La comunidad cristiana

Habacuc 1,2-3; 2,2-4 Salmo 94 2Timoteo 1,6-8.13-14 Lucas 17,5-10

Los diez versículos iniciales del capítulo diecisiete, de san Lucas, van dirigidos especialmente a las relaciones de los creyentes dentro de las comunidades. El capítulo se inicia con estas palabras: “dijo -JESÚS- a sus discípulos…”(Cf. Lc 17,1). El evangelio que se proclama este domingo comprende el texto entre el versículo cinco y el diez; y es bueno, para una mejor comprensión tener en cuenta el resto de versículos que motivan la enseñanza a los discípulos. Cuatro temas tienen que ver con la buena marcha de las distintas comunidades: el escándalo, el perdón, la Fe y el servicio. Las dos cuestiones iniciales no se abordan en el evangelio de hoy, pero en la doctrina del Nuevo Testamento tienen una gran importancia. El escándalo a los pequeños, no sólo es atribuible a los niños, sino a todos los que están dando los primeros pasos en el camino de Fe. El escándalo hiere espiritualmente hasta el punto de paralizar el crecimiento en la Fe, de la persona que comprueba la incoherencia grave del que se le muestra como autoridad en la enseñanza, sin embargo su vida o testimonio no están en línea con lo que propone. San Pablo en la primera carta a Timoteo insiste en que el obispo y el diácono sean ejemplares en su conducta y mantengan el orden y decoro dentro de sus propias familias, dando así prueba de que serán capaces de ponerse al frente de las comunidades (Cf. 1Tm 3,1-5). Cada hermano de la comunidad debe aparecer como un verdadero protector y guía de los que llegan a la comunidad. Sin exagerar responsabilidades, san Pablo en la primera carta a los Corintios advierte sobre el cuidado a tener con los nuevos hermanos sobre la carne que ha sido ofrecida a los ídolos y se vende en los mercados. El cristiano no debe poner reservas a lo que se vende en el mercado, pero sin un hermano advierte que aquella carne ha sido sacrificada a los ídolos, por razón de la Fe del hermano se ha de abstener en su compra y en el consumo de la misma (Cf. 1Cor 8,13). El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta los motivos que dieron lugar al Concilio de Jerusalén (Cf. Hch 15). La cosa se desencadenó, en las comunidades de Antioquía de Siria, las prescripciones en las comidas que regían en el Judaísmo algunos recién convertidos las querían mantener, obligando también a los gentiles convertidos, incluso para estos exigían la circuncisión y el paso por el cumplimiento previo de la Ley. Muchas sensibilidades fueron heridas, pero no quedaba otro camino, incluso se habla de un cierto enfrentamiento inicial entre Pedro y Pablo por este motivo (Cf. Gal 2,11-13). Todo aquello provocó agrias disputas, hasta el punto de tener que elevar las controversias a las más altas instancias de la Iglesia: Pedro y algunos Apóstoles, junto con Santiago el jefe de la Iglesia en Jerusalén y el grupo de presbíteros. No es fácil delimitar en ocasiones el verdadero escándalo del falso escándalo. Sobre JESÚS también recayó la acusación del escándalo, pues los de alrededor no aceptaban que habiendo ejercido como carpintero, de repente apareciese predicando, enseñando y haciendo milagros, prodigios y curaciones (Cf. Lc 4,14ss; Mt 26,31). JESÚS es el modelo perfecto en quien todo hombre debe mirarse para llevar a plenitud la realización personal. ÉL dice en san Juan. “¿quién puede argüir de pecado contra MÍ? (Cf. Jn 8,46). JESÚS no es un modelo fallido, sin embargo no todos los corazones lo aceptaron y acogieron. La obra y enseñanza de JESÚS llega a los hombres por la Iglesia con sus luces y sombras. La Iglesia es santa, al tiempo que es una, católica y apostólica. No todos los componentes o miembros de la Iglesia somos santos, pero podemos vivir procesos de santificación, porque la Iglesia distribuye la Gracia que santifica y transforma el alma de cada uno de sus hijos. Por tanto, admitimos dentro de la Iglesia la presencia de pecadores, porque todos nos encontramos en el proceso de transformación en la acción del ESPÍRITU SANTO. Hay escándalos en la Iglesia y siempre serán muchos más de los deseables, pero es el precio a pagar por la debilidad de la condición humana. Hará muy mal quien rechace a JESUCRISTO o su Iglesia por los graves pecados de la misma, pues no encontrará en otro lugar la fuente del ESPÍRITU SANTO.

El perdón

JESÚS conoce a los hombres, y sabe el lugar que ocupa el pecado en el corazón de los mortales. En su momento el profeta Jeremías escribió: “nada más falso y enfermo que el corazón del hombre” (Cf. Jr 17,9). JESÚS sabía desde el primer momento el objeto principal de su misión entre nosotros: proclamar el Reino de DIOS y reducir hasta llegar a suprimir el reinado de Satanás o del pecado en medio de los hombres. El Bautista no se equivocó cuando identificó a JESÚS: “este es el CORDERO de DIOS que quita el pecado del mundo” (Cf. Jn 1,29), JESÚS es observado por las autoridades religiosas y puesto bajo sospecha desde el inicio de su ministerio público por perdonar los pecados, como refleja el caso del paralítico llevado a JESÚS por sus cuatro amigos (Cf. Mc 2,3). La expresión de aquellos fue, “¿quién es este que perdona pecados? Sólo DIOS puede perdonar pecados” (Cf. Mc 2,6-7). El perdón de DIOS devuelve la condición de nueva criatura y sólo DIOS puede rehacer por el perdón, lo que el pecado destruyó. El perdón de DIOS es curación espiritual, al mismo tiempo que se obtiene la absolución jurídica. Cuando le pedimos perdón, DIOS nos absuelve o reconcilia con ÉL y reintegra en la Comunión de los Santos. JESÚS perdona los pecados porque es DIOS. Los ojos y oídos de las autoridades del Templo llegaban hasta la Galilea, y JESÚS lo sabía perfectamente y sus pasos por la Galilea no dejaron de estar vigilados. Pero la tarea era urgente y necesaria para la causa de DIOS. En el futuro las comunidades cristianas tendrían que extender el radio de la Divina Misericordia, dando el perdón de los pecados a todos los que mostrasen un corazón arrepentido. La forma del perdón sacramental fue evolucionando desde los orígenes hasta nuestros días, pero el fondo del perdón es el mismo. Hay quien opina que la poca importancia que se atribuye al Sacramento de la Penitencia viene en parte por la falta de hábito de pedir perdón al hermano por la ofensa realizada. El hermano puede pecar una o varias veces, pero si pide perdón debe ser perdonado al instante: “cuidaos de vosotros mismos. Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo “me arrepiento”, lo perdonarás” (3-4). Era JESÚS quien perdonaba los pecados, y ahora JESÚS se convierte en la fuente de la Divina Misericordia por la que los propios hermanos pueden ser una gracia especial de curación para otros hermanos. San Mateo también reitera la importancia del perdón de los pecados para la clara conciencia dentro del camino de perfección cristiana. Este texto de san Lucas remite el perdón al previo arrepentimiento: “si tu hermano peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve arrepentido, lo perdonarás” (Cf. Lc 17,4b). La comunidad de hermanos y cada uno en particular tienen capacidad de otorgar el perdón con un carácter sanador y restaurador, tanto en lo moral como espiritualmente. Santiago dice en su carta: “confesaos los pecados unos a otros y orad unos por otros” (Cf. St 5,16). La oración del justo es muy poderosa y posee gran capacidad de intercesión. Entendamos que justo es aquel que además de un comportamiento coherente es revestido de la Justicia de DIOS. Este es el caso del ministro ordenado que puede extender la absolución de los pecados a todos los que se arrepienten, pues está revestido de la Divina Justicia para los hermanos en representación del SEÑOR y de la comunidad de hermanos. Puede ser que la penitencia dada por el confesor al penitente sea un acto de reparación hacia el hermano por el daño realizado.

Los tiempos de Habacuc

La profecía de Habacuc se considera que corresponde al periodo que va del seiscientos cinco al quinientos noventa y siete (a.C.). Los datos disponibles son escasos, pues se limitan a los tres capítulos de su profecía, que consta de un oráculo, una visión y un himno. El profeta recibe la orden de recoger en tablillas la profecía (Cf Ha 2,2). El oráculo del SEÑOR viene dado en la visión (Cf. Ha 1,1) y se refiere a la invasión caldea con el rey Nabuconodosor a la cabeza. El profeta se extraña y lamenta que el SEÑOR vaya a permitir a un pueblo de costumbres más reprobables que el propio Israel, hacer justicia sobre el Pueblo elegido (Cf. Ha 1,13). Son tiempos de gran tribulación y purificación, “en los que el justo vivirá por su Fe” (Cf. Ha 2,4). Habacuc participa de las expresiones de los profetas que hablan del “Día de YAHVEH” y se sirve de la profecía que describe el ímpetu de la invasión extranjera con la acción divina narrada también con imágenes bélicas: “en la ira acuérdate de tener compasión. Su fulgor es como la luz, y rayos tienen que salir de su mano delante de ÉL marcha la peste… Hace temblar la tierra y estremece a las naciones…” (Cf. Ha 3,3-6). Pero el SEÑOR sale a salvar a su Pueblo y a salvar a su ungido (Cf. Ha 3,13). Ante la calamidad que se avecina el profeta es un hombre justo que vive por su Fe: “yo en YAHVEH exultaré y me regocijaré en el DIOS de mi salvación. YAHVEH es mi fuerza y me da pies de ciervo y por las alturas me hace caminar” (Cf. Ha 3,18-19). A pesar de todos los reveses y grandes tragedias a lo largo de la historia, sin embargo todas las profecías recogidas en la Biblia tienen un final de éxito, porque la profecía se dirige a los tiempos del UNGIDO -MESÍAS o CRISTO-. Pese a lo desconcertante del momento presente, el profeta participa de la revelación del Designio Eterno de DIOS sobre el hombre y la humanidad en su conjunto. Habacuc no es menos en el sentido señalado y es testimonio de hombre justo que sabe vivir de la Fe en tiempos recios. El profeta está seguro en lo que DIOS va a realizar, y de alguna manera lo que va a suceder comienza a producirse en su misma época histórica, de ahí que la derrota del Pueblo elegido sea parcial y pasajera. El Pueblo volverá a resurgir de la mano de YAHVEH y lo hará con nuevas energías. En el Apocalipsis se dice que al enemigo de la humanidad le queda poco tiempo (Cf. Ap 12,12); y se afana con ocasionar el mayor caos y destrucción posible mediante los instrumentos humanos que están dispuestos a moverse como marionetas. El daño por el daño, el mal por el mal, resulta absurdo a las personas de buena voluntad; pero tal absurdo existe y se hace especialmente notorio en determinados momentos de la historia. Habacuc conoció uno de esos tiempos de caos y destrucción, en los que para algunas personas todo terminaba en este mundo; y otras lamentaban que no hubiese terminado, porque el sufrimiento se hacía insoportable. En las guerras todo se puede perder en un instante, o la pérdida avanza de forma lenta y sádica burlándose de su víctima.

Oración en la noche oscura

“¿Hasta cuándo, YAHVEH pediré auxilio, sin que TÚ escuches, clamaré a ti violencia, sin que TÚ nos salves? (Cf. Ha 2,2) Las visiones del profeta sobre la destrucción de Jerusalén y del Templo lo conmovían profundamente; por otra parte, tal es siempre la intención del SEÑOR a la hora de mostrar esas escenas a los grandes profetas, que son grandes intercesores por el Pueblo, y DIOS los busca. La experiencia tiene partes desagradables, porque el profeta se encuentra dentro del drama de los hechos y se le da a conocer la magnitud del desastre que sopesa en su espíritu. Esta visión profética no es la mirada placentera de un paisaje que se aprecia a distancia y perspectiva de forma gratificante. Después de contemplar un panorama desolador, el profeta recurre a la oración de petición o intercesión por el Pueblo, pero DIOS da la impresión de no escuchar; más aún, el clamor del profeta parece caer en el vacío. No es rara esta experiencia en los creyentes que nos acogemos a la oración como primero o último recurso según el caso. La súplica ardiente del creyente no siempre es atendida de inmediato, porque “el justo ha de vivir por su Fe” (Cf. Ha 2,4). Nunca debemos olvidar la perspectiva cristológica en la lectura del Antiguo Testamento, y tenemos que recordar en este punto la misteriosa soledad de JESÚS en la Cruz, que está realizando la oración sacerdotal cumbre: “DIOS mío, DIOS mío, ¿por qué me has abandonado?” (Cf. Mc 15,34).

El mal nos desconcierta

“¿Por qué me haces ver la iniquidad? Ante mí rapiña e iniquidad; querella y discordia se suscitan” (Cf. Ha 1,3). Habacuc demuestra tener lo mismo que Jeremías un espíritu muy sensible que se duele hondamente por los males que percibe a su alrededor. Al profeta le hiere la violencia y le hace daño la maldad que contempla. Precisamente estos espíritus son los más idóneos para una intercesión efectiva, pues participan de los genuinos sentimientos de DIOS. Esta expresión para una concepción griega de DIOS no es muy afortunada, pero cabe dentro del canon del Nuevo Testamento, cuando nos dice san Pablo: “tened entre vosotros los sentimientos de CRISTO” (Cf. Flp 2,5). Los sentimientos de DIOS se humanizan en su HIJO sin perder nada de la específica naturaleza divina. Esta es una de las peculiaridades y grandezas de la Encarnación y del DIOS de los cristianos. Habacuc “lucha con DIOS” como los grandes santos de la Biblia para arrancarle un don o gracia en beneficio del Pueblo. Pobres de nosotros -la humanidad- si nos faltasen alguna vez los intercesores como Habacuc.

Tablillas de barro

Del barro DIOS modeló al hombre (Cf. Gen 2,7), pues en el barro de la tierra se compendian gran cantidad de elementos y el hombre viene a ser la cumbre de lo más perfecto que hay sobre la tierra. Las tablillas en las que la Palabra de la Vida se escribe es un recuerdo también de la naturaleza del hombre creado por DIOS que está dentro del proyecto Divino. “Dijo el SEÑOR: escribe la visión, ponla clara en tablillas para que se lea de corrido” (Cf. Ha 2,2). El primer capítulo de esta profecía ofrece la visión que DIOS da al profeta Habacuc de la invasión de los caldeos y el profeta toma parte activa en esta visión, mostrando su punto de vista en un tenso diálogo con DIOS; pero el profeta espera una palabra del SEÑOR y no sólo que le muestre las imágenes sobrecogedoras del porvenir inmediato. Habacuc es un hombre de DIOS, conoce su modo de proceder y se entiende con ÉL. Para el profeta, DIOS resulta íntimo y mantiene una confianza incondicional, y espera una palabra: “En mi puesto de guardia me pondré, me plantaré en mi muro para ver lo que ÉL me dice, lo que responde a mi querella” (Cf. Ha 2,1). Las oraciones y relaciones de los grandes santos y profetas de la Biblia con DIOS no son apacibles éxtasis que los aísle de toda perturbación, en ocasiones como la presente parece todo lo contrario: DIOS muestra al profeta la lucha que en el mundo se va a producir, en la que de una u otra forma tiene que tomar partido. El profeta se mantiene a la espera de una palabra como el vigía de la muralla que rodea la ciudad que se mantiene despierto en la noche.

La visión se cumplirá

Uno de los crisoles de la Fe es el tiempo. La Fe se ha de convertir en confianza incondicional. Una vez establecido “el qué” queda por resolver “el cuándo”, y DIOS no atiende a los requerimientos humanos que enfatizan la exigencia del momento preciso. A veces pareciera que las profecías dadas están propuestas y no se cumplen nunca, pero una lectura detenida de las mismas nos ayuda a comprender que su verificación se está produciendo. Dice el SEÑOR al profeta: “la visión tiene un plazo, jadea hacia la meta, no fallará; aunque tarde, espérala, que ha de llegar sin retraso” (Cf. Ha 2,3). La profecía se cumple en este instante, porque la acción de DIOS no cesa y siempre es redentora; pero al mismo tiempo la visión tiene un punto de máxima revelación, que va más allá del tiempo presente y de la vida del propio profeta. Este comportamiento por parte de DIOS es el que encontramos en el Evangelio cuando de fijar tiempos se trata. DIOS sostiene la vida de los hombres en el presente y tiene en su Divina Providencia el futuro. Nosotros, por otra parte, habremos de mantenernos firmes en la Esperanza del cumplimiento próximo y futuro de la Palabra dada por DIOS.

Fidelidad y confianza en DIOS

“Sucumbe quien no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su Fe” (Cf. Ha 2,4). Las grandes visiones al profeta no lo disculpan de la Fe y la Esperanza. También él tiene que recorrer el camino de la incertidumbre, pues la Fe debe ser purificada. La certeza de la Fe no se puede asentar en una convicción personal inamovible y tendente al engreimiento, sino que la Fe se convertirá en la certeza sobre la fidelidad de DIOS, que cumple su Palabra cuando ÉL lo considera más apropiado y beneficioso para sus hijos. DIOS nos revela “el qué”, pero se reserva “el cuándo” y “el cómo”.

Mejorar la petición

Después de escuchar a JESÚS sobre el escándalo y el perdón a los hermanos, los Apóstoles formulan una petición que versa sobre la Fe. La tarea que tienen por delante es difícil y sienten que han de ser fortalecidos interiormente para aparecer como ejemplos de seguidores del MAESTRO, y personas con la fortaleza interior suficiente, que los dispongan a perdonar a los hermanos de forma incondicional. “MAESTRO auméntanos la Fe” es una de las peticiones que seguimos haciendo, pero JESÚS en este pasaje hace algún matiz. El padre del muchacho epiléptico también le dice a JESÚS. “creo, pero aumenta mi Fe” (Cf. Mc 9,23). Aquel padre desesperado intuía que la Fe era un poderoso recurso para superar la enfermedad y seguir luchando por sobrevivir. Los Apóstoles habían presenciado numerosos encuentros con personas a las que se les dijo, “tu Fe te ha salvado” (Cf. Lc 7,50). Los Apóstoles escucharon muchas enseñanzas y predicaciones de JESÚS, lo estaban siguiendo y su camino no tenía un fácil retorno: “¿Dónde vamos a ir? TÚ tienes palabras de Vida Eterna; y nosotros creemos y sabemos que TÚ eres el HIJO de DIOS” (Cf. Jn 6,63). JESÚS se había pronunciado con anticipación sobre la EUCARISTÍA y la perplejidad también se había hecho presa de ellos, pero así todo tuvo más peso el Amor y la confianza en el MAESTRO y siguieron a su lado. Ahora en la Subida a Jerusalén el horizonte se volvía de tonos grisáceos por momentos y la Fe debía robustecerse. A la petición de los Apóstoles, JESÚS responderá con dos parábolas: la del grano de mostaza y la del siervo incondicional. Todavía san Lucas aportará de sus propias fuentes una parábola en el capítulo dieciocho, en la que ejemplificará que la Fe debe curtirse en la perseverancia, pues muchas veces al creyente le parecerá que su oración es una llamada a la puerta de un juez insensible, que no atiende a los más elementales requerimientos del pobre menesteroso (Cf. Lc 18,1ss). A la Fe cristiana no le basta creer en DIOS, pues según el criterio de la filosofía todas las religiones creen en DIOS en último término. Lo específico y único de la Fe cristiana es creer que JESUCRISTO es DIOS y hombre sin confusión ni mezcla de naturalezas; que es nuestro SALVADOR y el único por el que llegamos a la Vida Eterna contemplando para siempre a la santísima TRINIDAD. Estos últimos términos de la cuestión recogidos en el Credo son fundamentales y aportan rasgos específicos a la Fe cristiana. No se trata, por tanto, de una mayor o menor cantidad de Fe, sino de perfilar la Fe que es verdadera. ¿Qué están pidiendo los Apóstoles, una Fe teológica o una Fe carismática; una Fe verdadera que responda a quién es JESÚS, o una Fe poderosa que desencadene fuerzas extraordinarias; una Fe para la adoración o una Fe para el convencimiento subjetivo y personal? Los aspectos señalados no se excluyen, pero deben tenerse en cuenta para ordenarlos y dar prioridad. La respuesta de Pedro al final del discurso sobre el PAN de VIDA debe estar en primer lugar: “nosotros creemos y sabemos que TÚ eres el HIJO de DIOS” (Cf. Jn 6,69). Nuestra Fe cristiana será más genuina, en la medida que reconozca lo que san Pablo dice a Timoteo: “te recomiendo en la presencia de DIOS que da vida a todas las cosas, y de JESUCRISTO que ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio, que conserves el mandato sin mancha ni culpa hasta la manifestación de nuestro SEÑOR JESUCRISTO manifestación que a su tiempo hará el bienaventurado y hará el único SOBERANO, el REY de reyes, y el SEÑOR de señores, el único que posee inmortalidad, que habita en una Luz inaccesible, al que no ha visto ningún ser humano ni lo puede ver. A ÉL la gloria y el poder siempre. Amén.” (Cf. 1Tm 6,13-16). JESUCRISTO vive ahora en una Luz inaccesible junto al PADRE, tras el paso por la muerte en Cruz en sentencia del tribunal romano presido por Pilato.

La cualidad de la Fe

“JESÚS respondió: si tuvierais Fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro, arráncate y plántate en el mar, y os habría obedecido” (v.6). JESÚS viene a decirles que no se trata de cantidad de Fe, sino de la cualidad que posea la Fe vigente en el corazón. El criterio de cantidad pertenece a la contabilidad de los hombres, pero DIOS tiene en cuenta la santidad, la rectitud de intención y la Caridad con las que las obras son realizadas. JESÚS ejemplifica la cuestión con la más pequeña semilla, la del grano de mostaza. Para que la planta de mostaza germine, crezca y se haga un arbusto donde algunos pajarillos puedan hacer sus nidos, sólo tiene que mantener la estructura interna adecuada y aparecerá la mostaza sin dificultad alguna. Puede llevar toda la vida en este mundo el perfeccionar la teología de la Fe: ¿qué es lo que creemos realmente? ¿Se ajusta nuestra Fe al Credo que profesamos en la Santa Misa? En los últimos domingos venimos retornando una y otra vez, al asunto de la Fe con la intención de marcar las pautas del contenido adecuado. En la actualidad, de modo especial, tienen gran incidencia las corrientes, que de una u otra forma, devalúan la persona de JESUCRISTO, haciéndole perder el lugar que debe ocupar en nuestro corazón, en la familia, la Iglesia y el mundo. Sí, JESÚS de Nazaret es el SEÑOR de la historia. JESÚS es REY de reyes, y SEÑOR de señores” (Cf. Ap 19,16). No es fácil devolver a JESÚS de Nazaret el rango propio en los distintos ámbitos de la actividad humana, dado el arrianismo imperante. Arrio en su día arrastró a muchos a despojar a JESÚS de su condición de Segunda Persona de la TRINIDAD. El esclarecimiento teológico de la Fe traerá consigo una manifestación carismática de la misma. El ESPÍRITU SANTO hará prodigios, signos y milagros por la Fe que se manifieste con la cualidad de un auténtico grano de mostaza. En algún momento el creyente comprobará que hay sicómoros que arrancados de raíz van a parar al mar. El sicómoro está relacionado con el profeta Amós, que cultivaba los higos que producía y consumían las personas del pueblo llano. Muchas raíces arraigadas pueden ser arrancadas por una palabra de Fe ungida por el ESPÍRITU SANTO. Un vicio, una dependencia esclavizante, un complejo invencible, una depresión espiritual, pueden resolverse por la palabra poderosa de alguien que en Fe invoca el Poder de JESÚS para sanar y liberar. Los Apóstoles están llamados a protagonizar esas manifestaciones del Poder de DIOS en medio del Pueblo al que son enviados. Una Fe poderosa es la ruina del reino de Satanás que paso a paso tiene que ser arrancado de raíz y echado en el mar de donde ya no saldrá.

La parábola del dueño exigente

“¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando, y cuando regresa del campo le dice: pasa al momento y ponte a la mesa?, ¿No le dirá mas bien, prepárame algo para cenar y cíñete para servirme, hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú? ¿A caso tiene que agradecer al siervo, porque hizo lo que le fue mandado? De igual manera vosotros, después que hayáis hecho todo lo que se os ha mandado decid: somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hacer” (v.7-10). JESÚS propone esta parábola para enseñarnos que hemos de buscar la identificación con el siervo fiel, abnegado y obediente, que concluye: soy un inútil siervo y he realizado lo que tenía que hacer. Nada de elogios o parabienes; nada de aplausos y halagos. El Apóstol camina por la senda del desprendimiento del ego, y busca en todo momento la Gloria para el SEÑOR. Es verdad que en distintos lugares, JESÚS propone que busquemos en ÉL el descanso espiritual, la Paz o la consolación, pero también están los tiempos recios, o las travesías por el desierto, que no ofrece otra cosa que el camino para avanzar, pues detenerse puede suponer la muerte. Van acercándose a Jerusalén y el discurso del MAESTRO crece en gravedad justificada. Los Apóstoles están a punto de tomar el relevo en la misión a tiempo completo. El tiempo en el que NOVIO ha estado con ellos se termina (Cf. Mc 2,19-20). Pronto el NOVIO faltará y las oraciones, vigilias y ayunos se intensificarán. Veinticuatro horas es la disponibilidad diaria del verdadero Apóstol para la misión que se le encomienda. Las comunidades miran al Apóstol que está al frente de ellas. El Apóstol está presente en la persona del obispo, el presbítero o el diácono. Las comunidades están formadas por hombres y no por Ángeles. Los cristianos no tenemos garantizada la impecabilidad en el comportamiento, y de hecho frivolizamos con demasiada frecuencia dando lugar a los excesos que pueden terminar en escándalo. Alguien, entonces, tiene que verse capacitado para restablecer el orden debido que haga viable la vida de la comunidad. Una vez resueltos los inconvenientes tampoco es el momento de buscar el aplauso o procurase medallas, sino que llega el tiempo de la adoración, y si es necesario del arrepentimiento y el perdón. Esta parábola del siervo inútil debemos relacionarla con lo dicho en cuanto a la Fe, que en el Apóstol debe llegar a la condición de Fe carismática. Tampoco el Apóstol está preservado totalmente de la vanagloria. Debiera resonar con frecuencia la advertencia: guardaos de la vanagloria. Cada persona deberá saber de lo que ha de guardarse. Dos tipos de actividad se mencionan en la parábola: cultivador de la tierra y pastor, que eran las dos grandes tareas en aquel tiempo. El siervo debe saber que además de las tareas encomendadas por el dueño de la casa, tiene prioridad las dedicadas específicamente al dueño mismo. Cuando el siervo llega de realizar toda la tarea, todavía le resta atender personalmente al señor de la casa. La Fe teológica es la que jerarquiza las verdades; lo mismo que el siervo pone el orden debido en las tareas a realizar. El siervo llega tarde, al anochecer, entre dos luces para cenar. El orden es sencillo: primero está el señor de la casa y después el resto. Lo mismo sucede en la vida cristiana: primero está DIOS y después todo el resto. El siervo pudo llegar cansado o contento, con mucho ánimo para el día siguiente o cansado de los inconvenientes encontrados. Lo mismo que el evangelizador no encuentra los mismos resultados todos los días, y no se le pregunta por ellos. Es probable que el dueño le pregunte alguna cosa mientras le sirve la cena o cuando él mismo cene y repare sus fuerzas. Al fin y al cabo, al dueño le interesa saber cómo van las cosas de su hacienda. El siervo también puede necesitar sugerencias para mejorar su trabajo. Estas consideraciones forman parte del supuesto diálogo dentro de la oración que alimenta la Fe de modo especial.

San Pablo, segunda carta a Timoteo 1,6-8,13-14

Es muy probable que esta segunda carta a Timoteo fuera escrita por san Pablo en el tiempo de la segunda prisión en Roma, hacia el año sesenta y tres. San Pablo motiva a Timoteo para que siga sus pasos en cuanto, heraldo, apóstol y maestro del Evangelio, y le encarga encarecidamente que custodie el depósito de la Fe para transmitirlo a las generaciones venideras. De nuevo aparece aquí la especial consideración que san Pablo dispensaba a Timoteo. Aunque san Pablo prevé su final, le dice a Timoteo que vaya a Roma antes del invierno, dado que entre los meses de noviembre y marzo no se navegaba por el Mediterráneo.

Carisma recibido

“Te pido -dice san Pablo- que reavives el carisma que está en ti y recibiste por la imposición de mis manos” (v.6). Timoteo era obispo de Éfeso por designación de san Pablo que le confirió el ministerio episcopal. Pronto las comunidades empezaron a mantener una organización gracias al ministerio ordenado de obispos, presbíteros y diáconos, que tenían la misión especial de velar y transmitir el depósito de la Fe. Las personas responsables de la comunidad pasarán, pero una generación ha de transmitir a la siguiente el depósito completo de la Fe recibida de nuestro SEÑOR JESUCRISTO. Esta encomienda sigue vigente, y lo estará hasta el fin de los tiempos. Es aleccionador en tiempos más recientes como la Fe auténtica se transmitió en países asiáticos como Corea o Vietnam, a partir de algunos testimonios de laicos que pudieron leer algunos escritos de Mateo Ricci, misionero jesuita, en el siglo dieciséis, en China. La continuidad del depósito de la Fe cuenta con los hombres, pero está en manos del mismo ESPÍRITU SANTO, que preserva la autenticidad del mismo. Otro ejemplo es la trasmisión de la Fe en el caso de los bautizados en la evangelización de la India por san Francisco Javier, que multiplicaban entre los suyos la enseñanza del Credo aprendido. Es la viva imagen de la llama que se multiplica por todo el templo partiendo del cirio pascual encendido.

Valentía evangélica

“No nos dio a nosotros el SEÑOR un ESPÍRITU de timidez, sino de Fortaleza, Caridad y de Templanza” (v.7) La evangelización es un auténtico combate espiritual, para el que las solas fuerzas humanas no son suficientes; pero con la asistencia del SEÑOR es posible que prevalezca su Palabra y su acción sea reconocida. Desde el comienzo de la evangelización, el número de misioneros destinados a difundir la Palabra no fue numeroso, pero el “resto” designado fue manteniendo la antorcha de la Fe a lo largo de los siglos. Hubo épocas con un cierto florecimiento de la Fe, pero analizando y viendo los tiempos nunca han faltado persecuciones abiertas a los cristianos por defender la Fe. Timidez, miedo, apocamiento, pusilanimidad, forman parte de la mediocridad que no es compatible con la Fortaleza, la Caridad y la Templanza, que el ESPÍRITU SANTO ha de renovar permanentemente en nuestras vidas. En nuestro tiempo el depósito de la Fe ha de ser descubierto por un buen número de bautizados, que participan del alto nivel de confusión ambiental, permanentemente alimentado por los medios de comunicación. Hace pocas décadas algo era cierto porque lo había dicho la televisión. Para muchos la cosa no ha variado, y en el caso de otros el panorama es más oscuro, pues no sólo la televisión está al servicio de la confusión, sino la mayoría de las redes sociales que pueblan internet. El instrumento que formatea la mente de la mayoría de las personas se lleva en el bolsillo con toda complacencia, y los grandes poderes hegemónicos contribuyen a cronificar la adicción. La evangelización hoy es la lucha de David contra Goliat, en la que David sigue apareciendo a combatir en el Nombre de DIOS, y Goliat trae consigo todas las armas de la tecnología, que no son pocas ni inocuas.

Al joven Timoteo

“No te avergüences, pues, del testimonio que has de dar de nuestro SEÑOR, ni de mí su prisionero, sino al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio ayudado por la fuerza de DIOS, que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por su Gracia que nos dio desde toda la eternidad en CRISTO JESÚS” (v.8-9). San Pablo expone todo el alcance y fundamento de la vocación de Timoteo, que fue actualizado por la imposición de manos. Como heraldo de CRISTO y su Evangelio, san Pablo pide a Timoteo que no omita este reconocimiento cuando sea necesario ponerlo de relieve.  San Pablo avala la actuación y presidencia de las comunidades en Éfeso por parte de Timoteo, y éste no puede renunciar en manera alguna a acreditarse en su designación y nombramiento en la persona misma de san Pablo. Pero el Apóstol acentúa que la corresponsabilidad sea el resultado en la comunión con los padecimientos de CRISTO, que el propio san Pablo lleva por el Evangelio. La Iglesia de Éfeso es apostólica, y san Pablo es su máximo representante en el Nombre del SEÑOR. Por pura Gracia, desde toda la eternidad, la vocación de san Pablo y Timoteo estaban escondidas en DIOS, en el misterio de su Plan de Redención. Por tanto, la vocación recibida no se debe a las obras realizadas por ellos, sino que sólo el Amor de DIOS puede dar razón suficiente del hecho.

La enseñanza al discípulo

“Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la Fe y en la Caridad de CRISTO JESÚS” (v.13). El depósito de la Fe comprende la Biblia y de modo especial el Nuevo Testamento. Entre los escritos recogidos las cartas atribuidas a san Pablo tienen un lugar de máxima importancia.  Desde el primer momento las cartas de san Pablo son tomadas como una referencia por la Revelación que encierran de modo similar a los escritos de los profetas del Antiguo Testamento.  En ese sentido se manifiesta la segunda carta de Pedro: “la paciencia de DIOS júzgala como salvación, como os lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada. Lo escribe también en todas las cartas cuando habla de ello en estas, aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan retorcidamente como también las demás Escrituras para su propia perdición” (Cf. 2Pe 3,15-16).  Este es un modelo de intertextualidad entre las máximas autoridades de la Iglesia en los orígenes. Los escritos de san Pablo eran conocidos y formaban parte del fundamento doctrinal, no sólo de las comunidades paulinas, sino también de las fundadas por el resto de los Apóstoles.  San Pablo no se consideraba a sí mismo como alguien especialmente erudito, pero tenía una clara conciencia de la Sabiduría que el ESPÍRITU SANTO le proporcionaba en provecho también de los que le eran “encomendados” mi palabra y predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría humana, sino que fueron una demostración del ESPÍRITU y del Poder, para que vuestra Fe no se fundamentase en sabiduría de hombres, sino en el Poder de DIOS” (Cf. 1Cor 2,4-5). San Pablo en determinado momento transmite una tradición recibida como en el caso de la institución de la EUCARISTÍA (Cf. 1Cor 11,17ss); o de los encuentros con el RESUCITADO (Cf. 1Cor 15,1ss). Sobre el celibato dice que no tiene mandato del SEÑOR, pero no omite su opinión como hombre de espíritu que es (Cf. 1Cor 7,25). Timoteo tuvo el gran privilegio de recibir enseñanzas directas del Apóstol que le están sirviendo de pautas seguras para su ministerio apostólico.

La Iglesia garante de la Fe

“Conserva el buen depósito mediante el ESPÍRITU SANTO que habita en nosotros” (v.14) Timoteo es representante de la Iglesia, que en aquel momento peregrina en Éfeso bajo su presidencia y dirección. En aquel momento Timoteo es el ángel o enviado a la Iglesia que por sus condiciones revestía gran importancia. La Fe recibida tiene que ser acogida y predicada a la generación de ese momento. Las palabras dirigidas a Timoteo tienen que ser oídas por los pastores de cada diócesis y la Iglesia en su conjunto. El ESPÍRITU SANTO sigue revelando lo que JESÚS nos ha dicho y conduce a la Verdad completa (Cf. Jn 16,13). El Colegio Episcopal con el Papa a la cabeza tienen el grave deber de mostrar en cada tiempo el depósito de la Fe en su integridad, porque de otra forma no sería verdadero Evangelio, o peor aún, no sería el Evangelio de JESUCRISTO. JESUCRISTO será siempre signo de contradicción (Cf. Lc 2,34).

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