¿Te has sentido agobiado y sin alegría?

Hoy el Evangelio te lleva a una casa sencilla, a una escena doméstica donde Jesús entra como amigo. Es la casa de Marta y María en Betania. Y no es sólo una historia antigua.

Hoy Jesús también entra en tu casa, en tu mundo agitado, en tu semana llena de tareas, en tu corazón quizás cansado o disperso. Y allí encuentra dos actitudes, la de Marta, que corre de un lado a otro para preparar la comida, y la de María, que se sienta a los pies de Jesús a escucharlo. Jesús no desprecia a Marta, agradece su esfuerzo, sin ella no habría pan en la mesa.

Pero te dice algo que necesitas oír hoy con urgencia. Sólo una cosa es necesaria. Tú trabajas, luchas, te esfuerzas cada día, atiendes a tu familia, cumples con tus deberes, y eso está bien.

Pero hoy Jesús te recuerda que si no cultivas tu alma, si no oras, si no haces silencio interior, te vacías por dentro. ¿Te has sentido así últimamente, vacío, agobiado, sin alegría? Quizás estás haciendo mucho, pero olvidando lo más importante, estar con Él, escuchar su palabra, sentarse a sus pies. Hoy Jesús te habla con ternura, no te inquietes por tantas cosas. Sólo una es necesaria, quédate conmigo.

Tal vez hace tiempo que no oras con el corazón, tal vez ya no visitas al Santísimo, ni lees el Evangelio, ni haces silencio y eso se nota en tus nervios, en tus preocupaciones, en tu tristeza. Hoy te invito a que lo reconozcas con humildad. Sin oración te pierdes, sin Dios te dispersas.

La vida cristiana necesita raíz, necesita silencio, necesita alimento interior. La fe no crece sólo con actividades, crece con la intimidad con Dios.

Aquí, en esta misa, tienes el lugar perfecto para detenerte. Aquí el Señor está, te habla, te mira, te espera, y también durante la semana puedes buscarlo, en un momento de adoración, en el rezo del rosario, en una lectura orante del Evangelio de los Salmos, o simplemente diciéndole, Señor, aquí estoy. No digas que no tienes tiempo, no digas que no sabes orar.

Dios te pide que estés con Él, lo demás Él lo hará. Y todavía, si dudas, si te preguntas si todo vale la pena, escucha lo que dice la ciencia. La neurociencia, sí, la que estudia tu cerebro, ha descubierto que la oración, la meditación y el silencio te transforman por dentro.

Si oras con frecuencia tendrás menos ansiedad y más paz. Dormirás mejor, pensarás con más claridad, tu corazón se calmará, tu mente se ordenará, tu cuerpo lo agradecerá, incluso tu capacidad de amar aumentará. ¿No es eso lo que tú buscas?

Te hablo con cariño, pero también con firmeza. Si no haces espacio para Dios, tu vida no funcionará. Podrás tener salud, dinero, amigos, pero no tendrás esa paz profunda, ese sentido, esa luz interior que solo Jesús puede darte. Y lo sabes, porque lo has buscado en mil cosas, pero ninguna te ha llenado.

Jesús te lo dice hoy, solo una cosa es necesaria, esa única cosa es Él. Escúchalo, contémplalo, déjate amar por Él y todo lo demás empezará a tener sentido. ¿Qué estás esperando? ¿Qué te hace pensar que puedes vivir sin Dios? ¿Hasta cuándo vas a dejarlo para mañana? Hoy es el día, hoy el Señor te llama por tu nombre como llamó a Marta, hoy quiere sentarse contigo, quiere que te sientes con Él.

No tienes otra opción si de verdad quieres vivir, si de verdad quieres sanar, si de verdad quieres ser feliz, hazle caso a Jesús, escuge la mejor parte y nadie, ni el ruido, ni el trabajo, ni el miedo te lo podrá quitar.

¡Feliz domingo, Dios te bendiga!

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