La Sagrada Familia

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el Domingo de la fiesta de la Sagrada Familia.

Esta festividad la celebramos siempre el primer domingo después de la Navidad. Se nos ofrece un
pasaje evangélico que hace referencia a Jesús, María y José. Esta fiesta pudiera ser presentada con
mucha dulzura y regocijo, pero en este ciclo litúrgico A, Mateo nos abre una página de la familia de
Nazaret en pleno camino doloroso y de destierro; se trata de la huida a Egipto, ya que, Herodes quería
matar al niño. Recordemos que los Magos de Oriente regresaron a sus tierras por otro camino, por temor
a Herodes. Este mal ejemplo de Herodes nos deja claro que toda violencia es inútil: Para asegurarse de
la muerte del niño Jesús, mandó matar a los niños inocentes; y con esa acción, no consiguió prolongar
ni un solo día de su reinado.

Este Evangelio nos deja claro que la situación en Palestina nunca había sido fácil, estaban gobernados
por Herodes el grande; un personaje que tenía paranoia, amaba tanto el poder, que el nacimiento de un
niño lo metió en temor y lo buscaba para matarlo. Desató la violencia contra el inocente y consiguió que
fuera el exiliado, el desplazado más pequeño de la historia; ya que ningún menor había sido perseguido
por sí mismo. Jesús fue odiado desde muy temprana edad.

El Señor San José, obediente como siempre, hace lo que se le ordena en sueños; no encontramos
ninguna contrariedad, escucha en silencio y obedece poniéndose en camino rumbo a Egipto. Ese país
que en tiempos de Moisés se había encargado de esclavizar a los judíos; ahora es el lugar seguro, de asilo
político o de refugio para la Sagrada Familia por algún tiempo, hasta la muerte de Herodes. Dejar
Palestina implicaba dejar atrás el peligro provocado por Herodes; atravesar el desierto, era enfrentarse
a los estragos de la naturaleza; y llegar a Egipto, era enfrentar nuevos problemas: otro idioma, otras
costumbres, se carecía de herramientas para realizar el trabajo. Tuvo que llegar a alguna comunidad de
refugiados judíos. Quizá no fue mucho tiempo, y a la noticia de la muerte de Herodes, muchos judíos
regresaron a su tierra y entre ellos la Sagrada Familia. No regresaron a Belén, ya que allí reinaba
Arquelao, hijo del difunto e igualmente sanguinario; se fueron hasta Nazaret, un poblado de Galilea
apartado y donde reinaba Herodes Antipas, menos sanguinario, aunque pervertido en otros rubros; allí
la Sagrada Familia pasaría desapercibida.

El texto del Evangelio que hemos escuchado, nos lleva a pensar en dos realidades muy actuales:

1ª. Los Herodes actuales. Si analizamos bien nuestra sociedad actual, percibimos que los Herodes
se han multiplicado, basta que veamos a los partidos políticos, cómo existe un afán por el poder y
tiemblan sólo al pensar que el poder les sea arrebatado. Pelean su estatus con todos los medios: se
compran votos, se roban urnas, se tienden redes de espionaje, etc. y cuando llegan al poder cuántos de
ellos están no a favor de la vida, sino de la muerte, proponiendo y dando luces a favor del aborto. Herodes
persiguió al Inocente y mandó matar a los niños inocentes. Eso también lo vemos en el crimen
organizado, como defienden sus plazas, sus territorios, muestran su poderío, infunden miedo y temor
para que nadie se atreva a oponerse, y al que levanta la voz, lo persiguen y le quitan la vida. Herodes
quiso matar la verdad. En la actualidad se repiten tantas mentiras que muchos llegan a pensar que es la
verdad, y para quien cree en esas mentiras, la verdad ha muerto. Pero realmente la verdad no puede
morir, ni tampoco puede ser amordazada. Los Obispos de México dimos un comunicado en noviembre,
donde presentamos un análisis de nuestra realidad, seguimos alzando la voz en pro de la verdad, que es
la que nos dará la libertad porque el Maestro Jesús nos dice: “La verdad los hará libres”.

2ª. La migración. La experiencia del exilio que vivió la Sagrada Familia, es muy actual. Familias
completas han tenido que abandonar todo para emigrar y resguardar la vida; de un día para otro, se deja
todo por lo que se había luchado y se parte a un lugar, donde antes era seguro, los Estados Unidos de
Norteamérica en busca de un asilo político; pero ¿a dónde irán ahora los desplazados, si de aquel lugar
antaño seguro, ahora son expulsados con violencia?. Se emigra por la inseguridad y violencia; se emigra
por la falta de oportunidades; se emigra porque los altos impuestos oficiales y no oficiales, no permiten
que las familias puedan sostenerse de una manera digna.

¿Qué nos dice el Evangelio?:

1°- El exilio en Egipto fue por el niño. Muestra las dificultades que los papás sufren por sus hijos, los
cuidan de toda clase de peligros. En nuestros días, tantas familias que emigran son exiliadas, son
corridas de sus comunidades y tienen que enfrentarse a situaciones difíciles. Pero el amor de los
padres está por encima de todo bien material; así tenemos familias que dejan casa, tierras,
posesiones. Les digo a esas familias exiliadas, Jesús les comprende mejor que nadie, ya que Él vivió
el exilio, la Sagrada Familia los comprende. Consuela mucho saber que el momento de penuria que
vivió la Sagrada Familia, no la destruyó, sino que la unió más en el amor y en la absoluta confianza
en Dios.

2°- La solidaridad en las dificultades. Sin duda, aquellos que viven los desalojos son más solidarios. En
Egipto había comunidades judías que se habían reunido para conservar las costumbres, conservar la
fe. En nuestros días, tenemos familias unidas en el extranjero que unidas luchan por conservar sus
costumbres, su fe y sus esperanzas.

Hermanos, la familia entra en el proyecto de Dios, precisamente porque es la expresión más grande
del amor. Los rasgos a destacar para que la familia viva el proyecto humanizador de Dios son:

1°- El amor entre los esposos. El hogar está vivo cuando los padres saben quererse, apoyarse
mutuamente, compartir penas y alegrías, perdonarse, dialogar y confiar el uno en el otro. La familia se
empieza a deshumanizar cuando crece el egoísmo, las discusiones y malentendidos.

2°- Relación entre padres e hijos. Cuando padres e hijos viven enfrentados y sin apenas comunicación
alguna, la vida familiar se hace imposible, la alegría desaparece, todos sufren. La familia necesita un
clima de confianza mutua para pensar en el bien de todos.

3°- Atención a los más frágiles. Todos han de encontrar en su hogar acogida, apoyo y comprensión. Pero
la familia se hace más humana, sobre todo, cuando en ella se cuida con amor y cariño a los más pequeños,
cuando se quiere con respeto y paciencia a los mayores, cuando se atiende con solicitud a los enfermos
y discapacitados, cuando no se abandona a quien lo está pasando mal.

4°- Apertura a los necesitados. Una familia trabaja por un mundo más humano, cuando no se encierra
en sus problemas e intereses, sino que vive abierta a las necesidades de otras familias.

5°- Crecimiento de la fe. La familia es el mejor lugar para aprender a creer en ese Dios bueno, Padre de
todos; el mejor lugar para conocer el estilo de vida de Jesús; para descubrir la Buena Noticia; para rezar
juntos en torno a la mesa; para tomar parte en la vida de la comunidad de seguidores de Jesús. Las
familias cristianas están llamadas a ser una bendición para la sociedad.

Pensemos hermanos, ¿qué nos falta trabajar para que nuestra familia esté respondiendo al proyecto
salvífico de Dios?

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para
todos.

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Obispo de la Diócesis de Apatzingan