La causa fundamental de casi todos los problemas de comunicación es que las personas no escuchan para poder entender, sino que escuchan para contestar. Lo que la mayoría de las personas en realidad quieren es que se les escuche, respete y entienda. En definitiva el saber escuchar es un arte que no todo el mundo puede hacerlo. Escuchar es procesar lo que estamos oyendo, darle un significado y hacer un esfuerzo por intentar comprender, desde el lugar del otro aquello que comparte con nosotros. Nuestra comunicación es esencial para mantener relaciones sanas. De ahí la importancia de la comunicación no violenta o empática.
Gran parte de nuestras relaciones se deterioran porque no sabemos comunicarnos e incluso muchos conflictos surgen por este motivo. Creemos que comunicar es hablar y se nos olvida la otra parte fundamental: escuchar. Todos necesitamos amar y ser amados. Por falta de conocimiento experimentamos dolor, malentendidos y nos herimos unos a otros. En las relaciones de pareja, en las relaciones con nuestros hijos, con nuestros compañeros del trabajo, con nuestras amistades, con nuestros empleados, etc. Podemos crear y mantener relaciones armónicas en las que todos nos podamos sentir satisfechos y profundamente acompañados.
Debemos evitar muros e incomprensiones, para ello debemos hacerlo desde una actitud positiva a la hora de escuchar y hablar, ponernos en el lugar del otro y tener la oportunidad de explicar nuestro punto de vista. Fijar la mirada en los ojos de las personas con las que entablamos conversación, de está forma, sabremos que le estamos prestando atención y estamos comprometidos con lo que está diciendo. El lenguaje no verbal puede expresar más que el lenguaje de las propias palabras. Escuchar con el corazón da como resultado una relación donde todos ganan.
El saber escuchar es un arte porque nos da pie a conocer lo que no sabemos, nos permite ver otras realidades y explorar emociones que nunca habíamos experimentado desde diferentes situaciones . Esto permite ayudar, también encontrar la mejor manera de hacerlo, nos acercamos a lo desconocido. Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón. Pro 4,20-21

