Con ocasión de la solemnidad de María Santísima Madre de Dios, una reflexión teológica retoma el significado preciso del título de Corredentora y el lugar único de la Virgen en la economía de la salvación.
El 1 de enero de 2026, mientras la Iglesia celebra la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, La Bussola publicó extensos extractos de un estudio del padre Serafino Lanzetta, sacerdote y teólogo católico, quien examina minuciosamente el significado del título de Corredentora:
El punto de partida de esta reflexión reside en una aclaración del vocabulario. El padre Lanzetta señala que la resistencia al título de Corredentora a menudo proviene de una lectura desequilibrada del término, que aísla la palabra «redentora« en detrimento del prefijo «co-« . Sin embargo, entendido en su sentido original en latín, cum , este prefijo significa «con».
María es Corredentora
en cuanto está con Cristo
en el cumplimiento de la redención,
y no porque ejerza
una función redentora
independiente o paralela.
Esta precisión lingüística conduce a una afirmación doctrinal crucial:
La cooperación de María no cuestiona en absoluto la singularidad ni la primacía de la redención realizada por Cristo. Al contrario, demuestra su eficacia.
En este sentido, el padre Lanzetta establece un paralelismo con la doctrina católica del mérito, que presupone la cooperación de la humanidad con Dios en la acción sobrenatural posibilitada por la gracia, sin menoscabar jamás la primacía divina.
La reflexión continúa con un análisis de la mediación, presentada como una cuestión a menudo incluso más compleja que la de la corredención.
La redención es la mediación del Verbo Encarnado y es realizada por Cristo como hombre.
Su humanidad
constituye el puente necesario
entre Dios y la humanidad.
Por lo tanto, el hecho mismo de que se requiera la mediación, implica que la participación humana no está excluida, sino que se integra en el plan divino. Negar cualquier participación humana en la mediación de Cristo equivaldría, según el autor, a negar su propia realidad.
Es en este marco
que se sitúa el papel singular
de la Virgen María.
Ella es mediadora en Cristo y,
por la sola mediación de Cristo,
admitida por Él
a participar
en la obra de la salvación.
Esta participación abarca tanto la ofrenda del sacrificio, desde la presentación de Jesús en el Templo hasta el Calvario, como la distribución de las gracias adquiridas mediante la oblación única de Cristo. No se trata de introducir una mediación competidora, sino de reconocer una participación real y plenamente subordinada.
El padre Lanzetta también aborda la objeción de que María no podía ser Corredentora, ya que ella misma necesitaba ser redimida. Esta objeción, según él, se basa en una visión puramente humana y reductiva de la Virgen. Considerada dentro del plan de Dios, María se benefició de una redención singular, preservadora y no liberadora, en vista de su misión como Madre de Dios. Así como su redención es única, también lo es su papel como la nueva Eva en la economía de la salvación.
Esta reflexión se basa en una crítica al «minimalismo mariano », que tiende a reducir a María a una figura meramente ejemplar o humanitaria, descuidando su papel único en la historia de la salvación.
Para el padre Lanzetta, esta reducción empobrece la comprensión católica de la mediación y la cooperación humanas en la obra redentora de Dios.
En este día en que la Iglesia celebra a María como Madre de Dios, esta contribución teológica invita a una lectura más exigente y completa del misterio mariano, recordando el lugar único de la Virgen en la economía de la salvación, inseparable de la obra redentora de Cristo.
Por QUENTIN FINELLI.
JUEVES 1 DE ENERO DE 2025.
TCH.

