El poder de las palabras

Adriana Franco Sampayo

Las palabras tienen el poder de cambiar lo que pensamos, atesoran la voluntad de dar una nueva visión a lo que tenemos en frente y sobre todo tienen la maravillosa capacidad de aliviar y dar paz.

Cuando logramos utilizar o dar otra forma a nuestros mensajes, la idea que tenemos y lo que pensamos sobre ello puede cambiar completamente.

Las palabras tienen el poder de cambiar lo que pensamos, es decir, pasar de un “no puedo lograrlo “a un “lo lograré”, pero si está en nuestras manos de usar los términos que solo traen dificultades como: el “siempre”, el “nunca”, el “tengo que “, el “debo de” …y pasar a emplear palabras que nos ayuden como “puede que nunca haya salido bien, pero hoy es otro día, lo intentaré. El lenguaje que utilizamos nos lleva a ver la realidad de una forma u otra, no es lo mismo decir “esto es imposible de conseguir” a decirnos puede que sea difícil, pero al menos tengo que intentarlo”.

Las palabras tienen un gran peso, pueden edificarnos o herirnos.

Las palabras pueden incluso ser el filtro desde donde interpretamos y damos lectura al mundo. Pueden ser expectativa, anclas que pesan y nos quitan libertad; pueden incluso construir muros y separarnos de aquellos que amamos. Pero también son puente, canal de expresión, de oportunidad y de reparar.  Es trasmitir una forma distinta de estar en la vida y en las posibilidades que regalan esperanza.

Probemos a cambiar las palabras que dirigimos a los demás y a nosotros mismos; encontremos las que son adecuadas y sean positivas y funcionales. Quizá cambiando solo la forma de decirlo, ya cambiemos el contenido. El  lenguaje  está a nuestro servicio para ayudar y dar forma a nuestra mente y nuestras ideas; seamos escritores de nuestras vidas y hagamos un guion lleno de fuerza y mensajes que impulsen y no nos limiten. Hacerlo puede ser sencillo y la diferencia entre ponerlo en práctica y no hacerlo es muy grande.

Las palabras son encuentro cuando van expresadas desde el corazón, acompañadas de una clara intención, dan sentido, luz, calor… algunas quedan tatuadas, transforman vidas. Elige palabras que sostienen, elige aquellas que vienen del amor. Cuida la calidad de las palabras.

Gracias a todos aquellos que han sembrado palabras de aliento que hoy son vida, han sido ruta, camino de fe y de esperanza. 

De la abundancia del corazón habla la boca. (Lc. 6-45)

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Madre de familia, emprendedora y docente universitaria. Su vida profesional y personal se caracteriza por el contacto cercano con las personas y la convicción de que cada individuo posee una dignidad única y una vocación trascendente. Su vocación está centrada en acompañar y formar, tanto en el ámbito académico como en la vida cotidiana, impulsando siempre el valor de la educación y del esfuerzo constante como bases para el crecimiento integral. Fiel a sus principios, sostiene que la familia es el pilar fundamental de la sociedad, lo que la ha llevado a comprometerse activamente en la promoción de la participación ciudadana, así como en la defensa de la vida, de la familia y de las libertades fundamentales. Su trayectoria está marcada por la certeza de que cada acción, por pequeña que parezca, puede dejar huella y contribuir a la construcción de un mundo más humano, justo y solidario.