La vigilancia no es angustia

Imagina que esta noche alguien llama a tu puerta. Es Jesús, ha venido por ti. ¿Estás listo? ¿Tu casa interior está en orden, tu corazón en paz? ¿O te gustaría pedir cinco minutos más para arreglar lo que no has querido mirar? Pero el Señor no da avisos, sólo ha dicho, «Estén preparados porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del Hombre».

Hoy Jesús en el Evangelio te habla con ternura y verdad. Empieza acariciándote el alma, no temas rebañito mío porque el Padre ha querido darte el reino. No eres un esclavo ante un juez, sino un hijo esperado por el Padre, ero acto seguido te invita a vivir con vigilancia activa, como un siervo que aguarda con la lámpara encendida y la túnica puesta, no por miedo, sino por amor.

Porque cuando Él venga, y vendrá, querrá encontrarte despierto, fiel, generoso, no distraído, no adormecido, no acumulando cosas que no podrás llevarte a la otra vida. ¿Y tú, cómo estás viviendo? Tal vez no maltratas a nadie, ni haces grandes males, pero ¿has dejado apagar tu luz interior? ¿Te has dormido en la rutina, en la tibieza, en la autocomplacencia?

Jesús hoy te recuerda que la vigilancia no es angustia, es lucidez amorosa, es vivir cada día como si fuera el último, no con miedo, sino con plenitud. Donde está tu tesoro, es decir, tu tiempo, tus pensamientos, tus afectos, ahí también está tu corazón. Entonces, ¿tu corazón está con Dios?

Hoy el Señor te llama con fuerza y ternura. Despierta, retoma tu camino, deshazte de lo que te distrae. El reino no se compra con cosas, se construye con amor fiel y esperanza activa. Vuelve a orar, no como obligación, sino como lámpara encendida.

Vuelve a servir, no como carga, sino como alegría. Hoy es tiempo de vivir de cara al reino, no a las cuentas del banco, los miedos o las excusas. Esta semana proponte dos cosas concretas.

Cada noche, antes de dormir, pregúntate en silencio, ¿Y si hoy hubiera sido mi última noche? ¿Qué encontraría el Señor en mí? Haz una obra silenciosa de caridad, algo pequeño, concreto, que sólo Él vea, será tu lámpara encendida. Y cuando todo se acelere, cuando te invada la prisa o el cansancio, recuerdes las palabras de Jesús como un susurro en el alma: «¡Dichosos los siervos a quien es el Señor al llegar, los encuentra en vela!»

Que esa dicha sea la tuya. Que tu vida no se apague. Que tu corazón siempre espere.

¡Feliz domingo! Dios te bendiga.

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