de carácter general en suelo europeo. Algo grande se produce en los días de Adviento y Navidad, que predispone los ánimos a renovar viejos propósitos para un año que comienza. Este año vamos a recorrer la Liturgia acompañados del evangelista san Mateo, pero siempre son oportunas las palabras iniciales del evangelio de san Marcos, cuando se trata de enfatizar un comienzo: “se ha cumplido el tiempo, está cerca el Reino de DIOS; convertíos y creed en el Evangelio” (Cf. Mc 1,15). El tiempo de los hombres se ha llenado de la acción de la Gracia, y por ese mismo motivo el tiempo ha llegado a tener su máximo sentido, para el que fue creado. El tiempo se está llenando de Eternidad. Las preguntas o interrogantes básicos en busca de sentido por parte del hombre, encuentran respuesta satisfactoria: ¿quién soy?, ¿para qué estoy en este mundo?, ¿qué sentido tienen los fracasos particulares, enfermedades y sufrimientos?, ¿tiene sentido esforzarse por el bien de los demás?, ¿en este mundo puedo buscar y encontrar a DIOS?, ¿puedo reconocer que DIOS me ama y le importa lo que hago, pienso y decido?, ¿de verdad, tiene el ETERNO algún interés en el trato y encuentro con los que peregrinamos por este mundo? Los interrogantes son ampliables según las circunstancias de cada uno. El que cree, o tiene Fe, está destinado a pedir, llamar y buscar, pues así nos lo propone el SEÑOR: “pedid y se os dará, llamad y se os abrirá, buscad y encontraréis; pues quien pide recibe, el que busca halla y al que llama se le abre” (Cf. Mt 7,7). Muchos de los interrogantes básicos, relacionados con el sentido de la vida, delatan la gran pobreza personal que nos asiste; por esa razón el SEÑOR nos sugiere que empecemos por pedir dones y auxilios espirituales para echar a andar el camino. Se nos ha dado Caridad, en el Sacramento del Bautismo o los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, si nos iniciamos en el seguimiento de JESÚS cuando adultos. Puede ser que notemos falta de entendimiento, ciencia espiritual o fortaleza para ejercitar las virtudes, y entonces será el momento de pedir una nueva efusión del ESPÍRITU SANTO que renueve sus dones para el ejercicio de las virtudes teologales. Un buen número de cualidades espirituales deben venir por imitación. JESÚS dice: “aprended de MÍ que soy manso y humilde de corazón…” (Cf. Mt 11,29). La vía para la imitación discurre a través de la Escritura, la participación en la EUCARISTÍA y la adoración a JESÚS en el Sacramento de la EUCARISTÍA. Nos acercamos a estas fuentes con la disposición del pobre, que va a pedir lo que en realidad no tiene y nos dirigimos al único que nos provee. La santísima VIRGEN MARÍA dice en el Magníficat: “…, a los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos…” (Cf. Lc 1,53). Sólo DIOS da lo que conviene a nuestra alma y nos dispone para la Vida Eterna. DIOS quiere que se corte de forma radical con todo aquello que consideremos importante o necesario para el crecimiento espiritual como pueden ser las falsas ayudas de la Nueva Era o del orientalismo. Todo eso constituirá un penoso lastre que impedirá gravemente el verdadero crecimiento espiritual. No está mal pensar que se pide para buscar, entre otras cosas. Buscamos respuestas a preguntas que van surgiendo de la incomprensión, o visión parcial y fragmentada de las cosas y realidades que nos conciernen. Buscamos respuestas cada vez más completas o acabadas sobre el conjunto de interrogantes que se abren a cerca del sentido de la vida, como veíamos más arriba. La propia vida, los acontecimientos de la misma, la historia de nuestros antepasados y su repercusión en el momento presente, o las claves que nos ayudan a un pensamiento más ajustado; constituye todo ello motivo suficiente para permanecer con una actitud de búsqueda continua. Gracias a la Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, tenemos algunas certezas firmes, que nos permiten caminar, encontrar sentido y avanzar con respecto a las verdades religiosas que afectan a la vida presente y futura; pero estamos lejos de una comprensión que alcance todos los aspectos de la misma. DIOS es siempre más, y las cosas de su Reino nos resultan inabarcables. Un santo o místico nos transmite su experiencia de comunión con el SEÑOR, y algo de lo que se le mostró del Cielo, del Purgatorio o del infierno, pero ninguno de estos grandes espíritus nos ofrece la visión total de los mundos contemplados. Los grandes santos y los verdaderos místicos no van a presentar contradicciones en los fundamentos de lo que son testigos y nos trasmiten, pero la realidad excede ampliamente lo que nos pueden informar cada uno de ellos. Lo dice san Pablo, al respecto de la profecía: “nuestro conocimiento profético aquí en este mundo es parcial” (Cf. 1Cor 13,12). Isaías nos dice: “buscad a DIOS mientras se le encuentra” (Cf. Is 55,6). La Creación está llena de señales que remiten a DIOS mismo, por lo que buscarlo pertenece a los impulsos primarios del ser humano. JESÚS vino a elevar la mirada para que recibiéramos el Mensaje de que DIOS nos ama, es nuestro PADRE además de ser el Creador, y nos destina a una eternidad con ÉL, en calidad de hijos suyos. El creyente llama a la puerta de AQUEL, que mediante las señales manifestadas conduce con certidumbre al lugar donde se encuentra su verdadera morada. El que ha pedido y buscado tiene la necesidad de llamar a la puerta del que lo ha estado reclamando de múltiples maneras, hasta el punto de poder manifestar ÉL mismo: “ESTOY a la puerta y llamo; y si alguien me abre, entraré y cenaremos juntos…” (Cf. Ap 3,20). Llamamos al SEÑOR cuando lo invocamos, pronunciamos su Nombre, con verdadera adoración. La súplica necesitada del hombre débil, que ante múltiples situaciones se siente desfallecer: “si el afligido invoca al SEÑOR, ÉL lo escucha y lo libra de sus angustias…” (Cf. Slm 33,7). DIOS quiere ser reconocido por su Pueblo, y promete una presencia especial cuando el Pueblo bendiga y aclame su Nombre: “DIOS mora en la alabanza de su Pueblo” (Cf. Slm 21,4). El fiel particular o el Pueblo en su conjunto son fuertes cuando reconocen públicamente el Nombre del SEÑOR. La Biblia está jalonada de episodios en los que Israel no vence a sus enemigos por su fuerza militar o pericia estratégica, sino porque DIOS va delante, lucha por él y le da la victoria: “dichoso el Pueblo que sabe aclamarte, caminará, SEÑOR, a la Luz de tu Rostro…” (Cf. Slm 89,15). En estas fiestas de Navidad reanudamos el firme compromiso de trabajar por la Paz, en medio de unas sociedades altamente conflictivas. En estas fechas se mejoran relaciones deterioradas o un tanto enfriadas, y los ánimos quedan predispuestos para considerar las mejores facetas del vecino o el familiar. Todos podemos hacer algo en el pequeño mundo particular, que mejora el estado general de las cosas.
- Nuevos propósitos
- Una nueva mirada hacia la creación
- La SABIDURÍA está presente
- El VERBO no está solo
- La SABIDURÍA actúa con PODER
- Israel es la casa de la SABIDURÍA
- La SABIDURÍA echa raíces en Israel
- Sólo el VERBO puede hablar del PADRE
- El VERBO en JESUCRISTO crea cosas nuevas
- Todo se hizo por la PALABRA
- Criaturas capaces de una aspiración por DIOS
- La LUZ vence a las tinieblas
- Bondad natural del hombre
- El vértice del drama
- La victoria es de DIOS
- Morada permanente
- La Gloria del SEÑOR
- Gracia tras Gracia
- La Ley era insuficiente
- Conclusión del Prólogo
- Confesando quién es DIOS
- Somos sus hijos
- Somos hijos en el HIJO
Nuevos propósitos
El nuevo año ha comenzado, y no debemos dejar a un lado los nuevos propósitos, que nos hacen avanzar en el proceso de conversión. Aunque los propósitos de años anteriores no se llevaran a cabo, y su falta de cumplimiento creara decepción, hemos de concedernos una nueva oportunidad. JESÚS se queja de sus contemporáneos y los compara con unos niños que juegan en la plaza: “hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos tocado lamentaciones, y no habéis llorado. Porque vino Juan Bautista, que no comía ni bebía; y dijisteis: tiene un demonio. Viene el Hijo del hombre, que come y bebe; y decís: ahí tenéis a un comilón y borracho. Pero la Sabiduría es acreditada por sus hijos” (Cf. Lc 7,32-35). Es una cita un poco larga, pero añade aspectos a lo que el Eclesiástico revela sobre la SABIDURÍA que se elogia a SÍ misma (Cf. Eclo 24,1-2). Como en otros casos el término sabiduría, en la Biblia, es polisémico, es decir, puede encerrar realidades diferentes, aunque estén relacionadas. Hoy la Sabiduría habla de Sí misma de modo personificado. No es el único texto en que aparece esta vertiente, y nos lleva a poner en relación esta revelación con el VERBO, que es JESÚS de Nazaret. De ÉL aprendemos de forma especial los más altos grados de la Sabiduría espiritual, siendo ÉL la SABIDURÍA engendrada por DIOS desde antes de toda creación. “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron les da poder para ser hijos de DIOS…” (Cf. Jn 1,11-12). Estos que reciben al HIJO de DIOS -SABIDURÍA- son los que dan crédito y testimonian la Sabiduría, que debe ser aprendida y practicada. JESÚS muestra con su persona y predicación las lecciones de Sabiduría que inexcusablemente nos toca aprender para el proceso de conversión, o vuelta a DIOS.
Una nueva mirada hacia la creación
Las distintas versiones de la Creación dentro de la Biblia se relacionan entre sí. La arquitectura del primer relato de la Creación (Cf. Gen 1,1ss) no contradice la forma más arcaica del relato contenido en el capítulo segundo, que se prolonga en el tercero con las escenas del primer pecado del hombre (Cf. Gen 2 y 3). En el primer relato, DIOS actúa mediante su palabra de modo preciso y ordenado: los cielos y la tierra quedan concluidos en seis días con un séptimo día para el descanso sabático, que orienta hacia la adoración para llevar al hombre al descanso de DIOS. En el segundo relato, DIOS otorga al hombre un protagonismo que no aparece explícito en el primer relato. La tierra todavía está por cultivar y los animales tienen que ser reconocidos y nombrados por el hombre, para que formen parte de una Creación que tiene al hombre como centro de la misma. DIOS en este segundo relato no deja de mantener un contacto directo con el hombre y se dice poco del contenido de esta relación entre DIOS y Adán. Los libros sapienciales contienen textos que ofrecen una revelación que dan contenido al modo de manifestarse DIOS en la Creación y en la vida concreta de los hombres. La SABIDURÍA es una pero se diversifica sorprendentemente en una variedad indefinida para asistir a cada una de las criaturas en sus necesidades, y de modo especial a cada hombre en particular. El texto de este domingo se anticipa sorprendentemente a la manifestación mesiánica de JESUCRISTO. ÉL mismo lo corroborará con su testimonio: “las obras de la SABIDURÍA dan testimonio de SÍ misma” (Cf.Mt 11,17).
La SABIDURÍA está presente
DIOS no se contenta con dar a entender que el diseño de todo lo que vemos con nuestros ojos e inteligencia le pertenece. En todo lo creado aparece un orden y precisión minucioso, que pareciera haber sido diseñado por la más precisa de las inteligencias, como así ocurre. Cualquier descubrimiento hecho por los científicos es posible porque de forma incipiente van sincronizando sus cálculos, métodos y resultados matemáticos a unas estructuras dadas en la Creación, que son absolutamente previas a sus previsiones y cálculos. Es una vía por la que DIOS se deja descubrir, aunque muchos de estos personajes de la ciencia parecen creerse que son ellos mismos los han hecho el diseño previo de todo, cayendo en la más estúpida de las soberbias. Pero, como decíamos anteriormente, DIOS no se contenta con reflejar en todo su plan y diseño, sino que desde siempre dispuso entrar en lo antojadizo y ocasional, a veces caótico, del acontecimiento humano, y de esa forma demostrarnos que ÉL es SABIDURÍA creadora y SABIDURÍA providente con el hombre, y su interlocutor válido en todo lo que ha sido realizado por ÉL. “La SABIDURÍA hace su propio elogio, en medio de su Pueblo se gloría” (Cf. Eclo 24,1). En la visión del Eclesiástico, la SABIDURÍA tiene las características de un atributo divino, pero a luz del Nuevo Testamento lo revelado allí puede atribuirse a DIOS mismo, que se manifiesta en el HIJO dando cuenta en grado supremo de lo contenido en el libro revelado. Ciertamente, la SABIDURÍA se acredita por sus obras y palabras en medio de los suyos. Se mantiene en todo momento la doble dirección que identifica a la SABIDURÍA como acción creadora de DIOS y su manifestación restauradora o redentora.
La SABIDURÍA se manifiesta en la PALABRA
“La SABIDURÍA en la asamblea del ALTÍSIMO abre su boca; delante de su PODER se gloría” (Cf. Eclo 24,2). En JESUCRISTO que es la PALABRA hecha carne, DIOS desciende dando experiencia de SÍ mismo a los hombres. La Sabiduría en JESÚS no es un concepto, sino la Vida Divina que hace saber a los hombres de las cosas de DIOS. Podemos entender este versículo como la manifestación del VERBO ante la asamblea de los Ángeles convocados antes y después de la Encarnación, muerte y Resurrección. DIOS revela por su PALABRA a los suyos más cercanos que son los Ángeles su Plan de Salvación; y a esa misma asamblea el VERBO retorna con el éxito de la misión cumplida. El libro del Apocalipsis se encarga de ofrecernos de forma simbólica las escenas en las que el CORDERO comparece como el REDENTOR.
El VERBO no está solo
“YO salí de la boca del Altísimo y cubrí como niebla la tierra” (Cf. Eclo 24,3). En el primer relato de la Creación se declara la presencia del “RUAH” que actúa y ordena el caos inicial (Cf. Gen 1,1). El Aliento Divino no deja de acompañar la acción de la PALABRA o VERBO -dijo DIOS- a lo largo de los procesos que van poniéndose en marcha para dar a toda la Creación orden, dinamismo y finalidad. El Eclesiástico conjuga en este versículo la acción conjunta de la PALABRA y el RUAH de DIOS, que al modo de la niebla cubre toda la tierra a manera de una gran acción gestante que bajo su influencia da vida y forma a todo lo que existe.
La SABIDURÍA actúa con PODER
“YO levanté mi trono en las alturas, y mi trono era una columna de nube” (Cf Eclo 24,4). La columna de nube es el símbolo de la unión permanente entre el Cielo y la tierra, por la que el PODER de DIOS, en este caso su SABIDURÍA, mantiene su PRESENCIA. La SABIDURÍA que es DIOS da a los hombres la conciencia de su existencia sostenida por DIOS mismo, ofreciendo el carácter de lo divino a la actuación del hombre en este mundo. El hombre por la acción de DIOS está pensado para superar la animalidad y realizar la transformación personal como verdadero hijo de DIOS. El PODER prudente que imprime el ESPÍRITU SANTO da como resultado el milagro de unas transformaciones, que el hombre por sus fuerzas jamás puede realizar.
Israel es la casa de la SABIDURÍA
“El CREADOR me dijo: pon tu tienda en Jacob” (Cf. Eclo 24,8). Después de realizar todas las obras, la SABIDURÍA busca el descanso y lo encuentra en Israel. “Sola -la SABIDURÍA- recorrí la redondez del Cielo y por las honduras del abismo pasee… Todo pueblo y nación era mi dominio; y entre todas estas cosas buscaba reposo, una ciudad donde instalarme” (Cf. Eclo 24,5-7). Con este lenguaje alegórico el autor bíblico va siguiendo los pasos de la acción creadora del primer relato del Génesis. Nada escapa a la acción y presencia de la SABIDURÍA, y de ELLA extraemos los hombres la experiencia espiritual que necesitamos para superar la animalidad de la propia vida: “el hombre rico e inconsciente es como un animal que perece” (Cf. Slm 48,21). En este mismo Salmo se nos dice que la vida está en proceso de rescate: “es tan caro el rescate de la vida, que nada bastará para pagar sin bajar a la fosa” (Cf. Slm 48,9-10). Sólo DIOS puede librar al hombre de hundirse en la corrupción de la dimensión carnal de su ser: “bendeciré al SEÑOR que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al SEÑOR, con ÉL a mi derecha no vacilaré; por eso se me alegra el corazón y se gozan mis entrañas; porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción (Cf. Slm 15,7-10). Es DIOS y sólo ÉL quien impide al hombre terminar como el común de los animales que pueblan la faz de la tierra.
La SABIDURÍA echa raíces en Israel
Definitivamente, la Encarnación, vida, muerte y Resurrección de JESUCRISTO, lo hacen perteneciente para siempre al Pueblo elegido por DIOS: “he arraigado en un Pueblo glorioso, en la porción del SEÑOR” (Cf. Eclo 24,12). Las palabras de JESÚS marcaron el nuevo comienzo: “diles a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán” (Cf. Mt 28,10). Las cosas partían de nuevo, pero no de un punto cero, sino de una situación espiritual totalmente nueva donde el Reino había sido predicado con SABIDURÍA y tenía raíces suficientes para desarrollarse. Como los cedros del Líbano en la Alta Galilea, así crecerán las plantas de la Nueva Sabiduría. Como las palmeras de toda aquella comarca el Evangelio ofrecerá la sombra restauradora y los nuevos frutos para cobrar fuerzas. No le falta a la Nueva Sabiduría la fragancia de los perfumes espirituales que eleven el alma por encima de las miserias de este mundo, sin la vaga intención de narcotizar o evadir. Las fuerzas del hombre son limitadas y la SABIDURÍA se ofrece como la fuente fiable de la que se bebe sin quedar contaminado. En un lenguaje poético los versículos siguientes de este texto del Eclesiástico (Cf. Eclo 24,12-16) ofrecen una correspondencia con los frutos de la evangelización, que nos alcanza a nosotros y promete continuar hasta que concluya el paso del hombre por este mundo: “Sabed que YO estoy con vosotros hasta el fin del mundo” (Cf. Mt 28,20).
Prólogo del evangelio de san Juan
Un prólogo se lee al principio de una obra, pero se escribe al finalizar la misma para ofrecer una impronta global del contenido que sigue; de la misma manera ocurre con el Prólogo al evangelio de san Juan que fue escrito alrededor del año cien. Los dieciocho versículos iniciales del Evangelio constituyen una síntesis doctrinal y una profesión de Fe, o un credo, que las comunidades ligadas al apóstol san Juan profesaban. A lo largo de veintiún capítulos se desarrollan las grandes verdades compendiadas en el Prólogo.
Sólo el VERBO puede hablar del PADRE
Con la Encarnación del VERBO, DIOS se desentraña, lo que pertenece a lo más íntimo de DIOS se revela, manifiesta y da a conocer. La categoría de la que parte el evangelio de san Juan es el testimonio del VERBO, o HIJO de DIOS, de sus obras y palabras. “En el principio existía la PALABRA, y la PALABRA estaba junto a DIOS; y la PALABRA era DIOS” (v.1). Los evangelios no desarrollan tesis de filosofía, y los términos empleados pueden resultar escasos a primera vista, por lo que es preciso contemplarlos dentro del conjunto de verdades que construyen el edificio religioso. El concepto de “principio aquí no es temporal, sino un indicador de fundamento atemporal. La EXISTENCIA divina se sustenta en el principio básico de la comunión entre el PADRE y el HIJO en el ESPÍRITU SANTO. Esta es la cota máxima de revelación sobre DIOS, a la que ninguna religión pudo llegar, sencillamente porque el VERBO vino al mundo en la tradición del Judaísmo. Tenemos en el Antiguo Testamento aproximaciones a la condición trinitaria de DIOS, pero en momento alguno una revelación explícita como se recoge en el evangelio de san Juan. El VERBO se encuentra junto a DIOS pero en una disposición receptiva frente al PADRE, que lo genera como HIJO incesantemente en el AMOR unitivo del ESPÍRITU SANTO. Y Juan concluye este primer versículo afirmando que el VERBO es DIOS, por tanto de la misma naturaleza divina que el PADRE, como rezamos en el Credo.
El VERBO en JESUCRISTO crea cosas nuevas
La Creación ya está formada y sostenida con un dinamismo que la conduce hacia su fin último dentro del Plan de DIOS. Pero JESUCRISTO crea cosas nuevas, que antes no existían. JESÚS trae al mundo un Bautismo en el ESPÍRITU SANTO que antes no existía, y hace al hombre “nacer de lo alto” (Cf. Jn 3,7); estableciendo en su interior un santuario en el que puede adorar al PADRE con verdad (Cf. Jn 4,23). El PAN de VIDA no existía antes de la aparición del VERBO hecho hombre en medio de nosotros (Cf. Jn 6). Antes que el VERBO hecho hombre en JESÚS de Nazaret apareciese, el destino de los difuntos era el inframundo espiritual del Sheol; pero después de la Resurrección, se establecieron unos sitios en el Cielo del todo nuevos, para los que acepten el camino trazado por JESÚS: “Me voy a prepararos sitio, para que donde YO estoy estéis también vosotros”. En la casa de mi PADRE vamos a establecer muchas moradas” (Cf. Jn 14,1ss). Se dispone en el mundo un principio de perdón de los pecados que no existía anteriormente, porque el ESPÍRITU SANTO es dado a los hombres de forma nueva (Cf. Jn 20,22). El REDENTOR dejó en el mundo elementos espirituales suficientes para la transformación de la condición humana, dándole el impulso iniciado en la Creación.
Todo se hizo por la PALABRA
“Todo se hizo por ELLA y sin ELLA no se hizo nada de cuanto existe” (v.3) De dos maneras podemos entender este versículo: la primera se limita a reconocer la presencia del VERBO en la acción creadora de DIOS según el primer relato del Génesis, “y dijo DIOS”. De forma repetida el autor sagrado insiste que todo es fruto del poder de la PALABRA divina. El segundo sentido, complementario del primero, da a entender que todo lo creado está en función del HIJO y de forma especial a su imagen. Porque el PADRE ama al HIJO, su AMOR desbordante se plasma en una creación inmensa, de la que quiere hacer partícipes de manera especial a los hombres con experiencia singular del AMOR existente entre las Personas Divinas.
Criaturas capaces de una aspiración por DIOS
En la Creación presente quienes tienen capacidad para tener experiencia de encuentro con DIOS son los Ángeles y los hombres. En ellos reside la Vida y la Luz del VERBO de forma especial. “En el VERBO estaba la Vida y la Vida era la Luz de los hombres” (v. 4). La condición humana y la naturaleza angélica están preparadas para recibir una Vida que trasciende la vida natural, que es un pálido reflejo de la verdadera Vida semejante a la Vida existente entre el PADRE y el HIJO: “de la misma forma que YO vivo por el PADRE, el que me coma, vivirá por MÍ” (Cf. Jn 6,57). La Vida Nueva trae consigo una nueva conciencia que es la luz que asiste al hombre nuevo.
La LUZ vence a las tinieblas
Como en el primer día de la Creación, también aquí surgen las tinieblas creando una oposición frontal a los hijos de la LUZ: “la LUZ brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron” (v.5). El campo para la batalla esta en este mundo, en el que la serpiente primigenia no cesa de perseguir a los hijos de DIOS, aunque sabe que le queda poco tiempo, porque su sentencia está dictada (Cf. Ap 12,12). Las tinieblas comprenden tanto la influencia satánica como las acciones dañinas realizadas por los hombres de forma deliberada. El mal realizado engendra sombras, pesimismo, desesperanza, negatividad, envidia, odio, venganza. La oposición de la LUZ resulta irritante para la mirada aviesa.
Bondad natural del hombre
“El VERBO es la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (v.9). Una catástrofe espiritual de dimensiones insospechadas debió tener lugar para dejar al corazón humano tan lesionado en el orden moral, pues los niveles de mal y perversión en el mundo se antojan insoportables en cualquier época. La Luz tiene que ganar una batalla fundamental en el corazón humano, para que irradie al mundo el bien necesario. Terribles son las palabras del SEÑOR en el profeta Jeremías: “nada más hipócrita y enfermo que el corazón del hombre”. No obstante, asistimos con cierta frecuencia al milagro de la conversión, en el que DIOS como cirujano divino opera transformaciones que sólo ÉL puede llevar a término.
El vértice del drama
El VERBO transita desde la interioridad de DIOS, que es su medio propio y se expropia de su hogar celestial para llegar a un ámbito totalmente distinto. San Pablo lo refleja perfectamente en el himno recogido en la carta a los Filipenses (Cf. Flp 2,6-7). San Juan, en este Prólogo, lo sintetiza en una frase: “vino a su casa, y los suyos no lo recibieron” (v.11). El MESÍAS estaba destinado a fijar su residencia en Jerusalén, en la Ciudad Santa y de forma especial en el lugar más santo, el Templo, debía ser recibido y reconocido. Las cosas, como bien sabemos, no fueron por esa vía. El rechazo de los de su casa también conocemos su desenlace: JESÚS es excluido y muere fuera de los muros de la Ciudad Santa. El hecho de la Resurrección es el aval con el que el PADRE sigue diciendo: “Este es mi HIJO amado, y en ÉL tengo todas mis complacencias” (Cf. Mt 3,17).
La victoria es de DIOS
Cada persona tendrá que pronunciarse frente a JESÚS en un momento u otro de su existencia; en este mundo o en los prolegómenos de las decisiones definitivas en el más allá. La decisión es recibir a JESÚS como el SALVADOR o rechazarlo. Ahora en este mundo, con todas las dificultades propias de la pugna del pecado por imponerse, sin embargo es posible la experiencia de vivir la condición de los hijos de DIOS por el Bautismo y el seguimiento de JESÚS. Para crear y extender el grupo de discípulos vino JESÚS. Pero no debemos olvidar que DIOS tiene recursos desconocidos para nosotros, mediante los cuales puede hacerse presente a los de otras religiones, o a las personas cuyas circunstancias en la vida supusieron una ceguera total para encontrar el camino de la luz y de la vida en JESUCRISTO. “A todos los que lo reciben, les da poder de hacerse hijos de DIOS, a los que creen en su Nombre. Estos no nacen de carne o de sangre, sino de DIOS” (v.12-13).
Morada permanente
“El VERBO se hizo carne, y habita entre nosotros” (v.14). La Nueva Tienda del Encuentro contiene el Nuevo Maná que es la EUCARISTÍA; esto es, substancialmente el mismo CRISTO con su humanidad glorificada y la Divinidad. La promesa es firme durante todo el tiempo de la existencia del hombre en este mundo. A pesar de todos los inconvenientes, la acción de la Gracia sigue su camino de perfeccionamiento para muchas personas que tienen al SEÑOR como el centro de su vida y se alimentan de ÉL.
La Gloria del SEÑOR
A pesar de todos los inconvenientes, en la Iglesia hemos contemplado la Gloria del SEÑOR, que sigue caminando con su Pueblo en medio de grandes dificultades. También nosotros podemos decir: “hemos contemplado su Gloria, Gloria que recibe del PADRE como HIJO único, lleno de Gracia y de verdad” (v.14). Los apóstoles fueron testigos de excepción de la Resurrección del SEÑOR, junto con otras muchas personas, de las que san Pablo menciona quinientas que contemplaron al RESUCITADO en una aparición cuando estaban todos reunidos. A lo largo de la Historia de la iglesia, los cristianos tenemos la oportunidad de asomarnos a la Gloria del RESUCITADO y tocar la orla de su manto con beneficios inmediatos para nuestras vidas. La Gloria del SEÑOR reposa sobre la comunidad reunida y es reconocible por sus gracias de sanación y liberación.
Gracia tras Gracia
“De su plenitud, todos hemos recibido Gracia tras Gracia” (v.16). El RESUCITADO ha vencido, y en ÉL están todas las gracias o dones para los hombres, que cada uno irá recibiendo de forma gradual: “Gracia tras Gracia”. Los dones para cada persona y época son distintos, aunque algunas gracias no pueden faltar, porque de ellas depende la vida cristiana en sí misma. No se puede prescindir de las virtudes teologales en la Iglesia para cada uno de los cristianos, o de los dones del ESPÍRITU SANTO. Pero en un momento determinado surgieron los carismas religiosos para la enseñanza, que en la actualidad no son relevantes, salvo en casos muy determinados.
La Ley era insuficiente
“La Ley fue dada por Moisés; la Gracia y la Verdad nos vienen por JESUCRISTO” (v.17) Esta afirmación en el Prólogo señala el factor diferencial del Cristianismo con respecto a la religión de los mayores. La Ley debió servir para preparar los corazones a la venida del MESÍAS, pero no fue así. Quedó del todo comprobado que la Ley era absolutamente insuficiente para alcanzar lo que DIOS pedía a sus hijos. Es la acción de la Gracia o la transformación realizada por el ESPÍRITU SANTO lo que confirma el cambio y la transformación del hombre en hijo de DIOS conforme a su Designio eterno.
Conclusión del Prólogo
“A DIOS nadie lo ha visto jamás; el HIJO único, que está en el seno del PADRE, ÉL lo ha contado” (v.18). El Prólogo cierra con esta frase, que propone un punto de partida para revisar toda la Escritura, pues desde Abraham, pasando por Moisés y los profetas, todos ellos fueron hombres privilegiados y cercanos a DIOS. Sus palabras tienen la solidez de la mencionada proximidad, pero existe una distancia inmensa con el testimonio de JESUCRISTO, que es el HIJO, el ENVIADO por el PADRE. Así JESÚS le dice a Pilato: “SOY REY, para esto he venido, para dar testimonio de la VERDAD” (Cf. Jn 18,37). Nadie puede decir una palabra sobre DIOS más verdadera que el VERBO conocedor de la intimidad misma de DIOS por ser uno de la TRINIDAD.
Carta a los Efesios 1,3-6,15-18
La doctrina de san Pablo sigue presente en la carta a los Efesios. JESUCRISTO, su revelación y misterio, es el eje de toda la doctrina, que llega a los creyentes por la acción expresa del ESPÍRITU SANTO. La comunidad debe vivir y experimentar los diversos carismas y ejercer los distintos ministerios, que la hacen crecer y fortalecerse frente a los embates del mundo, pues de forma declarada opone un frente sin cuartel. El cristiano por su adhesión a JESUCRISTO adquiere una dignidad nueva, como hijo de DIOS, y está en su mano hacerla valer frente a las fuerzas disuasorias de este mundo. El cristiano debe comportarse manifestando un verdadero conocimiento de las cosas espirituales, sin dejarse arrastrar por las modas y eslóganes del mundo. La sociedad pagana del siglo primero no era menos agresiva que la presente, aunque las posiciones estaban bien identificadas, porque los cristianos de las primeras generaciones se presentaban con la fuerza y radicalidad del converso.
Confesando quién es DIOS
“Bendito sea DIOS y PADRE de nuestro SEÑOR JESUCRISTO, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos en CRISTO” (v.3). El politeísmo de todos los tiempos obedece a la pretensión permanente por parte del hombre de manejar a su antojo las fuerzas metafísicas o espirituales a las que cree tener acceso. El espiritismo hace creer al hombre que maneja a su antojo las fuerzas espirituales que parecen moverse por encima de él; pero el hombre adopta poses de una astucia calculada para someter a los espíritus con los que considera ha entrado en contacto. Mediante sacrificios u orgías el hombre de todos los tiempos piensa que las fuerzas espirituales que operan en este mundo responderán de buen grado a sus ofrendas y excesos, que acaban con frecuencia en la aberración. El hombre puede verse sumergido en una verdadera narcosis psicoespiritual, sin dejar excluidas las drogas físicas para acentuar los estados alterados de conciencia. Lo que hoy se puede encontrar en este campo de las supersticiones aberrantes, estaba presente en el momento que aparece el Cristianismo. La confesión de un solo DIOS, que favorece al hombre, sin necesidad de todo lo anterior es revolucionario y los espíritus mejor preparados van a ser receptivos al mensaje. No obstante las cadenas que han de romperse exigen una fortaleza de carácter superior a la convicción personal fruto de la aceptación del Mensaje. El poder carismático bajo la acción del ESPÍRITU SANTO dará un verdadero renacimiento a muchas personas, que actuarán como testigos del poder liberador dado por el nombre de JESUCRISTO. No es posible pensar en la expansión del Cristianismo en los comienzos, sin una poderosa acción del ESPÍRITU SANTO. Ciertamente, los Cielos se han abierto gracias a la muerte y Resurrección de JESUCRISTO y una fuente inagotable de gracias vinieron sobre las primeras comunidades cristianas, que estaban siendo recintos de otra manera de vivir y de creer. Los ídolos en sí mismos no eran nada, pero detrás de los ídolos residía la fuerza de los demonios, que san Pablo desenmascara en distintas ocasiones. La batalla espiritual está declarada y les toca a los cristianos empuñar las armas de la Fe como señala el apóstol en esta misma carta.
Somos sus hijos
“Por cuanto nos ha elegido antes de la fundación del mundo para ser santos e inmaculados en su Presencia, en el AMOR” (v.4). Es DIOS quien da la dignidad al hombre. Cuanto más se realce el señorío de DIOS sobre todos, el hombre cobrará más importancia. Una vez que palidece la Presencia de DIOS, el hombre inicia su propio ocaso. Los momentos presentes constituyen una buena muestra. Nietzsche vino a decir que “DIOS ha muerto porque lo hemos matado”, y en gran medida tenía razón en su locura psicopática. Lo que no advirtió es que detrás de haber matado a DIOS socialmente, también acontece la muerte del hombre. Algunos “superhombres” dispuestos así por ellos mismos, declaran que el hombre es el problema en el planeta. Progresivamente se va inoculando que el hombre es un animal entre el resto de los animales a los que debe dotarse de derechos en las nuevas constituciones nacionales. El hombre actual hay que reducirlo a arcilla maleable para avanzar en el transhumanismo. La actual muerte de DIOS lleva consigo el ocaso del hombre a manos de otros hombres erigidos como poderes déspotas, que pretenden determinar los destinos de cientos de millones de sus semejantes: ¿lo conseguirán? Mientras tanto, los cristianos miramos de nuevo, dos mil años después, a las Escrituras para reconocer en ellas la dignidad que DIOS nos concede, y tenemos que admitir que sigue siendo el Cristianismo la tabla de salvación de la deriva que la Sociedad Occidental. DIOS nos creó conforme a su pensamiento, y plantea para nosotros una relación de Amor, con el fin de perfeccionarnos en su santidad. Comparado con los tiempos cósmicos y evolutivos, el tiempo bíblico que describe en la historia al hombre pensado por DIOS es relativamente breve, pero suficiente para saber lo que DIOS quiere de nosotros, y los rasgos que ÉL desea encontrar en nuestra personalidad espiritual. El humanismo posmoderno en el que nos encontramos piensa sólo en dar rienda suelta a las pulsiones más primarias del individuo y omite en todo momento el desenvolvimiento y cultivo de las virtudes, porque es muy distinto dar rienda suelta a los impulsos, que ejercitar un acto de voluntad para conseguir una virtud conscientemente. La inteligencia entraría en escena y tomaría el control de las distintas pulsiones para disponerlas en función de la virtud deseada. El ejercicio de la virtud libera, porque consigue parcelas de libertad y dominio personal. La conducta llevada por los impulsos primarios reduce automáticamente el campo de la libertad personal, que se verá arrastrada con más ímpetu por el impulso desbocado. Esto último no es lo que DIOS ha pensado para el hombre.
Somos hijos en el HIJO
“DIOS nos ha elegido para ser sus hijos adoptivos por medio de JESUCRISTO, según el beneplácito de su voluntad” (v.5) Todas las formas de relación con DIOS expuestas en el Antiguo Testamento quedan muy lejos frente a la nueva vinculación del hombre con DIOS por medio de JESUCRISTO. El cristiano tiene por delante una doble tarea en el campo espiritual: por un lado caminar en el ejercicio de las virtudes; y por otro, quizá más importante, recibir el don progresivo de la investidura como hijo que el HIJO debe concedernos. Esto último plantea un fondo religioso del todo nuevo para el hombre destinado a crecer hasta alcanzar la medida de CRISTO en el propio sujeto. Misterioso proceso de cristificación, que JESÚS señaló en el discurso del PAN de VIDA (Cf. Jn 6). En el Adviento hemos rezado y reconocido que “DIOS está cerca”, con la Navidad decimos que “DIOS se vuelve íntimo”, porque renace nuevamente sin dificultad alguna para realizar ese renacimiento cuantas veces queramos o sea necesario. Este año que estamos iniciando vuelve a ser un tiempo de Gracia con un caudal de bendiciones, si cabe, más abundante, porque el SEÑOR no desatiende a sus hijos en sus necesidades.


