Celebramos hoy la Epifanía del Señor que significa “manifestación”. Así como el 24 de diciembre se manifiesta a unos pastores que representan al pueblo elegido de Israel; ahora se manifiesta a unos magos que vienen del oriente; esta visita de los magos es exclusiva del Evangelio de Sn. Mateo e ilumina el misterio de la identidad y misión de Jesús, su gran significado es que se manifiesta a toda la humanidad, se confirma el carácter universal de la salvación de Dios. A estos magos, la tradición los ha convertido en “reyes” y los ha contado en “tres”; les ha puesto colores en sus rostros y les ha puesto nombres. Se mencionan los “tres” regalos en que tienen un gran significado. En este pasaje Mateo anticipa lo que será el gran tema de su obra: la aceptación o el rechazo del Mesías. Las dos actitudes que se pueden tomar ante el Dios que se manifiesta. Los magos representan a quienes buscan sinceramente la verdad y la encuentran, salen de su comodidad, se dejan impresionar por el Misterio; no les importa la aventura y sus peligros. Herodes y los escribas en cambio encarnan la hostilidad de los poderosos que se sienten amenazados por el Reino de Dios, se asustan, se quedan en la sabiduría de biblioteca; en la comodidad, pero no salen a buscarle.
Tratemos dos temas importantes de este mensaje:
1°. La manifestación de Dios. Como podemos notar, es primero la iniciativa divina; los magos se ponen en camino, porque Dios se ha movido saliendo a su encuentro. Los pasos de Dios siempre se adelantan a los nuestros; primero surge la estrella y después se ponen en camino. Nosotros podemos encontrarlo, porque El ha salido a buscarnos.
Dios se manifiesta a unos magos de oriente a través de una estrella, les indica quién ha nacido. Aquella estrella los guía, pero no les soluciona los problemas del camino. Siempre imaginamos una estrella en el firmamento, pero pudo ser que se encendió una estrella en su interior e intuyeron el nacimiento de aquel Rey…
2°. La búsqueda del ser humano. Los magos, dejan lo que están haciendo y emprenden ese camino de búsqueda; un camino que no está exento de dificultades, de obstáculos; ellos representan a los buscadores; aquellos que miran el cielo y buscan señales. Aquellos que son capaces de tomar riesgos en su búsqueda. Los caminos no eran seguros, además, implicaba sacrificios, pero desean conocer al rey de los judíos. Inician una aventura; en medio de las inseguridades y sacrificios, un deseo arde en sus corazones: el de llegar a Jerusalén y participar de la gran fiesta en honor al rey de los judíos; pero al llegar encuentran ignorancia, apatía e indiferencia ante el acontecimiento. No hay desánimo, son buscadores y lo que se busca, se encuentra, siguen buscando. La estrella, los guía primero a Jerusalén donde investigando se enfrentan con una verdad fundamental: no basta con la ciencia ni con la razón para encontrar a Dios se necesita la Revelación, contenida en las Escrituras. Es significativo que estos sabios escuchen con atención a los escribas y actúen según lo que les dicen. A partir de ese momento su camino queda iluminado por la Palabra de Dios, más allá de los signos celestes; dejan Jerusalén y se dirigen a Belén impulsados por las Escrituras y de nuevo guiados por la estrella.
Hermanos cuidémonos de la actitud pasiva. Uno de los grandes peligros que corremos como cristianos es, que tengamos la actitud de aquellos personajes de Jerusalén (Herodes, escribas y sumos sacerdotes). Que conocían con exactitud el lugar donde nacería el Mesías, de qué estirpe sería; pero estaban acomodados en sus ocupaciones y funciones, así que no pudieron ir a averiguar… fueron signos pasivos, carente de experiencia. Fueron como esas señales en las carreteras que indican una curva pero que están estáticas sin conocer la curva.
La estrella cumple su función de signo, pero los hombres no queremos ser signos de Cristo. Los escribas y sumos sacerdotes dieron una respuesta doctrinal, teórica, quizá muy exacta, pero una respuesta fría; sin experiencia. Que hermoso hubiera sido escuchar de ellos “es verdad, nosotros ya hemos ido, hemos estado con él, si gustan podemos llevarlos a su casa”. El mundo espera más de los cristianos; no sólo que seamos indicadores, que señalemos a Cristo; el mundo necesita de personas con una experiencia de vida; la doctrina ha dejado de convencer, son necesarios testigos.
Jesucristo hoy como entonces tropieza con muchos Herodes a los cuales les molesta su presencia, quieren un reino a su antojo, sin más ética que el bienestar superfluo y particular con pensamiento único y sin más referencia que el puro y duro nikilismo, pragmatismo o humanismo. Desde el poder opresor sólo se puede crucificar a quien trae liberación
Hermanos, no nos quedemos sólo con que Dios se manifestó a unos desconocidos de oriente, esta fiesta debe llevarnos a una reflexión personal ¿Dios cómo se me ha manifestado a mí? Dios sigue saliendo a nuestro encuentro y desea que no estemos estáticos, seguros en nuestros privilegios, desea que caminemos a su encuentro y que sepamos que ese camino no está exento de dificultades y desánimos; caminar al encuentro de Dios implica sacrificios y esfuerzos. Caminemos hacia esa experiencia con Jesús. Evitemos la pasividad, la comodidad, la doctrina fría y rutinaria. Jesús está vivo y desea que tengamos una experiencia de vida con él, para así ser signos para los demás.
Recordemos lo que nos dice Jesús en el Sermón de la Montaña: “ustedes son la luz de mundo” y hemos de estar sobre el candelero para alumbrar a los de la casa. Cuando Dios se nos manifiesta y lo acogemos con alegría, se transforman nuestros pensamientos, cambian nuestros caminos, se iluminan nuestros proyectos y se realizan nuestros sueños.
Hermanos creo que la Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas, que actúa en todos y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y diversidad del mundo actual, es decir Cristo es la Epifanía de la misericordia Divina para nosotros y para todos los pueblos. Que Cristo sea nuestra Epifanía y que nosotros mismos seamos Epifanía de Cristo para todos los que nos rodean. ¿Qué obstáculos debemos superar para ser Epifanía de Cristo para los demás?
¡Deseo para todos ustedes un bendecido y feliz Año Nuevo 2026!
Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.


