El Señor de los ángeles

Deuteronomio 30,10-14 Salmo 68 Colosenses 1,15-20 Lucas 10,25-37

JESÚS es el CRISTO y es el SEÑOR, declarándolo de manera enfática después de la venida del ESPÍRITU SANTO en Pentecostés: “tenga en cuenta toda la Casa de Israel, que DIOS ha constituido SEÑOR y CRISTO a este JESÚS que vosotros habéis crucificado” (Cf. Hch 2,36). Pero el señorío de JESÚS no es sólo con respecto a los hombres, sino que repercute en los propios Ángeles, ya que ninguno de ellos ha podido jugar el papel de redentor. El comienzo de la carta a los Hebreos fija con claridad el papel desempeñado por JESÚS en la Redención y el lugar en el que deben aparecer los Ángeles. Junto con los Ángeles los hombres entramos a formar parte de la gran familia de DIOS. Unos y otros somos sus hijos. Así la carta a los Hebreos nos dice: “muchas veces y de distintos modos habló DIOS en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del HIJO, a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos, el cual siendo resplandor de su Gloria e impronta de su substancia, quien sostiene todo con su Palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados se sentó a la Diestra de la MAJESTAD en las alturas, con una superioridad sobre los Ángeles, cuanto que los supera en el Nombre que ha heredado” (Cf. Hb 1,1-4). Todo lo que se puede decir de los Ángeles hay que referirlo en relación con JESUCRISTO, de ahí que sea necesario traer a la consideración esta cita, en la que el autor de la carta a los Hebreos remite la función de los Ángeles al señorío de CRISTO. Los Ángeles que benefician a los hombres trabajan en el Plan de DIOS dado a conocer en su última instancia por JESUCRISTO. Aquellos ángeles que no están al servicio del HIJO de DIOS, tampoco benefician a los hombres. Peor aún, hablamos entonces de los ángeles caídos que buscan directamente el fracaso de los hombres con respecto al Plan de Salvación dado en JESUCRISTO. La carta a los Hebreos resalta algo que ningún Ángel puede ofrecer, pues pertenece a DIOS en exclusiva: el perdón de los pecados. JESÚS de Nazaret, está absolutamente por encima de cualquier Ángel porque es DIOS, y llevó acabo la regeneración de los pecados. Lo que habló DIOS en el pasado a los padres es el contenido del Antiguo Testamento, que relata intervenciones angélicas colaborando siempre con sus planes. Había una conciencia clara de la presencia e intervención del Maligno, pero sus menciones son relativamente escasas: la serpiente tentadora (Cf. Gen 3,1). Relacionado con el rito de la expiación es mencionado Azazel como el demonio que habita en el desierto (Cf. Ex Lv 16,10). Tobías es liberado del demonio Asmodeo por la intervención del Ángel Rafael (Cf. Tb 12,14-15). Un mal espíritu entra por momentos en Saúl e intenta atravesar a David con la lanza (Cf. 1Sm 18,10-13). Detrás de los cultos idolátricos cananeos están los mismos demonios, pero esta es una revelación que se obtiene en el Nuevo Testamento (Cf. 1Cor 10,20-21). El fondo del pecado en el hombre y el mundo es obra satánica, y sólo la Redención por la Cruz de JESÚS y su Resurrección puede restablecer el orden alterado. Por lo anterior, los Ángeles con empeño renovado se ponen a disposición del Plan de la Redención, pues con su actuación pueden acentuar la fidelidad que los ángeles rebeldes alteraron gravemente. El PADRE dispone que el HIJO sea el único HEREDERO, pues todo le pertenece por el hecho de haberse despojado de su rango divino, pasar por uno de tantos y rebajarse hasta llegar a la ignominiosa muerte en la Cruz. El PADRE le concede al HIJO, JESÚS, el Nombre sobre todo nombre y toda lengua proclama que JESUCRISTO es SEÑOR” (Cf. Flp 2,5-11). También a los Ángeles afectó la Cruz de JESÚS, pues los Cielos ya no eran iguales después de la Resurrección y la Ascensión, que representó el ejercicio de un nuevo Poder sobre todo lo creado. Los Ángeles empezaron a disponer para sí mismos y la misión a desempeñar de los tesoros mismos de la Redención, que en parte redundan en favor de los hombres. En realidad la Gracia recae en los hombres en primer término, que somos el objeto principal de la regeneración. El que había hecho “los mundos” los regenera de los efectos del pecado en JESÚS y vuelve otra vez al PADRE del que había salido para hacerse hombre. Los Ángeles podían ver el resplandor de la Gloria del PADRE en JESÚS y la impronta de su substancia o con naturalidad divina. Sin embargo ante esta grandeza en momento alguno JESÚS la hizo valer en beneficio propio. El objetivo estuvo en llevar adelante el Plan del PADRE, o Reino de DIOS. Dada la Encarnación, podía decirse que el HIJO en cuanto hombre era inferior a los Ángeles (Cf. Slm 8,5-6); pero después de la Resurrección eso cambia radicalmente: “JESÚS está sentado a la derecha de la Majestad de DIOS en las alturas, con una superioridad sobre los Ángeles, tanto mayor cuanto más les supera en el Nombre que ha heredado” (v.4). El HEREDERO recibe todo lo que es del PADRE, pues el HEREDERO regenerará todo con su propia sangre. DIOS ha aceptado ese sacrificio y ha sentado a JESÚS a su misma derecha, es decir, ostentando el mismo Poder. Los Ángeles quieren estar bajo el señorío del HIJO, que ha “rescatado para DIOS, hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación… (Cf. Ap 5,9).

El fundamento de la Escritura

El autor de la carta a los Hebreos realiza una interpretación orientada hacia el HIJO es dos textos del Antiguo Testamento. Merecen siempre atención las interpretaciones que realizan los autores inspirados de otros textos recogidos en la Escritura. Del Salmo segundo: ¿A qué Ángel dijo alguna vez: HIJO mío eres TÚ, YO te he engendrado hoy?…” (Cf. Hb 1,5). Es una pregunta retórica, que en realidad no pregunta nada ni pretende contestación alguna, sino dar por sentado con todo el énfasis posible lo que está proponiendo. El Salmo segundo proporciona a la teología del Concilio de Nicea (325) el término adecuado para determinar la procedencia eterna del HIJO por parte del PADRE: el HIJO es eternamente engendrado por el PADRE que confirma así su paternidad. El HIJO como Persona es diferente del PADRE, pero se mantiene en una perfecta comunión gracias al AMOR unitivo del ESPÍRITU SANTO. Las tres Personas tienen la misma naturaleza, por lo que no son tres dioses, sino un único DIOS. Esta Revelación pertenece a lo que nos es dado en el Nuevo Testamento, y sólo después se pueden encontrar las señales del Misterio en el Antiguo Testamento. Los Ángeles existen y son espirituales, pues consideramos con santo Tomás que poseen inteligencia y voluntad, por lo que en algún momento realizaron su opción fundamental y determinaron su estado espiritual para siempre. Pero a ninguno de ellos, dice el autor de la carta a los Hebreos, le ha dicho el SEÑOR: “hijo mío eres tú, hoy te he engendrado” (Cf. Slm 2,7). Ángeles y hombres estamos llamados a ser uno con el HIJO, pero nuestras naturalezas son distintas por origen y relación posterior. No está mal que por Gracia alcancemos tanto los Ángeles como los hombres la condición de hijos adoptivos (Cf.  Ef 1,5). Esta condición trinitaria, o tripersonal, de DIOS no le impide su perfecta unidad substancial, y por tanto ser DIOS. Con un carácter histórico señala el autor sagrado una segunda cita, que proviene de las promesas hechas por DIOS a David: “YO seré para ÉL un PADRE y ÉL será para mí un HIJO” (Cf. 2Sm 7,14). La Encarnación tiene su línea histórica y en determinado momento, DIOS decide que la dinastía en la que se manifestará el VERBO encarnado será la estirpe de David (Cf. Lc 1,32). Allí, en aquel lugar desconocido habitaba alguien relacionada con la estirpe de David. El relato de la anunciación que da lugar a la aceptación de la VIRGEN MARÍA y por tanto de la Encarnación, se describe en Nazaret, que no aparece previsto en parte alguna de la Escritura antigua. Todos los Ángeles están pendientes de la aceptación de la VIRGEN MARÍA para que el HIJO de DIOS tome la humanidad que marca un hito singular en toda la historia de los hombres y en la perspectiva de los Ángeles sobre su SEÑOR y nosotros los hombres. Por eso el autor de la carta a los Hebreos declara, que en el momento en el que el HIJO de DIOS entra en el mundo se ejecuta el mandato: “Adórenlo todos los Ángeles de DIOS” (Cf. Hb 1,6).

El señorío de CRISTO

DIOS ha pensado que todas las cosas han de tener a CRISTO por Cabeza. Dicho de otra forma: DIOS tiene previsto que todo alcance su plenitud teniendo a JESUCRISTO como el punto omega de su desarrollo. JESUCRISTO es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin (Cf. Ap 1,8). JESUCRISTO tiene que reinar porque “ÉL es el REY de reyes y el SEÑOR de señores” (Cf. Ap 19,16). En el Cielo y en la tierra JESUCRISTO es REY. La visión dada por el Nuevo Testamento saca a JESÚS de la medida estándar de los fundadores de religiones o líderes espirituales. No es posible establecer una equiparación entre distintos tipos religiosos y JESUCRISTO. Los Ángeles contribuyen activamente a la convergencia de todas las áreas de la vida de los hombres en CRISTO. DIOS ha creado a unos Ángeles como fuegos ardientes y a otros como ráfagas de viento (Cf. Hb 1,7). La naturaleza del Ángel es del todo espiritual, y si es necesario para relacionarse con nosotros toma un cuerpo aparente; pero la condición angélica es del todo incorpórea. Así que la propia Escritura debe recurrir a la imagen y el símbolo para aproximarnos la condición angélica. Asimilamos el fuego espiritual en el Ángel a su naturaleza marcada por el Amor que no puede separarse de la contemplación de DIOS o de la adoración. La adoración amorosa de un número desconocido de Ángeles es una corriente que se transfiere a toda la Creación, y nos afecta positivamente también a nosotros. Nuestra adoración al SEÑOR mejorará en la medida que establezcamos una comunión más estrecha con nuestro Ángel Custodio, que a su vez es beneficiario de la corriente de adoración de las jerarquías superiores. En el campo de la adoración encontramos a los Serafines, los Querubines y los Tronos. Para que la Vida exista, o para que nosotros nos podamos mantener en la existencia es necesaria la adoración, que mantiene abierta de forma especial la vía de la Gracia. El libro del Apocalipsis nos refiere algunas instantáneas de la asamblea de adoradores ante el trono de DIOS, pero no debemos quedarnos con un único modelo, pues el Cielo y el mundo de los bienaventurados ofrecen posibilidades del todo desconocidas. Para nosotros, ahora, es suficiente la indicación del carácter adorador de los Ángeles que aparecen como llamas de fuego. Rezamos en el Padrenuestro que la voluntad de DIOS se cumpla con la misma prontitud y fidelidad aquí en la tierra como en el Cielo (Cf. Mt 6,10). Los Ángeles son los primeros que han ocupado las moradas celestes, y los reconocemos en la Escritura como fieles ejecutores de la Divina voluntad; por tanto, se acomodan bien a la imagen del viento o ráfaga de viento. Decimos que la adoración es una disposición pasiva ante DIOS dispuesto para recibir sus gracias y bendiciones para uno mismo y los otros. El adorador tiene un carácter de puente. Para los hombres la adoración no es nada fácil. Nos encontramos mejor dentro de la actividad, hasta el punto de caer en el activismo. El Ángel ejecutor de las órdenes divinas no pierde en ningún instante la contemplación del Rostro de DIOS. Puede proceder con toda diligencia, sin decaer en la contemplación. Las misiones de los Ángeles son tantas como necesidades aparecen en la Creación y de las que DIOS solicita colaboración a sus hijos. Llegada la Plenitud de los tiempos, también para los Ángeles se abrieron nuevas tareas relacionadas con la Iglesia, la Redención o la Salvación.

Servicio y adoración

“¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la Salvación?” (Cf. Hb 1,14). Nuevas tareas aparecen para los Ángeles cuando la Redención va cubriendo sus etapas: Encarnación, predicación del Reino de DIOS por parte de JESÚS, Cruz y Resurrección. A partir de la Resurrección comienza el tiempo propiamente de la Iglesia guiada y asistida por el ESPÍRITU SANTO. La relación entre el Cielo y la tierra cambia de forma notoria y se da cumplimiento a las palabras de JESÚS: “veréis el cielo abierto y a los Ángeles de DIOS subir y bajar sobre el Hijo del hombre” (Cf. Jn 1,51) Restablecida la vía de acceso a DIOS, los Ángeles contribuyen para que los dones y bendiciones de DIOS lleguen a los hombres, y de vuelta presenten nuestras oraciones y acciones de gracias. Los Ángeles presentan a DIOS las copas llenas con las oraciones de los fieles (Cf. Ap 5,8). Las buenas acciones y de forma especial las Obras de Misericordia perfeccionan la oración de alabanza, adoración y acción de gracias: “ellos están en paz, porque sus obras los acompañan” (Cf. Ap 14,13). Los Ángeles acompañan de forma especial a los que han de consolidar un cambio de rumbo en su vida, concretamente el paso de la increencia a la Fe. Así el libro de los Hechos refiere el acompañamiento angélico a Cornelio el centurión romano, al que el Ángel le revela que sus oraciones y limosnas han sido gratas ante el trono de DIOS (Cf. Hch 10,4). La escala entre el Cielo y la tierra es transitada por los Ángeles contribuyendo de forma especial a la obra de la Redención. Algunos descartan a los Ángeles del escenario del Plan de DIOS, aduciendo que DIOS se basta para darnos sus gracias, dones y bendiciones. Puestos al límite del argumento, decimos que DIOS tampoco precisa de los hombres, ni de la Creación que vemos con nuestros ojos. Pero la presencia de los Ángeles es una constante a lo largo de la Escritura y de forma más intensa en el Nuevo Testamento. No existe área de la actividad humana, que contribuya a la extensión del Reino de DIOS, que no tenga interés para los Ángeles. Siempre tendremos un motivo para recurrir a la colaboración y ayuda angélica cuando contribuyamos a la extensión del Reino de DIOS.

La Vida se abre paso

La Escritura nos es dada para que sirva de guía segura, conocimiento de DIOS y también de la condición humana. Hoy la primera lectura trae cinco versículos del libro del Deuteronomio, que cierra el Pentateuco, la Ley o la Torá. Los mandatos aquí recogidos siguen siendo válidos o de urgente aplicación. Santiago en su carta llama la atención a los que oyendo la Palabra de DIOS la desatienden (Cf. St 1,22-25). El libro del Deuteronomio se expone a los israelitas cuando están a punto de entrar en la tierra Prometida, y Moisés lo hace como una relectura o meditación de la Ley entregada por el SEÑOR en el Monte Sinaí (Cf. Ex 20,1ss). La permanencia en la Tierra prometida está en función del cumplimiento de esta Palabra que tiene como núcleo fundamental el Amor a YAHVEH, y como contrapartida el destierro de todos los ídolos que al entrar en esta Tierra encuentren a su paso. La Escritura es fuente de Vida, pues en ella se declaran los misterios de DIOS que están dispuestos a ser revelados y es preciso conocer: “las cosas secretas pertenecen a YAHVEH nuestro DIOS, pero las cosas reveladas nos atañen a nosotros y a nuestros hijos para siempre” (Cf. Dt 29,28). Los padres tienen una obligación especial de transmitir el conocimiento de DIOS a sus hijos. La tradición oral se convierte en uno de los principales activos de la religión judía. El final del capítulo treinta termina diciendo: “escoge la Vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando a YAHVEH tu DIOS, escuchando su voz y viviendo unido … “ (Cf. Dt 30,19-20).

Resultado de escuchar a YAHVEH

“Si tú escuchas a YAHVEH tu DIOS, guardando sus mandamientos y sus preceptos, lo que está escrito en el libro de esta Ley. Si te conviertes a YAHVEH tu DIOS con todo tu corazón y con toda tu alma” (v.10). La escucha activa de la Palabra del SEÑOR es la conversión del corazón. Desde el centro de nuestra personalidad hemos de girar hacia la Luz de DIOS, como si de un girasol se tratase que busca la luz del sol. Quien escucha al SEÑOR se deja moldear por ÉL, y va sustituyendo sus propios modos de comportarse con lo que encuentra en los distintos mandamientos o preceptos, como provenientes de la santa Voluntad de DIOS. Después de proponer esta lectura segunda de la Ley, queda emplazada su lectura íntegra al Pueblo cada siete años por la celebración de la fiesta de la Tiendas, que se celebraba en septiembre (Cf. Dt 31,10). Se insiste que sea escuchada también por los niños, aunque no hayan llegado a la edad de la discreción. La posesión de la Tierra Prometida es un apartado muy especial de la bendición de DIOS, y la posesión o permanencia en la misma está condicionada al cumplimiento de la Ley contenida en este libro. Hay que conocer y poner en práctica la Ley para permanecer en la Tierra Prometida, pues Israel nunca podrá valerse por sí mismo, pues estará siempre superado en lo económico y militar por los pueblos de alrededor. Las potencias colindantes serán siempre una amenaza para Israel, que sólo cuenta, en realidad, con la protección del SEÑOR.

Mandamientos adecuados

“Estos mandamientos que YO te mando hoy no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance” (v.11). El debate sigue manteniéndose: ¿existe o no una Ley Natural impresa en el corazón del hombre? De existir esta Ley Natural, ¿es el Decálogo la expresión más precisa? Para los que contestamos afirmativamente, la cosa no tiene mayor dificultad, pero se debe reconocer que la argumentación puede complicarse. El Decálogo, o las Diez Palabras, es más que un código ético, pues establece inicialmente los principios que hacen posible las relaciones del hombre con DIOS. El cimiento ético podría establecerse en el principio de “haz el bien y evita el mal”, que intuimos más simple y elemental que, evita el mal y no hieras o mates. Evita el mal y respeta a tu mujer y a la mujer de tu prójimo. Evita el mal y no robes. Evita el mal y no calumnies o declares falsamente en un juicio. Evita el mal y no atentes contra la propiedad de tu prójimo ni si quiera de forma intencional. Parece fácil, pero la experiencia cumulada del comportamiento grupal nos dice que esta pasividad o inacción ante el mal no es tan controlable, pues el ser humano tiende a reafirmarse en lo que hace; y esta tendencia a la autoafirmación es un hacer con un amplio abanico de repercusiones. En las Diez Palabras se entiende que el hombre es religioso por naturaleza, pero delata la perturbación existente en el corazón humano que se puede desviar hacia los ídolos. Como medida preventiva se establece la exigencia de excluir cualquier imagen de la Presencia inefable e insondable de DIOS, que no puede ser confundido con criatura alguna.

Acomodados a las propias fuerzas

“Estos mandamientos que YO te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance” (v.11). La plasticidad del alma humana es muy grande y un cúmulo de factores va troquelando la propia identidad a lo largo del tiempo. Tal cosa tiene sus grandes ventajas y distintos inconvenientes. Las fuerzas personales se pueden ver muy favorecidas si forjamos círculos virtuosos en el comportamiento. Según el profeta Miqueas, “DIOS nos pide que lo amemos, hagamos justicia y caminemos humildemente en su presencia” (Cf. Mq 6,8). Al cabo de varias décadas el hombre religioso, fiel y esforzado podrá ver cómo se concreta esta máxima. La soberbia y la altanería darían al traste con ese tipo de espíritu. San Pedro declarará, que ni ellos ni sus padres fueron capaces de cumplir la Ley (Cf. Hch 15,10). Es muy posible que sin la ayuda de la gracia la mayoría de los fieles no daríamos un paso firme en la línea de los principios éticos y espirituales más básicos. El hombre estaba preparado por propia naturaleza para grandes cosas, pero debió ser muy grande el desastre moral y espiritual originado por el pecado, que en último término es dominio del ángel caído.

Sentido común

“No están en el Cielo para que hayas de decir, ¿quién subirá por nosotros al Cielo para que los oigamos y los pongamos en práctica? Ni están al otro lado del mar, para que hayas de decir, ¿quién irá por ellos para que los oigamos y los pongamos en práctica? (v.12-13). Si del Cielo bajó el precepto fue para quedar plasmado en la Escritura con un lenguaje humano reconocible, de tal forma que por una proximidad osmótica la Palabra traspasa las fibras del corazón para inundar el alma del hombre. Lo que estaba en el Cielo o en las profundidades del Misterio, ahora se encuentra al alcance del hombre que se convierte en buscador. Los mandatos del SEÑOR, o sus Diez Palabras, son una modalidad de la Palabra del SEÑOR que baja del cielo como llovizna que empapa la tierra, la hace fecunda, germinan las semillas, y la evaporación devuelve la humedad sobrante en un proceso de retorno. La llovizna inicial asemeja a la Palabra que viniendo a este mundo no emprende la vuelta hasta que cumple su misión (Cf. Is 55,11).

Somos parcelas de DIOS

“La Palabra está muy cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica” (v.14). La Palabra de la Escritura está para hacerse íntima al fiel dispuesto a escucharla como un discípulo sinceramente interesado (Cf. Is 50,4). JESÚS dirá que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Cf. Lc 6,45), y el corazón tiene sus condiciones para ser receptivo y almacenar lo bueno y verdadero. La misión de los profetas a lo largo de los siglos fue la de actualizar el Amor de DIOS en cada tiempo o época. Los distintos preceptos se hacen llevaderos y son aplicables, si establecemos las bases que hacen posible el Amor a DIOS. San Juan en su primera carta se revela como maestro de la vigencia del Amor al hermano como sacramento vivo del Amor a DIOS. Llegados a este punto desaparecen las proposiciones negativas para orientar.

La propuesta capciosa

El narrador del evangelio nos avisa que a renglón seguido va a contar la escena de un legista, que tras una pregunta aparentemente inocente trata de tentar o desafiar a JESÚS. Un legista, doctor o rabí, es alguien con autoridad religiosa que trata de fijar una doctrina o enseñanza. En los evangelios estas figuras son personajes poco amables con JESÚS, que buscan por otra parte la confrontación, y si fuera posible la descalificación de JESÚS y sus enseñanzas. Los sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas recogen las escenas de controversia principalmente en las cercanías de la Pasión, como si la tensión entre los grupos oponentes a JESÚS fuera creciendo en intensidad. Los versículos que siguen, del evangelio de este domingo, pertenecen al capítulo diez de san Lucas, y continúan prácticamente lo expuesto el domingo anterior sobre el envío evangelizador y la vuelta gozosa de los discípulos. La aparición de este legista que pretende descalificar a JESÚS es el obstáculo o la piedra en el camino que podrían haberse encontrado los discípulos en su misión, pero lo afronta el propio JESÚS.

El MAESTRO está hablando…

“Se levantó un legista y le dijo para ponerlo a prueba, MAESTRO, ¿qué he de hacer para tener en herencia la Vida Eterna?” (v.25). JESÚS les había dicho a los discípulos recién llegados, que estuvieran alegres por el hecho de saber que sus nombres están escritos en el Cielo, pues lo que vale al final es la santidad y no los carismas personales que podrían ser fuente de vanagloria. Por otra parte, ellos ya eran unos privilegiados, pues estaban asistiendo a lo que los profetas habían anunciado sobre los tiempos mesiánicos, “pues muchos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron” (v.24). Hasta cierto punto era previsible que si alguno relacionado con el Templo presenciaba los comentarios de los discípulos y las palabras de JESÚS, se levantase aludido y descalificado. Él también aspiraba a la vida eterna y no estaba en el grupo de discípulos; y tampoco había tenido la gratificación espiritual de ver signos extraordinarios. En la escuela de este MAESTRO itinerante, ¿tiene este legista posibilidades de acceso a la Vida Eterna, o es una secta cerrada para unos cuantos privilegiados? La pregunta del legista es pertinente, y exteriormente parece tener inquietudes espirituales. Este legista está próximo a la facción de los fariseos, que creen en la Vida Eterna, los Ángeles y la pervivencia de las almas e incluso la resurrección de los muertos al final de la historia. Si no fuera la advertencia del evangelista, por la pregunta no podríamos deducir que el personaje presentaba una intención torcida.

Se evita la polémica

“JESÚS le dijo, ¿cómo está escrito en la Ley, como lees?” Recordemos que una pregunta similar se la había formulado a JESÚS un hombre rico (Cf. Mc 10,19), que se preocupaba también por su Salvación, o por la Vida Eterna. En aquel caso fue el mismo JESÚS quien le recordó el cumplimiento de los Mandamientos, que bien observados atraerían sobre él las gracias necesarias para seguir avanzando en el camino espiritual. Además, san Marcos, añadirá que ante la respuesta positiva del hombre rico, “JESÚS se lo quedó mirando y lo amó” (Cf. Mc 10,21). Este es un momento de elección y destino, al que aquel hombre rico no respondió en ese momento, pero no sabemos lo que en un futuro ocurriría, pues ese encuentro no lo podría borrar de su memoria. Pero el caso de este legista es distinto, y JESÚS quiere que él mismo responda con los instrumentos a su alcance, que son suficientes para iniciar el camino y llegar así al conocimiento perfecto o Vida Eterna.

Doctrina correcta

“El legista responde: amarás al SEÑOR tu DIOS con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo” (v.27). JESÚS conoce al legista y sabe de sus capacidades. El legista o doctor de la Ley responde con una cierta alteración del Shemá según es dado por el libro del Deuteronomio (Cf. Dt 6,4-9). Todo lo que la Ley refiere como obligaciones hacia el prójimo queda resumido en el precepto de amarlo como a uno mismo (Cf. Lv 19,18). El doctor de la Ley entiende que la Vida Eterna es posible solamente porque DIOS nos ama. DIOS ha elegido a Israel como Pueblo suyo no porque sea el más grande y poderoso, sino por razón de su benevolencia: DIOS ha elegido a su Pueblo por Amor (Cf. Dt 7,6-11). El fiel creyente quiere vivir en continua relación de Amor con DIOS, prestando especial atención a lo que para DIOS es lo más importante: sus hijos. El doctor de la Ley se estaba acercando al Mensaje de JESÚS, a pesar de sus turbias intenciones iniciales.  Para construir el Reino de DIOS en este mundo es necesario poner en movimiento el Amor a DIOS en todas las manifestaciones posibles. El signo visible del Amor a DIOS está en el Amor al prójimo o la fraternidad cristiana. Este es el argumento de la primera carta de san Juan que muestra de modo inseparable el Amor a DIOS y el Amor a los hermanos. El doctor de la Ley tiene aspiraciones por la Vida Eterna, pero aún no ha descubierto que tal cosa depende de la Resurrección de JESÚS.

Reválida aprobada

“JESÚS dice al doctor de la Ley: has respondido bien, haz eso y vivirás” (v.28). El hombre poseía una sana doctrina y tenía las ideas claras. JESÚS le dice que está en el recto camino. Siguiendo esa dirección no le faltará la ayuda espiritual que viene del Cielo para completar el camino de perfección. No había surgido motivo de polémica alguna, aunque el evangelista avisa al principio que el legista tiene ánimo de tentar a JESÚS. Casi rendido el personaje y sin más argumentos pregunta a JESÚS por el prójimo. Ciertamente no todos los prójimos son iguales, y unos están más próximos que otros. Están los prójimos del ámbito familiar y aquí encontramos niveles diferentes. Están los prójimos de las amistades, que percibimos a cada uno de forma distintas. En el espacio laboral nos relacionamos con personas de centros de interés muy distintos. ¿Mi enemigo sigue siendo prójimo?  El evangelista avisa de una nueva intención por parte del doctor de la Ley: “El legista queriendo justificarse pregunta a JESÚS: ¿quién es mi prójimo? JESÚS responde poniendo en una parábola lo que ÉL está realizando con cada hermano suyo en este mundo, y el listón se eleva por encima de las posibilidades del legista y de cualquiera de sus discípulos.

Un hombre malherido

“Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que después de despojarlo y golpearlo lo dejaron medio muerto” (v.29-30). JESÚS no duda o titubea a la hora de fijar quién es el prójimo y responde, como siempre, de forma adecuada a la cuestión abierta de su interlocutor. El prójimo es un hombre cualquiera, que tendrá en breve tiempo un estado de máxima gravedad. Para algunos judíos no presentaban el mismo rango como prójimos o perteneciente al Pueblo elegido, un extranjero, un esclavo o un niño; alguien conocedor de la Ley o un ignorante de la misma; un campesino analfabeto o un letrado. Una de las lecturas de esta parábola va referida al propio JESÚS que viene a redimir al hombre, a todo hombre, a cualquier hombre; y de forma especial al hombre caído en desgracia que desciende por la pendiente de la existencia, hasta que las fuerzas hostiles a ese hombre lo dejan medio muerto. Jerusalén simboliza el estado de bendición donde reina la Paz. Este hombre se desliza por la pendiente que lo lleva a la vorágine de las pasiones y de camino es desnudado, desvalijado, golpeado, hasta que lo dan por muerto aquellos salteadores. En aquellos tiempos los viajes entrañaban un gran peligro, precisamente por la presencia de las bandas organizadas para asaltar y robar. Los que viajaban debían hacerlo con cierta protección en grupos organizados y librarse así de los salteadores. Por tanto la escena que narra JESÚS es conocida.

Un hombre malherido

“Casualmente bajaba por aquel camino un sacerdote y al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pasó también un levita que lo vio, dio un rodeo y pasó de largo. Pero pasó un samaritano, que también iba por aquel camino, llegó junto a él y sintió compasión” (v.31-33). La narración no dice la dirección que llevaban el sacerdote y el levita, simplemente se precisa que pasaban por allí. Tocar un cadáver provocaba impureza ritual, por lo que el sacerdote y el levita de tener alguna función en el Templo quedarían inhabilitados ese día. Pero queda sugerida una acusación velada, o no tanto, hacia la formalidad de la pureza ritual, que se ponía en el primer lugar de cualquier otra cosa.  El hombre no estaba muerto, aunque presentaba numerosas heridas. El comportamiento del samaritano es un espejo en el que los clérigos quedan muy mal parados. La mayor parte de las traducciones dicen que “dieron un rodeo y pasaron de largo, sin la más mínima compasión por el estado real del malherido”. El samaritano, considerado como un pagano, siente compasión ante el estado lamentable del hombre asaltado y golpeado. La formalidad religiosa de unas normas de pureza ritual bloquean la compasión y la misericordia. Aquel legista está recibiendo un baño de realidad, quedando en entredicho su creída superioridad religiosa. El samaritano se acerca, compadece y se hace cargo del hombre malherido.

Primeros auxilios

“Acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino, y montándolo sobre su propia cabalgadura lo llevó a una posada y cuidó de él” (v.34). El samaritano interrumpe su viaje y lo reajusta a la urgencia de salvar la vida del hombre desconocido y asaltado por unos bandidos. Además, el samaritano realiza funciones reservadas hoy a cualquier técnico sanitario y no lo deja hasta que aquel hombre pueda ser atendido por el dueño de la hospedería. El samaritano no pasó de largo, o se quitó al herido de encima, dejándolo sin más atención en la posada. Aquel hombre considerado de escasa cualificación religiosa muestra un nivel de humanidad muy superior, a los que parecen estar próximos a las cosas de DIOS que tendrían que hacer honor a la religión profesada. Las derivadas de los comportamientos expuestos tienen una capital importancia. La cercanía a las instituciones religiosas debería repercutir en mayor santidad, Amor a DIOS y Amor al prójimo, pero no siempre es así. JESÚS no pretende invalidar a los representantes de la religión de Israel, pero su trayectoria y predicación debería interpelarlos en orden a la conversión, pues sus rodeos que los hacen pasar de largo por las verdaderas necesidades de los hombres, hace que su religiosidad pueda ser estéril.

Al día siguiente

“Al día siguiente, sacando dos denarios se los dio al posadero y le dijo: cuida de él, y lo que gastes de más, te lo pagaré cuando vuelva” (v.35). El samaritano podía reanudar su viaje y era conocido del posadero que visitaba con cierta frecuencia, pues quedaba en la ruta que él cubría. Aquel hombre medio muerto con los cuidados se había recuperado bien, pero necesitaba ciertas atenciones, que le podría dispensar el posadero, y él se las costearía. Con dos denarios se podría cubrir los gastos, pero si originasen imprevistos, a la vuelta los saldaría. Todas estas secuencias vistas una por una dan una idea que la compasión del samaritano no fue un melifluo sentimiento, vaporoso y evanescente. La compasión de este samaritano es una poderosa fuerza que pone a disposición de la persona necesitada los recursos precisos. La Redención es el mayor acto de compasión. El Amor Compasivo y Misericordioso es el que mueve al REDENTOR en todas sus acciones. Acertaba Bartimeo cuando reclamaba la atención de JESÚS, que iba de Jericó a Jerusalén, y gritaba: “JESÚS, hijo de David, ten compasión de mí” (Cf. Mc 10,47-48) JESÚS da dos denarios a la Iglesia, la Palabra y los Sacramentos, para que sane y atienda a todos los heridos y golpeados. El SEÑOR resolverá todas las cuentas pendientes en su Segunda Venida.

Legista distante

“JESÚS pregunta al legista: ¿cuál de estos tres te parece que se comportó como prójimo del que cayó en manos de los salteadores? El legista contestó: el que practicó la Misericordia con él. JESÚS le dijo: vete y haz tu lo mismo” (v.36-37). Después de exponer el caso aplicado del Buen Samaritano, JESÚS vuelve a poner la cuestión a la consideración del legista, que de cierta forma lo tenía fácil en la respuesta y establece una ecuación, que JESÚS da por válida: el prójimo es el que es correspondido por la compasión de otro. Este legista que desprecia a los samaritanos, ni lo nombra, pero reconoce que fue de los tres el que manifestó compasión y Misericordia hacia el hombre asaltado y medio muerto. JESÚS concluye, diciéndole: “vete y haz tú lo mismo”, y la Vida Eterna está a tu alcance.

San Pablo, carta a los Colosenses 1,15-20

La comunidad de Colosas va creciendo en la Fe, pero no le faltan propuestas para hacer descarrilar el camino evangélico emprendido. Esta carta tiene algunos contenidos similares a la carta a los Efesios, pero en esta resalta el énfasis del Apóstol sobre la centralidad de CRISTO muy superior a todas las jerarquías angélicas; que, por otra parte, le están sometidas. Los primeros versículos de la carta son amables y reconocen el progreso en la Fe: “damos siempre gracias a DIOS, PADRE de nuestro SEÑOR JESUCRISTO, al tener noticia de la Fe en CRISTO JESÚS, y de la Caridad que tenéis con todos los santos” (v.4). Estos cristianos de Colosas presentan un fundamento en cierta medida modélico, pues viven la aspiración de la Esperanza cristiana que dejó en ellos la predicación del Evangelio, que es la Palabra de la Verdad. Esta proclamación es la Gracia de DIOS, que es recibida con profundo agradecimiento y ser aptos para participar en la herencia del Pueblo Santo en la Luz, que es el mismo JESUCRISTO, por quien nos es dado el perdón de los pecados.

DIOS se revela en su HIJO

“ÉL es imagen de DIOS invisible, Primogénito de toda la Creación” (v.15). CRISTO se ha hecho visible en JESÚS de Nazaret. El UNGIDO de DIOS es inseparable del PADRE y de la unción del ESPÍRITU SANTO; por lo que la humanidad de JESÚS recoge toda la plenitud de la Divinidad. JESUCRISTO no es Primogénito en cuanto primero entre las criaturas, sino que hemos de entenderlo como AQUEL que existía en el PADRE antes de todo lo que es visible e invisible: antes del universo visible y de todas las jerarquías angélicas.

ÉL es el VERBO creador

“En ÉL fueron creadas todas las cosas, en el Cielo y en la tierra” (v.16). La Escritura nos revela que todo fue puesto en la existencia por el VERBO creador. Las cosas visibles de este inmenso universo tienen como causa origen a la PALABRA creadora. El mismo origen tienen todos los Ángeles de los distintos coros angélicos. Todo fue creado por la PALABRA, y todos estamos llamados a reflejar la impronta del VERBO, del que somos su imagen y semejanza; y todos poseemos una tendencia de finalidad hacia la perfecta unidad con el VERBO por toda la eternidad.

Mundos invisibles

“Las realidades invisibles:  Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades, todo fue creado por ÉL y para ÉL” (v.16b). Las realidades angélicas invisibles nos sobrepasan en una magnitud poco imaginable. Los mundos de los Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades, no tiene que ver con los planteamientos basados en la física cuántica que pretende dar ciudadanía a los universos paralelos o multiverso. Las proyecciones cuánticas para elaborar mundos espirituales representan la versión moderna de las antiguas desviaciones que cundían entre los de Colosas con respecto a los Ángeles. Las realidades invisibles formadas por las jerarquías angélicas y cada Ángel en particular corresponden a dimensiones netamente espirituales, que supera cualquier realidad física por sutil que ésta sea.

Todo está en CRISTO

“ÉL existe con anterioridad a todo, y todo tiene en ÉL su consistencia” (v.17). Coincide con el primer versículo del evangelio de san Juan: “en el principio ya existía el VERBO… (Cf. Jn 1,1a). Antes del origen de las cosas el HIJO desde toda la Eternidad estaba siendo engendrado por el PADRE: “HIJO mío eres TÚ, YO hoy te he engendrado…” (Cf. Slm 2,7). El Salmo segundo nos permite una cierta paráfrasis que se percibe sin fisuras con el contenido preciso de esta revelación. Todo tiene en CRISTO su consistencia, porque es consubstancial al PADRE que lo engendra.

Cabeza de la Iglesia

“ÉL es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia. ÉL es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que ÉL sea el primero en todo” (v.18). JESUCRISTO es la Cabeza de la Iglesia que está formada por todos los bienaventurados y todas las jerarquías angélicas. La Creación de todas las cosas va encontrando su restauración plena en la Iglesia de la que CRISTO es la Cabeza. A lo largo de los siglos la Iglesia tiene por objetivo principal cristificar todos los ámbitos de la vida humana, y en este proceso tienen un papel propio todos los Ángeles, que según la carta a los Hebreos, tienen por misión favorecer y asistir a todos aquellos que estén destinados a la Salvación. JESUCRISTO es el primero en todo, porque es el Primogénito de entre los muertos. Así sucedió con la muerte en Cruz. Resucitando de la muerte destruyó el poder de la muerte y recogió de las regiones del Sheol a todos los que esperaban la Redención. En el Apocalipsis leemos: “estaba muerto, pero ahora vivo, y poseo las llaves de la muerte y del abismo…”. JESUCRISTO es el VIVIENTE, que vive por los siglos de los siglos (Cf.  Ap 1,18).

La plenitud de todo

“DIOS tuvo a bien hacer residir en ÉL toda la plenitud” (v.19). La perfección total del hombre sólo se puede lograr en CRISTO, pues es ÉL quien posee la perfección que el hombre puede recibir. Los propios Ángeles encuentran el sentido pleno de su condición angélica cuando se disponen al servicio del VERBO encarnado. Toda bendición, don o carisma es dispensado por el ESPÍRITU SANTO gracias al tesoro de Gracia.

Reconciliación universal

“DIOS ha dispuesto reconciliar en ÉL todas las cosas, pacificando por la sangre de su Cruz lo que hay en la tierra y en los Cielos” (v.20). San Pablo dirá en otra parte que a los Apóstoles se les ha encargado el ministerio de la reconciliación, pues DIOS está en CRISTO reconciliando consigo todas las cosas (Cf.  2Cor 5,18ss). El gravísimo obstáculo del pecado sólo podía ser resuelto por el HIJO encarnándose en nuestra naturaleza humana, como lo hizo a través de la persona de la santísima VIRGEN MARÍA. La Paz llegó a los Cielos y a la tierra, porque la infinita Misericordia venció al odio, a la muerte y al pecado. Es indiscutible que JESUCRISTO es el SEÑOR en los Cielos y en la tierra.

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