¿Has notado que todo lo que realmente vale la pena en la vida cuesta esfuerzo? El atleta que se prepara para ganar una medalla, el estudiante que quiere graduarse, el enfermo que lucha por recuperar su salud, ninguno alcanza la meta sin disciplina, sacrificio y perseverancia. Y entonces, ¿cómo podrías pensar que la vida eterna, lo más valioso a lo que aspiras, se consigue sin esfuerzo ni renuncia?
El Evangelio de hoy nos cuenta que alguien se acercó a Jesús para preguntarle, Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan? Jesús no responde cuántos se salvan, porque lo esencial no es el número, sino que tú te salves. Jesús te dice con fuerza, “esfuérzate en entrar por la puerta estrecha”.
La puerta estrecha no es un acceso reservado a unos pocos privilegiados, sino el camino exigente de vivir en verdad, de elegir el amor y no el egoísmo, de buscar la voluntad de Dios y no la comodidad propia. Jesús te advierte, “no bastará decir hemos comido y bebido contigo”, lo que importa es que tu vida se parezca a la de Jesús, que tu fe se exprese en obras concretas de justicia, misericordia y verdad.
La puerta ancha es fácil, placentera, engañosa, el camino que abre es seductor, pero con el paso del tiempo se convierte en un callejón sin salida y así, las riquezas mal habidas, los placeres desenfrenados, el egoísmo, el aplauso y reconocimiento de los demás, termina por causar cansancio, tristeza y hartazgo, y al final viene la condenación eterna en la que no hay retorno ni una segunda oportunidad.
Piensa en tus caminos de cada día, ¿eliges la puerta ancha del placer fácil, de la mentira que justifica, de la indiferencia ante el sufrimiento de los demás? Esa puerta es atractiva, pero te lleva a la perdición, en cambio la puerta estrecha es la de una vida de piedad y de fe, de honestidad en tu trabajo, del perdón que sana tus relaciones, la del sacrificio que sostiene a tu familia, la de la oración que fortalece tu espíritu, sí, es más exigente, pero conduce a la alegría y a la paz que nadie puede quitarte.
Hoy Jesús te pide dar un paso concreto, deja de vivir una fe cómoda, superficial, no te conformes con venir a misa sin dejar que el Evangelio transforme tus decisiones, abandona la tibieza, la doble vida, una religión sin compromiso, atrévete a cruzar la puerta estrecha del amor, del amor que es verdadero, del desprendimiento y de la caridad, no tengas miedo, Jesús mismo es la puerta y Él te acompaña en el camino.
Esta semana, haz dos compromisos sencillos pero que pasan por la puerta estrecha que exigen esfuerzo:
Uno, renuncia a un hábito egoísta que sabes que te esclaviza, aunque te cueste. Dos, haz un gesto concreto de amor sacrificado por alguien cercano, un perdón, un tiempo compartido, un servicio. Recuerda, la puerta estrecha no es un obstáculo, es la verdadera entrada a la vida eterna.
Esfuérzate en entrar por la puerta estrecha. Que estas palabras de Jesús resuenen en tu corazón y te impulsen a vivir con decisión, alegría y esperanza.
Feliz domingo, Dios te bendiga.


