El bautismo del Señor

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el Domingo del Bautismo del Señor.

Con esta solemnidad de El Bautismo del Señor concluye el ciclo de sus manifestaciones. El 25 de diciembre Jesús se reveló a los pobres representados en María, José y los Pastores. En la solemnidad de la Epifanía, se manifestó a los gentiles, simbolizados por los Magos. En esta fiesta del Bautismo del Señor, podemos decir que es otra manifestación de Dios, ahora al Pueblo de Israel. Un Dios que muestra la identidad de Jesús en aquella voz que dijo desde el cielo: “Este es mi Hijo muy amado en quien tengo mis complacencias”. Con esta fiesta se cierra el tiempo de Navidad para introducirnos en la liturgia del tiempo Ordinario que empieza el día de mañana.

La llegada del Mesías era esperada por todo israelita; necesitaban un libertador del dominio romano, ya que los impuestos al Imperio y al Templo los estaban acabando. Podemos imaginar el deseo de ser liberados del yugo romano y de los caprichos del rey Herodes, de allí que, al darse cuenta de aquel predicador en el desierto, que anunciaba un bautismo de conversión, renace la esperanza; acuden a él, pensando que es el Mesías.

En medio de la gente y con una actitud humilde, Jesús se acerca a recibir el bautismo; no porque necesitara bautizarse o expresar su conversión, si no que, recibe el bautismo en solidaridad con la humanidad. La misma Escritura lo dice: “Cargó con nuestros pecados”. Jesús ha sido siempre Hijo de Dios, pero en este momento asume la condición de Siervo obediente, movido por el Espíritu, para fundar una humanidad nueva, libre del pecado y plenamente fiel. Vemos a Jesús caminar en medio de la gente hacia el Bautista, mezclado con los pecadores que buscaban su conversión; un Jesús insertado en la realidad que vive aquel pueblo, no es ajeno a los anhelos de sus paisanos. Jesús ha vivido en carne propia la opresión de los poderosos: de niño el exilio a Egipto y después el flagelo de los impuestos.

Podemos hablar de dos momentos en el Evangelio de San Mateo:

1°- El diálogo entre Jesús y el Bautista. En este diálogo, manifiestan un mutuo conocimiento entre ellos; Juan se resiste a bautizarlo, pero accede porque Jesús se lo ordena.

2°- Durante el bautismo. Acontece la teofanía, Dios se manifiesta. El Espíritu que se posa sobre Jesús y la voz del Padre marcan y sellan la identidad de Jesús, su procedencia. Se terminan así las expectativas, Juan no era el Mesías, sino su precursor; en Jesús la espera ha llegado a su fin; el Salvador está presente.

Hermanos, no sólo pensemos en el Bautismo del Señor, hagamos también memoria de nuestro Bautismo, valorémoslo, ya que el bautismo nos hace hijos de Dios y también somos sus predilectos; debemos vivir como hijos suyos; permitir que el Espíritu Santo guíe nuestras vidas; que ese fuego del Espíritu nos ayude a vencer nuestra inclinación al mal. Que caminemos unidos mostrando en actitudes lo que significa ser hijos de Dios. Es un gran compromiso que tenemos como cristianos.

Somos conscientes de que en el mundo en el cual vivimos, la cuestión religiosa ha perdido significancia y el impacto lo vemos en los sacramentos. El bautismo pareciera que es un asunto de costumbre o un pretexto para hacer una fiesta social, ya que se solicita el sacramento y se trata de evitar cualquier compromiso. Así, encontramos muchos “peros” a la hora de solicitar el bautismo por parte de los papás. Se quejan de las pláticas prebautismales; se quejan de que se piden padrinos que estén bien casados o bien solteros; se quejan del día y del horario del Bautismo, etc. Pareciera que cada papá desea que el bautismo de su hijo sea individual y a la carta, haciendo a un lado el sentido de comunidad. En nuestra cultura se ha ido perdiendo el sentido de los padrinos, quienes están llamados a ser guías, pero prevalece el sentido del compadrazgo. Se buscan compadres, no a personas que lleven una vida religiosa bien, más bien los papás buscan personas con las que tienen algún vínculo social o desean tenerlo. El bautismo parece que se solicita por costumbre, se olvidan que es el sacramento de la iniciación cristiana; que existe un cambio en el niño: “entra siendo creatura de Dios y sale siendo hijo de Dios”. En el bautismo los papás y padrinos adquieren un compromiso de educar al niño en la fe; aunque se les pregunta sobre este compromiso, pareciera que ni se dan cuenta. Hacen las promesas bautismales, renuncias a Satanás y profesión de fe y lo hacen muchas veces sin saber realmente en lo que creen.

Hermanos no permitamos que nuestros sacramentos caigan en ritos vacíos, ritos carentes de significado; que sólo sean pretextos para eventos sociales. Como bautizados, debemos mostrar con acciones nuestra adhesión a Dios. Debemos apoyar y difundir una catequesis sobre el bautismo para que todos sepamos ¿qué es lo que significa ser bautizados? No nos quedemos en el bautismo de agua, permitamos que el bautismo que trae Jesús pulverice nuestros malos deseos, nuestros egoísmos y podamos vivir como verdaderos hijos de Dios.

Que importante que este domingo podamos hacer nuestras renuncias a Satanás y profesar la FE que un día nuestros padres y padrinos profesaron en nuestro nombre. Que nuestras renuncias sean concretas y que pensemos: ¿A qué debo renunciar? Quizá a nuestros egoísmos, a nuestros resentimientos, a la avaricia, a la soberbia, etc. Y la profesión de fe, que nos lleve a reflexionar: ¿Cómo es mi forma de creer? ¿Cómo expreso lo que digo creer? Esta profesión de fe hagámosla de forma consciente. Que sepamos en quién creo.

Por el bautismo pertenecemos a Cristo y esa pertenencia se debe expresar en nuestros actos. Nuestro bautismo implica: una fe comprendida, madura, que lleve al compromiso; es un cierto modo de ser y de actuar, semejante al de Jesús.

Preguntémonos: ¿Somos conscientes que en nuestro bautismo cada uno fuimos constituidos en sacerdote, profeta y rey? En breve veamos en qué consiste:

“Profeta”. El profeta es para hablar a los hombres de Dios. Es nuestra labor evangelizadora de anuncio y denuncia; de predicación con los hechos, con los gestos, con el amor. La primera lectura que escuchamos ya nos deja la reseña de Aquel profeta de cuyo ministerio participamos, dice: “Promoverá fielmente el derecho”. Hermanos, despacito, sin pausa, pero con firmeza, nuestra denuncia, nuestra aportación, tendrá sus frutos sin necesidad de reconocimientos, sin grandes ruidos, pero con la certeza de que, quietos no podemos ni debemos quedarnos ante las injusticias, las mentiras y engaños por los que es llevado este Pueblo que es de Dios.

“Sacerdote”. Somos sacerdotes para hablar a Dios de los hombres. La oración es nuestra manera de conectar, de ser punto de unión con nuestro Padre Dios, oración activa, oración inclusiva. Hay que ser sacerdote antes de ser profeta; hay que hablar a Dios de los hombres, antes de hablar a los hombres de Dios.

“Rey”. Somos reyes para vivir en el amor y la humildad de Jesús, servir, ofrecer protección a nuestros hermanos y animar para que haya justicia en nuestros hogares, en nuestras comunidades.

Pensemos: ¿Cómo estoy viviendo mi vida de cristiano en mi ser de profeta, sacerdote y rey?

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

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Obispo de la Diócesis de Apatzingan
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