En la raíz del alma

Sabiduría 9,13-18 Salmo 89 Filemón 9b,10.12-17 Lucas 14,25-33

El evangelio de este domingo vuelve a llamar la atención sobre el lugar preferente que ha de ocupar la Fe. La Fe evangélica es la adhesión total a JESUCRISTO y su Mensaje. Rápidamente nos damos cuenta que la radicalidad de la Fe no es posible sin la intervención directa de DIOS, aunque ÉL no intervenga sin nuestra libre aceptación. Cuando aceptamos estos principios básicos concluimos que la Fe tiene como contenido específico a la persona de JESUCRISTO o de lo contrario la persona se empieza a mover en un abanico de diferentes creencias. DIOS señala a todos los hombres el CAMINO correcto, que es su HIJO, JESUCRISTO. San Juan, en su primera carta, centra la doctrina: “este es el mandamiento de DIOS, que creamos en el Nombre de su HIJO, JESUCRISTO, y nos amemos unos a otros como ÉL nos mandó” (Cf. 1Jn 3,23). San Juan concede al ESPÍRITU SANTO la realización en el corazón del hombre la actividad propia para hacernos íntimos a JESUCRISTO con un verdadero Amor a los hermanos: “quien ama sus mandamientos permanece en DIOS y DIOS en él; en esto conocemos que permanece en nosotros, por el ESPÍRITU que nos dio” (Cf. 1Jn 3,24). Cabe aplicar en este punto lo que afirma la carta a los Hebreos: “Fe es certeza de lo que no se ve y seguridad de lo que se espera” (Cf.  Hb 11,1). El ESPÍRITU SANTO nos enraíza en el HIJO, en su muerte y Resurrección por el Sacramento del Bautismo. En esta fase no estamos ante una convicción racional, sino participando en la experiencia fundamental de la muerte y Resurrección de JESÚS. Esta es la Fe que el PADRE quiere para cada uno de los hombres, pues no en vano se realizó la Encarnación, muerte y Resurrección del HIJO. Cuando el candidato adulto a los sacramentos de la Iniciación Cristiana comienza el camino de preparación manifiesta públicamente al comienzo, que pide a la Iglesia la Fe. Se es cristiano por estar unido a JESUCRISTO y confesarlo abiertamente. Dice san Pablo: “si tus labios profesan que JESUCRISTO es el SEÑOR, y tu corazón acredita que ha resucitado de entre los muertos, serás salvo” (Cf. Rm 10,9). Por la Fe, según lo que vamos viendo, tenemos certeza del perdón de nuestros pecados, porque JESUCRISTO murió por nosotros perdonándonos; y por esa misma Fe aseguramos la Resurrección, pues el ESPÍRITU SANTO que resucitó a JESÚS de entre los muertos es el mismo que nos concede la unción en este momento (Cf. Rm 8,11). La confesión personal, abierta y pública de JESUCRISTO a nuestro alrededor tiene que ir de la mano de la segunda parte de este mandamiento dado por san Juan: “que nos amemos unos a otros como ÉL nos amó” (Cf. 1Jn 3,23 b). La Ley Nueva presenta nuevas cláusulas para permanecer en la Nueva Alianza. Todas las prescripciones dadas con anterioridad se resumen en el Nuevo Testamento a dos preceptos desconcertantes. El Amor al prójimo prueba la unión con el SEÑOR: “queridos, amémonos unos a otros, porque el Amor de es de DIOS, y todo el que ama ha nacido de DIOS y conoce a DIOS. Quien no ama no conoce a DIOS, porque DIOS es AMOR” (Cf. 1Jn 4,7-8). Las obras realizadas por el que está marcado por la Fe van dentro de la Caridad, porque la unción que acompaña al creyente es el mismo AMOR de DIOS. El cristiano no es sólo alguien solidarizado, sino que ama al prójimo, porque éste también es amado de DIOS, y participa de la misma opción fundamental. Este ideal no resta nada de la realidad de fondo que llena el espíritu del bautizado, que en algún momento puede renacer a esa conciencia. La Fe del cristiano no es una abstracción religiosa o una especulación, sino la unión vital con JESÚS muerto, Resucitado y Glorificado, que vendrá a manifestarse plenamente, porque “a los que predestinó, los que llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó” (Cf. Rm 8,30). Vendrá el SEÑOR y revestirá de una Justicia que no es propiamente nuestra, y para ser glorificados con ÉL. No estamos llamados a menos y todo ello es un horizonte que conocemos por la Revelación dada en su Palabra. Una Fe así, que atienda a estos contenidos, sólo puede estar en el primer lugar de todas las cosas, por encima de afectos y posesiones, de proyectos y condicionantes. Se puede entender que en un momento dado, JESÚS proponga con un carácter exigente, que ÉL está por encima de cualquier afecto o apego familiar (Cf. Lc 14,26-27).

La obra de DIOS

En el capítulo seis de san Juan tenemos la Fe asociada a la comunión eucarística: JESÚS se hace EUCARISTÍA para ser comido por los suyos. Este intercambio singular es obra especial de DIOS: “la obra que DIOS quiere es que creáis en el que ÉL ha enviado” (Cf. Jn 6,29). Muchas obras tenemos que hacer a lo largo de la vida, que aportarán innumerables oportunidades para el bien, la verdad y la justicia; pero caen en el vacío sin la obra primera o principal: creer que JESÚS de Nazaret es el HIJO de DIOS, consubstancial con el PADRE desde siempre, y un día volverá para cerrar mis ojos a este mundo, y a cerrar la historia de todos los hombres al final de los tiempos. JESÚS de Nazaret, el ENVIADO del PADRE, vino a este mundo para instaurar esa Fe en el corazón de todos y cada uno. Mientras tanto caminamos por este mundo con el don desconcertante de la EUCARISTÍA, que encierra el Cielo entre los accidentes del pan y del vino: “YO SOY el PAN de la VIDA, el que venga a MÍ no tendrá nunca hambre, y el que cree en MÍ no tendrá nunca sed” (Cf. Jn 6,35). El espíritu humano necesita a JESÚS por alimento y de lo contrario languidecerá sin reconocer la verdadera Vida. La Vida del alma es JESÚS al que se llega por la Fe: “el que cree en MÍ no tendrá nunca sed”. La Santa Voluntad del PADRE es que “todo el que ve al HIJO y cree en ÉL tenga Vida Eterna” (Cf. Jn 6,40). Pero en este versículo se añade una promesa fundamental y “YO lo resucitaré el último día”. Será una Vida Eterna en calidad de hijo resucitado a semejanza de JESÚS que nos hará partícipes de la condición de su Cuerpo Glorioso (Cf. Flp 3,26-29). Ante las dudas y reticencias de los judíos presentes, JESÚS no entra en polémicas, sino que propone de forma inequívoca una verdad: “en verdad, en verdad os digo, el que cree tiene Vida Eterna” (Cf. Jn 6,47). La Fe de nuevo se vuelve comunión y establece una Nueva Alianza. Abraham recibe locuciones en su alma que lo reafirman en las promesas de DIOS, pero los cristianos participamos del mismo RESUCITADO en cada comunión eucarística. Literalmente el Cielo baja a este mundo y entra en el alma del creyente. No es una metáfora ni una forma de antropofagia cuando JESÚS afirma: “YO SOY el PAN vivo bajado del Cielo, si uno come de este PAN vivirá para siempre y el PAN que YO le voy a dar es mi carne por la vida del mundo” (Cf. Jn 6,51). A renglón seguido se abre la discusión entre los judíos presentes, tal y como ahora se pudiera reproducir, pero la cosa no encuentra más razonabilidad que las palabras directas de JESÚS aceptadas como el milagro que DIOS realiza cada vez que se actualiza la EUCARISTÍA en la Santa Misa. DIOS realiza siempre lo que para el hombre resulta imposible, y la EUCARISTÍA es el signo constante -rutinario- por el que el HIJO se hace presente de forma especial para sanarnos, salvarnos y llevarnos con ÉL en el Último Día. La Fe alcanza su madurez en la EUCARISTÍA, cuando cesan los razonamientos y los sentidos pierden todos sus apoyos. Es la hora del encuentro personal y de la transformación interior siempre silenciosa y misteriosa. Cerradas las ventanas de los sentidos es el momento de la recompensa del PADRE en lo secreto, permitiendo que el HIJO se revele de alguna manera (Cf. Mt 6,3ss). Para la inmensa mayoría no hay éxtasis, ni visiones o movimientos ostensibles, pero se vuelve a dar crédito a la llegada del SEÑOR, que a modo de suave brisa pregunta: “¿qué haces aquí Elías?” (Cf. 1Re 19,9) Ante la presencia misteriosa de YAHVEH que lo interpela, Elías cuenta su historia. Elías ahora somos cualquiera de nosotros, y DIOS está dispuesto a la interlocución o encuentro personal.

Asistidos por la Divina Sabiduría

El domingo anterior la primera lectura estaba tomada del libro del Eclesiástico. En este domingo la primera lectura es del libro de la Sabiduría, que se considera el último libro revelado para la Iglesia Católica que lo incluye en la Biblia como canónico. Parece que fue escrito a mediados del siglo primero (a.C.), en Alejandría y en lengua griega. Las palabras de este libro son puestas en el rey Salomón, sin embargo la cronología no avala el dato como histórico, pero no resta en absoluto a la grandeza de este texto revelado. Este libro va dirigido a los reyes, gobernantes, personas influyentes en la sociedad y a todos aquellos que sientan que deben seguir la guía interior de la moción dada por DIOS a las almas nobles. El padre y la madre para realizar su misión frente a los hijos deben estar asistidos por la Sabiduría. El maestro o educador, debiera contar con la guía de la Divina Sabiduría para realizar bien su trabajo educativo. Cualquier profesional tarde o temprano tiene que ser llamado para salir de una emergencia. La Divina Sabiduría dispone cualidades para el profesional, que verán su reflejo en la obra realizada. Es DIOS quien provee la Divina Sabiduría y la concede al que la pide con sinceridad, así lo reconoce el autor sagrado: “comprendiendo que no podía poseerla, si DIOS no me la daba, y ya era un fruto de la prudencia reconocer de quién procedía esta gracia, recurrí al SEÑOR y le pedí con todo mi corazón: DIOS de los padres y SEÑOR de la Misericordia…” (Cf. Sb 8,21-9,1).

Llevar a término la Divina Voluntad

“¿Qué hombre, en efecto, podrá cumplir la Voluntad de DIOS? ¿Quién puede hacerse idea de lo que el SEÑOR quiere?” (Cf. Sb 9,13). En las Diez Palabras -Mandamientos- vienen recogidas las prescripciones fundamentales y básicas, “no matar”, “no robar”, o “no cometer adulterio”; pero vivimos un número abultado de situaciones menores, las que tenemos que examinar la mejor forma de proceder. La Divina Voluntad es reconocida por la conciencia personal gracias a la moción -movimiento- del ESPÍRITU en el propio interior o conciencia. La ayuda material al prójimo está en el polo opuesto del hurto o robo, que prohíbe el séptimo mandamiento, pero el precepto no nos dice a quién atender o socorrer de forma efectiva en la vida real. La Divina Sabiduría debe venir en nuestra ayuda. La Divina Sabiduría dada por el ESPÍRITU SANTO hace que demos los pasos necesarios para cumplir sus inspiraciones. La adoración y la alabanza en los Cielos por parte de todos los bienaventurados incluidos los coros angélicos se corresponden con la diligencia en cumplir las indicaciones o misiones dadas por el SEÑOR. Las inspiraciones del ESPÍRITU SANTO no siempre son bien entendidas y atendidas por la opacidad espiritual que nos caracteriza. Purificación y un camino de aprendizaje son necesarios para progresar en el descubrimiento de la Divina Voluntad. Por otra parte, DIOS es especialmente indulgente con quien se ha esforzado en reconocer su Divina Voluntad y el resultado fuese equivocado. Los errores son humillantes, pero libran de la soberbia espiritual, que es el peor de los resultados.

Fragilidad espiritual

“Los pensamientos del hombre son tímidos e inseguras nuestras ideas” (v.14). En los tiempos actuales damos ampliamente crédito a esta afirmación del autor sagrado, pues resulta difícil afianzar sólidas convicciones, ya que todo alrededor se encarga de crear inseguridad. La desconfianza se va generalizando, y no se cree en la palabra segura proveniente de institución o persona alguna. Con un alto grado de razón se exige que algo sea verificado, hubo un tiempo en el que la verdad religiosa era inamovible, pero en la adaptación a los tiempos modernos también estas verdades se han hecho discutibles. Había valores e ideas que no eran negociables, como el valor de la vida del no nacido, hoy sin embargo matar al no nacido se empieza a declarar como un derecho del adulto, porque un no nacido no mata a otro no nacido, sino que lo hace el adulto, que se dispone como soberano de la vida y la muerte. Este genocidio a nivel mundial, que acaba con la vida de setenta y tres millones de vidas humanas en un año, provoca un debilitamiento añadido de la estructura personal de valores y convicciones. Si la vida de un ser humano inocente no vale nada, mucho menos que la de cualquier especie protegida, entonces ningún valor social encuentra consistencia. Tampoco lo valores religiosos tienen acomodo en ideas o ideologías que promueven la inconsistencia de la dignidad humana. Tengamos presente que el hombre se construye a partir de su conciencia de hijo de DIOS, salvado o redimido por JESUCRISTO.

El lastre del cuerpo

“Un cuerpo corruptible agobia el alma, y esta tienda de tierra abruma el espíritu lleno de preocupaciones” (v.15). El cuerpo está llamado a ser un fiel reflejo del espíritu del hombre; pero también es cierto que nuestro espíritu recibe la información del mundo circundante a través de los sentidos corporales. La mutua complementariedad nos hace espirituales corpóreos y al mismo tiempo sujetos poseedores de un cuerpo influido por el espíritu que nos identifica. La virtud es la llave que garantiza la buena vecindad entre el cuerpo y el espíritu; y el vicio quiebra la unidad psicosomática a conseguir. El hombre tiene derecho a la defensa física en un momento dado, pero no debe recurrir a la violencia gratuita. La castidad es una virtud que en la actualidad no cotiza al alza, pero es del todo necesaria para integrar la pulsión sexual en la corriente del amor personal. La comida es un modo de comunión extraordinario con la naturaleza y los semejantes, pero se convierte en un problema cuando la gula toma las riendas. Los vicios suelen tener un componente físico y biológico, que repercute en la buena marcha de la razón. El dato de experiencia se cumple: si no vives como piensas, terminas pensando como tus impulsos te ordenan. Un buen número de científicos están diferenciando entre mente y cerebro como base física del pensamiento, lo que es tanto como referirse al ser humano como poseedor de un cuerpo y de una dimensión espiritual; por tanto, no tenemos dificultad en reconocer que el abuso de las capacidades físicas mediante drogas u otros factores pueden perjudicar gravemente las funciones espirituales. Cada persona en particular no es un ángel y tampoco un demonio, pero las tendencias negativas obligan de forma especial a una vigilancia y ascesis permanente para mejorar nuestro resultado final. Vivimos el tiempo del desarrollo de los talentos y el cumplimiento de las posibilidades. Las metas y los objetivos están dispuestos en un campo de opciones y libertad. La pendiente del vértigo, el vicio y el mal, acelera sin remedio la degradación personal.  El asceta encuentra recursos para el ejercicio de la virtud, controlar la concupiscencia y conseguir objetivos espirituales.

Enigmas y Revelación

“Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra, y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance, ¿quién, entonces, ha rastreado lo que está en los Cielos?” (v.16) Las ciencias que van descubriendo los comportamientos de los fenómenos naturales van creciendo lentamente, partiendo en todo momento de las investigaciones anteriores contrastadas. Los enigmas actuales desbordan este planeta y se enseña que la ciencia extiende su mirada a los misterios que abarcan el Universo entero. A DIOS sólo lo podemos conocer por Revelación. En las Escrituras, DIOS nos habla de SÍ mismo y algunas de las realidades. No sólo DIOS nos dice de SÍ mismo en la Biblia, sino que nos deja contemplar algunas de las realidades que forman parte de la Bienaventuranza Eterna. No obstante el Misterio lo inunda todo cuando del más allá se trata. También en la mirada hacia la Revelación se da el factor acumulativo. A lo largo de los siglos, santos y doctores han iluminado partes de las Escrituras. Puede haber reflexiones del pasado con validez para todos los tiempos. La investigación exegética de las Escrituras no puede detenerse. Aún así, las cosas de DIOS las revela ÉL mismo, pues desde el principio hasta el final, el ESPÍRITU SANTO habla por los profetas, ilumina a los autores sagrados, concede carismas a personas santas y revela en el corazón del hombre lo que beneficia a su Salvación.

La Luz que ilumina a todo hombre

“Y ¿quién habría conocido tu Voluntad, si TÚ no le hubieses dado la Sabiduría, y no le hubieses mandado de lo Alto el ESPÍRITU SANTO?” (v.17) DIOS da la Gracia para conocer lo que nos manda o quiere de nosotros, pero su voz queda confundida, en muchas ocasiones, en el conjunto de gritos estridentes que saturan el campo de escucha y audición. El ESPÍRITU de DIOS compite en nuestro mundo con un coro de espíritus burlones, cínicos o falsos, a los que hemos dado admisión. La mención en este versículo del ESPÍRITU SANTO puede ser que no tenga el mismo contenido que el revelado en los evangelios y especialmente en el evangelio de san Juan y las cartas de san Pablo. No se le puede pedir al autor sagrado en este momento de la Revelación que sostenga la verdad de las tres Personas Divinas con una sola naturaleza formando una perfecta unidad en DIOS. Muchas cosas hemos de conocer de parte de DIOS pero la primera y más importante es la persona misma de JESUCRISTO. Con humildad y sin confusión habremos de ser rotundos en proclamar que JESUCRISTO es el HIJO de DIOS hecho hombre, y es el único SALVADOR de todos y cada uno de nosotros. Toda reiteración resulta escasa ante la importancia de la verdad anterior.

En auxilio de los hombres

“Sólo así se enderezaron los caminos de los moradores de la tierra. Sólo así aprendieron los hombres lo que a TI te agrada, y gracias a la Sabiduría se salvaron”. (v.18). Los tiempos de barbarie y cultos idolátricos con su conjunto de aberraciones fueron cediendo ante la presencia de la doctrina del único DIOS y las exigencias morales destinadas a renovar las costumbres para volverlas más acordes con la dignidad humana. En la medida que la Revelación de DIOS, en especial el Nuevo Testamento, fue avanzando, las costumbres sociales favorecieron el mejor ambiente para el verdadero progreso espiritual, por el que el hombre alcanza altas cotas de humanización en su condición de hijo de DIOS. El hombre y la sociedad mejoran cuando el ideal cristiano se cumple. Si DIOS desaparece de la escena pública, inevitablemente las cosas son devueltas a su estado caótico de mentira, violencia y muerte.

Llamada universal

El Evangelio es para todos y el evangelista san Lucas lo significa a su manera. Son “miles y miles los que siguen y rodean a JESÚS” (Cf. Lc 12,1). El evangelio de este domingo introduce la enseñanza indicando, “mucha gente seguía a JESÚS, y volviéndose les dijo…” (Cf. Lc 14,25). La presencia de JESÚS no es indiferente a nadie, y cada persona o grupo toma su distancia frente a ÉL. A medida que suben a Jerusalén la gravedad del Mensaje se aprecia. JESÚS quisiera hacer de este mundo la antesala del Cielo, pero las disposiciones humanas van otro por camino, y ÉL tendrá que aceptar el libre curso de las decisiones de los hombres, al tiempo que la Divina Misericordia muestra su rostro sin sombra alguna. En la Galilea JESÚS también estuvo rodeado de multitudes para escucharlo como muestra el episodio de la predicación desde la barca de Pedro (Cf. Lc 5,3). “La multiplicación de los panes y los peces” fue un encuentro multitudinario y es signo anticipatorio de la EUCARISTÍA (Cf. Lc 9,12ss). San Lucas considera que en este capítulo se deben señalar las condiciones que el discípulo ha tener en cuenta para seguir a JESÚS: “si alguno quiere venir en pos de MÍ, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame” (Cf. Lc 9,23). Más adelante, JESÚS ofrecerá algún modo concreto de cargar con la propia cruz y negarse a sí mismo. Sobre esto último, viene uno a decirle: MAESTRO te seguiré y JESÚS le avisa que las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Cf. Lc 9,57-58). A otro JESÚS le dice sígueme, pero el llamado plantea dilatar la llamada hasta que el padre fallezca y le dice: “primero déjame enterrar a mi padre que ya es anciano” (Cf. Lc 9,59). La respuesta de JESÚS es tajante y definitiva: “deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú vete a anunciar el reino de DIOS” (Cf. Lc 9, 60). JESÚS no viene a deshacer las familias, pero en algún momento quiere que sus seguidores sepan bien a quién deben llamar padre con propiedad y considerar hermanos. El Cristianismo no es un nuevo humanismo, sino la forma de transformar la existencia de cada uno para acceder a la Vida Eterna como el Cielo Nuevo y la Nueva Tierra (Cf. Ap 21,1). La predicación del Reino de DIOS es el inicio en este mundo de las realidades futuras.

La muerte del yo

“JESÚS volviéndose a la multitud que lo seguía, les dijo: si alguno viene donde MÍ, y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, e incluso a su propia vida, no puede ser discípulo mío” (v.26). El gran problema del hombre a resolver es el endiosamiento del “yo”: “seréis como dioses” (Cf. Gen 3,5). El camino dispuesto por DIOS para solventar el mal radical que nos afecta pasa por la conversión, o giro de ciento ochenta grados hacia DIOS. La conversión no es mirar a DIOS conservando una mirada furtiva a otros ídolos.   Son admisibles las caídas, a condición de arrepentimiento y vuelta al amor primero, o decisión radical tomada por una voluntad libre y una conciencia inteligente. Cada uno de nosotros es redimible, y con la ayuda de la Gracia somos capaces de romper las ataduras o cadenas del ego, que intentará mantener el primer lugar en todo. Las multitudes seguían a JESÚS entusiasmadas por los milagros y predicación transmitida por una voz, la de JESÚS, que parecía no ser de este mundo; pero todo aquello que era verdadero representaba un oasis dentro del conjunto de realidades internas y externas. Había mucho que transformar tanto en el interior de cada uno como alrededor, y tal cosa la multitud que lo seguía no lo sabía. JESÚS se vuelve hacia la multitud para provocar un baño de realidad, dándoles a entender que las cosas son complejas y el Reino de DIOS en este mundo sufre dolores como de parto, en palabras de san Pablo (Cf. Rm 8,22). El Evangelio propone una nueva jerarquía de valores, porque DIOS tiene que reinar sin concesiones después de haber mandado -entregado- su HIJO al mundo, “no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por ÉL” (Cf. Jn 3,17). Ahora, pues, JESÚS puede decir: “no llaméis a nadie padre, porque uno solo es vuestro PADRE” (Cf. Mt 23,9). El propio JESÚS a la edad de doce años, nos dice san Lucas, se quedó en el Templo pasada la fiesta de la Pascua, sin advertirlo a MARÍA y a José. Cuando estos lo encontraron en el Templo, JESÚS les dijo: ¿no sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi PADRE? (Cf. Lc 2,49). La madre, los hermanos y las hermanas, constituyen para el Evangelio predicado por JESÚS una nueva categoría: “mi MADRE, mis hermanos y mis hermanas, son los que escuchan la Palabra de DIOS y la cumplen” (Cf. Mc 3,31-35). A los propios discípulos les había dicho JESÚS: “el que deje en este tiempo, padre, madre, hermanos, hermanas, o tierras, recibirá cien veces más de hermanos, hermanas y tierras, con persecuciones; y en el mundo futuro la Vida Eterna” (Cf. Mc 10,30). Las palabras de JESÚS dadas en este versículo de san Lucas tienen toda la lógica interna del Evangelio predicado. La familia presente mantiene todo su valor, pero es signo de la familia futura establecida en el Cielo dentro de la Comunión de los Santos. JESUCRISTO es el único CAMINO para transformar el mundo en Reino de DIOS, y el único que nos puede llevar a la nueva comunión con DIOS que es TRINIDAD. El seguidor de JESÚS no puede aspirar a menos, porque ese es el Plan de DIOS desde toda la eternidad. Vivimos un mundo los humanos de realidades injustas que se nos encarga administrar de la mejor forma posible, pues ni la paternidad es perfecta, ni la fraternidad o la amistad entre hombres y mujeres. Todo está marcado por la carencia, la deficiencia o directamente por el pecado. JESÚS lo declara: “haceos amigos con las riquezas injustas, para que cuando lleguen a faltar os reciban en las moradas eternas” (Cf. Lc 16,9). Todo lo que tocamos tiene un sesgo de injusticia, aunque esto nos resulte exagerado, y la perfección de cualquier actuación humana queda en manos de la Divina Misericordia. ¿Es del todo desinteresada la limosna que damos? ¿Está desposeído de egoísmo el amor de los padres a los hijos, y el de los hijos a los padres? ¿Es una alegría total y sincera la que surge por el éxito del prójimo? La perfección está sólo en DIOS y en la entrega total de JESUCRISTO en la Cruz.

La Cruz

“El que no lleve su cruz en pos de MÍ no puede ser discípulo mío” (v.27). No nos gusta la Cruz y a JESÚS tampoco le fue agradable cuando se acercaban las horas finales del tránsito por este mundo. En presencia de unos griegos que quieren ver a JESÚS experimenta de forma anticipada algo de la angustia de la Pasión: “ahora mi alma está turbada y qué diré, PADRE líbrame de esta Hora, pero si para esta Hora he venido, PADRE glorifica tu Nombre” (Cf. Jn 12,27-28). Dolor, enfermedad y muerte, nos acompañarán por este mundo y conviene tenerlos por aliados y no como enemigos enfrentados. Sólo la Cruz de JESÚS hace llevadero el conjunto de males que pesan sobre nosotros. El discípulo no es alguien aplastado por las circunstancias, sino quien mantiene la Paz en medio de la tribulación. Vamos en pos de JESÚS nunca delante de ÉL o sin ÉL. Todo el que acude a JESÚS encuentra descanso y alivio (Cf. Mt 11,28-30), aunque las pequeñas cruces personales se hagan notar. El versículo anterior señala las renuncias más costosas probablemente, pero existen otras que irán apareciendo. El cristiano no es un renunciante estoico, que se desprende de todo lo que lo condiciona y coarta. JESÚS devuelve al cristiano la renuncia transformada, porque se hace en su Amor, y no por un virtuosismo personal. Las renuncias son dolorosas y en ocasiones parecen imposibles. Dice la carta a los Hebreos que JESÚS renunció a lo largo de su vida a la satisfacción inmediata (Cf. Hb 12,2) En virtud de la pertenencia al cuerpo de CRISTO o la Comunión de los Santos, nos toca también compartir algo de las cruces de los hermanos, a semejanza de la Compasión Universal de JESÚS, que nos arranca de las fuerzas del Mal.

Construir la torre

“¿Quién de vosotros, que quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: éste se puso a edificar y no pudo terminar” (v.28-30). El dinero para construir la torre en nuestro caso es prestado y podemos gastar según las necesidades manifestadas. DIOS presta hasta diez mil talentos, que es una cantidad impagable (Cf. Mt 18,23-34). Dinero para terminar la torre o el edificio tenemos sobradamente, lo que debemos establecer es una buena planificación y la voluntad determinada de llevarlo a cabo. El esquema puede hacerse más complejo, pero debería ser suficiente lo establecido por el libro de los Hechos de los Apóstoles: “los fieles eran asiduos a la Enseñanza de los Apóstoles, la Fracción del Pan; las oraciones y la comunión” (Cf. Hch 2,42). Lo podemos formular de otra manera: formación continua en las Escrituras y el Catecismo de la Iglesia Católica; participación asidua en la Santa Misa; las oraciones deben mantener la vertiente personal y la comunitaria; y la comunión multiplica sus derivadas en la fraternidad de los presentes en la comunidad, la familia, el ámbito profesional y social. Algo puede fallar y casi seguro que así va a suceder; entonces habrá que seguir la recomendación de san Juan en su primera carta: “hijos míos no pequéis, pero si alguien peca, sabed que tenemos a UNO que intercede por nosotros ante el PADRE” (Cf. 1Jn 2,1). Para remediar fallos, curar heridas y perdonar pecados tenemos el Sacramento de la Penitencia como gran remedio y canal de la Gracia para devolvernos a la vida cristiana. El cristiano tiene que ser alguien permanentemente reconciliable, y por tanto con actitud de pedir perdón tantas veces como fuese preciso.

Batalla continua

“¿Qué rey si sale a enfrentarse contra otro rey no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del otro que viene con veinte mil; y si no cuando está todavía lejos envía una embajada para pedir condiciones de paz? (v.31-32). El enemigo del cristiano siempre será muy superior, si el discípulo de CRISTO no se pone en sus manos. Es una constante a lo largo de la Historia del Pueblo elegido las victorias conseguidas cuando sus dirigentes se disponen en las manos de DIOS; y acontecen las derrotas cuando los reyes o el Pueblo se aleja u olvida de DIOS. Lo mismo que debemos atender a la construcción de la propia vida cristiana, de igual forma debemos reconocer que hay una contienda espiritual establecida por satanás contra la obra de DIOS especialmente virulenta hacia los hijos de DIOS (Cf.  Ap 12,17). La lucha es eterna, dicen los masones de los grados más altos, y las estructuras o formas que adoptan no caben para ser enumeradas. San Pablo, en la carta a los Efesios, dice que nuestra lucha es espiritual contra las potencias demoniacas. Ahora toca protegerse con las armas de la Fe (Cf. Ef 6,13). Si en los próximos años se cumplen las profecías dadas en las revelaciones particulares que vienen apareciendo desde hace décadas, no debemos temer, pues al SEÑOR le basta un pequeño resto para resolver la situación y salir adelante, como queda de relieve en tantos episodios bíblicos. Satanás sabe que le queda muy poco tiempo, y su agonía es equiparable a la virulencia de los momentos presentes, pues sabe que el Corazón Inmaculado de MARÍA triunfará, como está anunciado en las apariciones de Fátima. Satanás no soporta haber sido vencido por una muchacha de un pueblo de la Galilea, que no es mencionado ni una sola vez en todo el Antiguo Testamento. La DESCENDENCIA de esta MUJER está aplastando la cabeza de la serpiente primordial, aunque de momento parezca que su veneno lo está impregnando todo a su paso. Una señal mariana es garantía de protección, por eso más que nunca el rezo del Santo Rosario no es una oración entre otras, sino un arma principal que barre del ambiente el ruido del Mal.

Tener sin poseer

“Cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo MÍO” (v.33). Es una obra de transformación que sólo DIOS va realizando en último término. JESÚS lo formula de otra manera en la alegoría de la Vid y los sarmientos: “YO SOY la vid verdadera, y mi PADRE es el viñador. Todo sarmiento que en MÍ no da fruto lo corta, para que dé más fruto…” (Cf. Jn 15,1-2). La siguiente afirmación de JESÚS es extensiva al campo espiritual con toda propiedad: “sin MÍ no podéis hacer nada” (Cf. Jn 15,5). En este mismo sentido debemos atender a las palabras de san Pablo cuando nos dice: “los que lloran, que vivan como si no llorasen; los que están alegres, como si no se alegrarán; los que compran, como si no poseyeran; lo que negocian en el mundo, como no disfrutaran de el: porque la representación de este mundo se termina. (Cf. 1Cor 7,30-31).

San Pablo, carta a Filemón 9b-10,12-17

La carta a Filemón es la única de carácter particular admitida en el canon del Nuevo Testamento. Filemón parece ser un cristiano de Colosas, que presidía la comunidad reunida en su casa.  Onésimo es un esclavo de Filemón, y parece ser que había cometido un robo, escapándose de la casa de su amo, Filemón, para evitar el castigo. San Pablo lo acoge en su prisión domiciliaria en Roma, con toda probabilidad, y lo bautiza y evangeliza. Ahora el cristiano Onésimo es recomendado por san Pablo a Filemón, al que pide lo reciba como “hermano en la Fe” (v.16). San Pablo desearía que Onésimo se quedara con él en aquel tiempo de prisión, pero no quiere tomar determinación alguna sin contar con él -Filemón-; pues desea que su decisión esté movida por la Caridad fraterna. Es probable que Onésimo volviese junto a san Pablo con todo el consentimiento de Filemón que le habría concedido la manumisión -la libertad del esclavo-, pues la tradición señala a Onésimo como obispo de Éfeso. El caso de Onésimo nos trae a la consideración el esclavismo de aquel tiempo y de los siglos posteriores, que el Cristianismo no fue capaz de abolir hasta tiempos recientes. Se piensa que enfrentarse al régimen esclavista traería graves consecuencias a la vida social de aquellos tiempos, pero la cuestión seguirá siendo muy discutible, pues la esclavitud no favorecía para nada el comportamiento moral de patronos y esclavos sometidos a sus órdenes y caprichos personales de aquellos. Es posible que en ciertos aspectos la vida del esclavo mejorase dependiendo de un amo cristiano, pero aún así permanece en entredicho esa relación amo esclavo por la privación de libertad al esclavo sometido. La carta a Filemón propone las condiciones idóneas para la resolución del esclavismo, pues pone en primer lugar los valores derivados de la Caridad cristiana. El propio Filemón tenía que reconocer su nueva condición de hombre libre en CRISTO gracias al Apóstol, por lo que no realizaba nada extraordinario considerando como hermano a Onésimo con la intención suya de devolverlo al Apóstol y concederle la libertad.

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