Dedicada al Salvador

Ezequiel 47,1-2.8-9.12 Salmo 45 1Corintios 3,9c-11.16-17 Juan 2,13-22

La familia Laterani cede los terrenos para que Constantino, después del Edicto de Milán, en el trescientos trece, declarada la libertad de culto en el Imperio, haga una basílica dedicada al SALVADOR del Universo. Es conocida esta construcción como la Basílica de san Juan de Letrán, pues también se alude, en realidad, a los dos juanes principales en el Nuevo Testamento: Juan Bautista, que es el Precursor de JESÚS y prepara su manifestación pública; y san Juan el Evangelista, quien sondea los grandes misterios de JESÚS, el HIJO de DIOS, que verdadero hombre al mismo tiempo nos revela grandes misterios sobre DIOS. Esta Archibasílica es la sede del Obispo de Roma, que es, a su vez, el Papa de la Iglesia Católica. Por razones de seguridad y otras eventualidades, el Papa no siempre residió en Roma, y su sede estuvo en Rávena, Avignon y, por fin el Vaticano, después de la etapa de Avignon, que concluyó el Cisma de Occidente. San Juan de Letrán fue la sede de cinco concilios ecuménicos, siendo el último en mil quinientos diecisiete, coincidiendo con la publicación de las noventa y cinco tesis contra las indulgencias, clavadas a la puerta de la iglesia de Wittenberg, por Lutero, para su discusión. Aquello fue el pistoletazo de salida para una cadena de malentendidos, desencuentros y oportunismos políticos, que desembocaron en la mal llamada Reforma Protestante. Habría que denominarla, en realidad, la Ruptura Protestante aprovechada por los príncipes electores alemanes, que se desligaron de Roma y se hicieron con todas las propiedades pertenecientes a la Iglesia Católica. Lo cierto es que el quinto Concilio de Letrán que se convocó para remediar los males dentro de la Iglesia Católica no produjo los efectos deseados, probablemente por no darse el verdadero interés en las medidas convenientes. Tuvo que convocarse años después el Concilio de Trento (1548-1563), y marcase unas directrices claras, pero en cierta medida llegaba tarde, pues la ruptura se había producido y se vivía en medio de guerras civiles en distintas zonas del imperio heredado por Carlos V, que lo era también de España. Pocos años después del Concilio de Trento surge el pontificado de san Pío V (1566 -1572), que unifica la liturgia, promulga el catecismo de acuerdo con el Concilio, apoya la cruzada contra los turcos que se concreta en la batalla de Lepanto, insiste en que cada obispo lo sea de una sola diócesis, y fomenta la formación del clero con la implantación de los seminarios. Todo aquel esfuerzo no pudo evitar unos años después la Guerra de los treinta años (1618-1648), que terminó con la Paz de Westfalia, pero dejó a la Cristiandad profundamente dividida y a las diversas naciones muy debilitadas. Las generaciones más jóvenes habían muerto en una lucha que se volvió inútil y el protestantismo no dejó de ocupar espacio religioso y político. La Cristiandad como vehículo de la Iglesia Católica, venía echando raíces en América. Durante más de trescientos años, la Hispanidad transmitió lengua, cultura, organización social y religión a los territorios descubiertos, que representaban la gran reserva espiritual de la Iglesia Católica. La Europa de las naciones se define a partir de la Ilustración y la Revolución Francesa (1789), y pronto la Iglesia notará sus efectos con la pérdida de los Estados Pontificios (1870), en plena celebración del Concilio Vaticano I, que no tuvo tiempo a deliberar más que la infalibilidad papal y ratificar la posición antimodernista de la Iglesia, que era la principal preocupación del papa Pío IX. En mil ochocientos cincuenta y cuatro, Pío IX, había declarado solemnemente el dogma mariano de la Inmaculada Concepción (1854), ratificado cuatro años después por la aparición de la santísima VIRGEN en Lourdes, a santa Bernardita. Dieciocho apariciones a santa Bernardette Soubirous, que dieron lugar a uno de los centros marianos y de espiritualidad más importantes, donde siguen dándose conversiones y curaciones físicas de enfermos desahuciados. El Obispo de Roma, Papa de la Iglesia Católica, reside en Roma desde los últimos siete siglos. Se puede considerar que desde 1417, tras el concilio de Constanza, que elige a Martín V como único Papa en Occidente, Roma es la sede del papado hasta hoy. Entre luces y sombras llegamos al evento más importante de la Iglesia en nuestros tiempos: el Concilio Vaticano II (1962-1965). Más de dos mil trescientos obispos de todo el planeta participaron de la sesión inaugural del Concilio, que los reunió en cuatro etapas. Este concilio fue iniciado por san Juan XXIII y continuado por san Pablo VI, que lo concluyó.

Beneficios del Concilio Vaticano II

El título de este apartado ya indica que se toma partido por las bondades del Concilio Vaticano II, que otros consideran un promotor de la protestantización de la Iglesia Católica. Los que alimentan esta postura lo hacen cargando las tintas sobre la devaluación de la Liturgia, que ya no es como antes. San Pío V, señalamos antes, unificó los ritos litúrgicos porque lo vio conveniente, pero no quiere decir que esa norma sea la panacea para todo lugar y tiempo. También es válida la imagen de la Iglesia naciente en Pentecostés, en la que cada uno de los presentes oyen hablar de las maravillas de DIOS en su propia lengua (Cf. Hch 2,6). Hace pocas fechas estuve en Fátima y es reconfortante escuchar la misma oración en distintas lenguas, dando así un claro ejemplo de la universalidad de nuestra Fe Católica. Pero volviendo al Concilio Vaticano II debemos fijarnos en los frutos inmediatos del mismo, que son los propios documentos. Cuatro constituciones apostólicas: Lumen gentium, sobre la Iglesia; Dei verbum, sobre la Divina Revelación; Sacrosanctum concilium, sobre la Sagrada Liturgia; Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual. Nueve decretos: Christus dominus, sobre la función pastoral de los obispos; Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros; Optatam totius, sobre la formación sacerdotal; Perfectae caritatis, sobre la renovación de la vida religiosa; Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos;  Orientalium ecclesiarum, sobre las iglesias orientales católicas; Ad Gentes divinitus, sobre la actividad misionera de la Iglesia; Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo; Inter mirificat, sobre los medios de  comunicación social. Tres declaraciones: Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa; Gravissimum educationis, sobre la educación cristiana; Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Han surgido deficiencias en la aplicación a de la doctrina dada por los documentos antes mencionados, pero el contenido de los mismos no ofrece mayores reproches, aunque algunos vengan a señalar grandes vacíos. Somos limitados incluso en la medida que aplicamos la Gracia recibida. Cabe formular algunas preguntas ¿Era conveniente precisar la santidad y lugar del laico en la Iglesia? ¿Era suficiente el manejo y comprensión de la Escritura por parte de la mayoría de los bautizados? ¿Tiene algo que ver los excesos litúrgicos con la constitución dogmática Sacrosanctum concilium? ¿Es insuficiente el capítulo ocho dedicado a la santísima VIRGEN MARÍA, en la constitución dogmática Lumen gentim?. Si la unidad de los creyentes es de máxima urgencia para el SEÑOR, ¿hizo mal el Concilio en aportar un documento para facilitar el diálogo entre los cristianos?. El diálogo con otras religiones no puede partir de la premisa sobre la igualdad o equiparación de todas las religiones, al menos la religión Católica no es igual que el resto por distintos hechos diferenciales, pero, ¿no puede haber algunos puntos de colaboración y encuentro en la acción social o caritativa?. Algunos están observando un renacimiento católico en distintos lugares, incluidas las sociedades occidentales entre las generaciones más jóvenes, incluso entre personas de referencias cristianas inexistentes. Algo se empieza de nuevo a mover en medio de corrientes sociales adversas y turbulencias internas dentro de la misma Iglesia.

Profeta en el destierro

Ezequiel tiene la misión o encargo de llevar la Palabra del SEÑOR al Pueblo que está en el destierro, en Babilonia. Los dos últimos capítulos del libro de Ezequiel hablan del Templo y de la reparcelación de la Tierra Prometida bajo juramento a los padres, de ahí que el último capítulo del libro resulte una promesa implícita del retorno que tendrá lugar dentro de cincuenta años. Muchos judíos se establecerán en la nueva tierra de la potencia invasora y no retornarán, pero otros responderán con nostalgia a lo que dice el Salmo: “en los sauces de sus orillas, colgábamos nuestras cítaras, mientras nuestros opresores nos invitaban a divertirlos: cantadnos un canto de Síon. ¿Pero cómo cantar un cántico de Síon en tierra extranjera?. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha; que se me pegue la lengua al paladar, si no me acuerdo de ti” (Cf. Slm  137). Otros tenían verdadera necesidad de la existencia del Templo donde realizar las ofrendas y los sacrificios. Ahora estaban en una tierra, en la que había distintos templos dedicados a ídolos que no podían ocupar el lugar de YAHVEH. No sólo el Templo había sido destruido y sus tesoros saqueados, sino que el Arca de la Alianza desapareció y presumiblemente fue desarmada para quitarle el oro que iría a parar al tesoro del rey Nabuconodosor. Ezequiel propone en estos versículos una imagen del Templo, en el que la ausencia del Arca de la Alianza no impide que la acción de DIOS se manifieste derivando del mismo. Cuando el Segundo Templo sea construido, el Santo de los Santos guardará la Sequina o Gloria de DIOS, que será la Divina Presencia que replicará la columna de nube que por el día guiaba al Pueblo por el desierto; así como la columna de fuego que iluminaba el campamento de los judíos en la noche (Cf. Ex 13,21). La finalidad del templo es acoger la Gloria de DIOS, creando así un espacio sagrado en medio de este mundo. Los judíos en el destierro reciben la profecía de su retorno y construcción del Segundo Templo, que será como antaño el núcleo vital de Jerusalén. El motor de la Ciudad elegida por el SEÑOR (Cf. Slm 132,14) es el Templo, que celebra sus fiestas y acoge a decenas de miles de peregrinos.

Mirando hacia oriente

“El Ángel me llevó a la entrada de la Casa y he aquí que debajo del umbral de la Casa salía agua en dirección a oriente, porque la fachada de la Casa miraba a oriente. El agua bajaba del lado derecho de la Casa al sur del altar. Luego me hizo salir por el pórtico septentrional y dar la vuelta por el exterior, que miraba hasta oriente y he aquí que el agua fluye del lado derecho” (Cf. Ez 47,1-2). Las imágenes aportadas por el profeta Ezequiel tienen finalidad profética, y no se quedan en la mera ilustración del mensaje hablado o predicado. El profeta recuerda perfectamente lo que recibió en sus éxtasis acompañado del Ángel como guía espiritual. De esta forma Ezequiel obtiene la interpretación correcta de las escenas que aparecen ante sus ojos espirituales. Oriente es el punto por el que se levanta el sol todos los días para que los hombres demos comienzo a todas las actividades, después de las horas de descanso necesarias. La orientación de la Casa del SEÑOR está dispuesta hacia el oriente, y de ella surge una corriente de agua que nace debajo del altar. La Casa del SEÑOR parece estar en un lugar con cierta elevación, pues la corriente baja y mientras discurre se va incrementando. Esta Casa del SEÑOR tiene alguna diferencia con respecto al Templo, pues en él discurría la sangre de los sacrificios de los animales. En esta Nueva Casa del SEÑOR nace una fuente de agua con resultados sanadores. Las aguas que nacen debajo del altar llegarán al mar hediondo y lo sanearán, además en las proximidades de las aguas regeneradas la tierra ofrecerá fertilidad para que produzca buenos frutos y plantas medicinales. Al leer de forma alegórica este texto nos trasladamos a la imagen de JESÚS en la Cruz con su costado derecho traspasado. Del costado de JESÚS nos dice san Juan en su primera carta, manan el agua, la sangre y el ESPÍRITU (Cf. 1Jn 5,7-9). “El agua, la sangre y el ESPÍRITU dan como resultado la acción de la Gracia, que es el Agua Viva prometida por JESÚS a la mujer samaritana (Cf. Jn 4,10.14). Babilonia es uno de los nombres que aluden a las condiciones que promueven el pecado. La vuelta a la patria espiritual es una aspiración para todo el que siente la opresión de la Babilonia que esclaviza y corrompe. Ezequiel anticipa varios siglos la aparición del Agua Viva regeneradora del mar hediondo del pecado.

Todo se regenera

“El Ángel me dijo: esta agua sale hacia la región oriental, baja a la Arabá, desemboca en el mar, en el agua hedionda, y el agua queda saneada. Por donde quiera que pase el torrente todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Los peces serán muy abundantes, porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo, y habrá vida allí donde llegue el torrente” (v.8-9). Ezequiel mira hacia un futuro perfectamente restaurado, como lo anuncia también el segundo Isaías: “ved que hago nuevas todas las cosas, ¿no lo notáis?” (Cf. Is 43,19-21). En el Paraíso -Jardín del Edén- no había plantas medicinales, porque el hombre y la mujer no las necesitaban, pues no se daba la enfermedad. Ahora DIOS quiere restaurar la salud de los hombres a través de las mejores plantas medicinales, que van a surgir de la fuente de la Gracia. Sin perder de vista la raíz espiritual de la acción de DIOS, también se puede incluir el restablecimiento de la buena salud cuando el hombre transformado por la Gracia vuelva favorable la misma tierra que quedó maldita por el pecado (Cf. Gen 3,17). Nada puede contener o agotar la Gracia, o Vida de DIOS, dispensada por JESÚS: “donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia” (Cf. Rm 5,21). Ezequiel contempla la sobreabundancia de la Gracia, en esa cantidad de agua que no es posible atravesar. DIOS no se rinde ni deja a un lado sus planes, aunque los hombres no correspondamos debidamente. Una y otra vez volverá a intentar reconducir la historia, respetando nuestra libertad, para que llevemos a término la mejor forma de vivir. El libro del Apocalipsis se hará eco de estos versículos cuando describa la Nueva Jerusalén: “A orillas del torrente, a una y otra margen crecerán árboles frutales cuyo fruto no se agotará y su follaje no se marchitará. Producirán todos los meses frutos nuevos, porque esta agua proviene del Santuario, sus frutos servirán de alimento y sus hojas de medicina” (v.12). Entre los dones que el ESPÍRITU SANTO nos dispensa los hay propicios para la curación y otros para el crecimiento espiritual. La Sabiduría, la Ciencia o el Conocimiento de las cosas espirituales y celestiales, fortalecen la dimensión espiritual. Por otra parte, el Sacramento de la Reconciliación, la oración de liberación o la Unción de Enfermos, son medios de Gracia para la curación espiritual principalmente. En la Bienaventuranza Eterna no necesitaremos de los medios para restablecer la salud, pues no existirá tipo alguno de enfermedad.

El Nuevo Templo

Al inicio del evangelio de san Juan, en el segundo capítulo, JESÚS se revela como el NOVIO y con la expulsión de los vendedores del Templo, se señala como el verdadero Templo en quien reside la Presencia de DIOS. Juan Bautista señaló a JESÚS inicialmente como “el CORDERO de DIOS que quita el pecado del mundo” (Cf. Jn 1,29). Este título no se puede omitir porque lo relaciona directamente con el Siervo de YAHVEH (Cf. Is 53,7-8). Más tarde, pasados días o semanas, algunos discípulos que permanecían al lado de Juan le informaron de las actividades de JESÚS y los discípulos, y Juan Bautista les aclaró: “el que tiene a la novia es el novio, pero el amigo del novio, el que le asiste y le oye se alegra mucho con la voz del novio. Esta es pues mi alegría, que ha alcanzado su plenitud. Es preciso que ÉL crezca y yo disminuya” (Cf. Jn 3,29-30). JESÚS es el NOVIO que se desposa con la humanidad, a la que tiene el encargo de redimir. El milagro que cambió el agua en vino, en la boda de aquellos parientes de JESÚS (Cf. Jn 2,1-11), da a entender el cambio que se está produciendo por su manifestación pública: el agua destinada a las purificaciones externas, y exigidas por la Ley quedan abolidas, y comienza un nuevo orden de cosas que va a ser establecido por la Nueva Alianza, que JESÚS sellará con su propia sangre anunciada en el vino surgido milagrosamente por su Poder. Aquel signo sirvió para manifestar su Gloria y acrecentar la Fe de sus discípulos” (Cf. Jn 2,11). La segunda parte del capítulo dos, cambia también el lugar geográfico, pues tiene lugar en el Templo de Jerusalén.

La primera fiesta de Pascua

“Se acercaba la Pascua de los judíos y JESÚS subió a Jerusalén” (Cf. Jn 2,13). La expulsión de los vendedores del Templo podía haberse producido en cualquier otra época, pero los evangelistas precisan que sucedió alrededor de la fiesta de la Pascua cuando Jerusalén multiplica por diez su población. En el evangelio de san Juan, la expulsión de los vendedores aparece al comienzo del evangelio, mientras que los sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, lo dejan para unos días antes de la crucifixión, muerte y Resurrección. A la vista de este hecho algunos comentaristas se preguntan si hubo una o dos expulsiones de vendedores en el Templo de Jerusalén por parte de JESÚS. JESÚS va a realizar una señal profética, de aviso y denuncia, allí en la Casa de su PADRE, donde se dan cita todos los años muchos de los judíos piadosos. En el atrio del Templo de Jerusalén se da una muestra de la avaricia, el engaño y cierto desprecio por los más pobres que serán los perjudicados.

Los vendedores

“Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas, corderos y palomas, y a los cambistas en sus puestos” (v.14). Las malas prácticas podían ir desde los precios abusivos, hasta los precios de los animales para los sacrificios, hasta las altas comisiones o intereses por los cambios de moneda o las comisiones o los intereses en caso de pequeños préstamos. El libro del Levítico prohíbe taxativamente el lucro y cobro de intereses a los hermanos (Cf. Lv 25,36). Si el devoto israelita traía para el sacrificio un animal suyo podía ser desaprobado por defectuoso, quedando obligado a la compra de los que allí estuviesen a la venta.

Expulsión de los vendedores

“Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo con las ovejas y los bueyes; y a los cambistas les desparramó el dinero y les volcó las mesas” (v.15). No se dice que los discípulos tomasen parte en esta acción del MAESTRO. En el atrio presumiblemente se concentrase un número de gente numeroso, además de los vendedores mencionados. Se considera que el atrio del Templo donde estaban los vendedores podía tener una superficie de diez mil metros cuadrados, por tanto era un espacio considerable. La descripción esquemática del suceso da pie a imaginar una cierta parálisis o sorpresa colectiva ante alguien que estaba actuando muy por encima de las fuerzas de un individuo normal. Aunque JESÚS se sirviese de un látigo echo de cuerdas para imprimir más energía a su actuación, sin embargo una causa de orden superior tenía que estar actuando para conseguir intimidar a todos los presentes reunidos. Por un momento, los presentes pudieron asociar aquel acto a la “ira de DIOS” o a la “cólera divina”, de la que se habla con frecuencia en las Escrituras. Otros podrían recordar las palabras de Juan Bautista: “raza de víboras, ¿cómo pensáis escapar de la ira inminente? (Cf. Mt 3,7). O aquella otra: “ya está el hacha puesto a la raíz del árbol” (Cf. Lc 3,9). El Templo es lugar propio para la manifestación y reconocimiento del MESÍAS. La acción simbólica realizada por JESÚS está destinada a despertar las conciencias. En nuestros cálculos humanos, no veríamos la conveniencia de emplear una acción de ese tipo como carta de presentación ante todo el Pueblo, alrededor de la fiesta, la Pascua, que conmemora la liberación del Pueblo de la esclavitud egipcia. Otra acción extraordinaria cerrará el tiempo de la misión de JESÚS cuando sea apresado en el Huerto de Getsemaní. Allí los guardias que vienen a prender a JESÚS caerán por tierra al escuchar su palabra poderosa: “YO SOY” (Cf. Jn 18,6). Ahora todavía es tiempo, y si el Templo es renovado Israel tiene salvación.

La mundanidad

“JESÚS dijo a los que vendían palomas: quitad esto de aquí, no hagáis de la Casa de mi PADRE una casa de mercado” (v.16). Las palomas y las tórtolas eran las aves que se ajustaban a la economía de las personas con escasos recursos. Parece que, a pesar de todo, JESÚS tiene condescendencia con estos vendedores a los que sólo amonesta verbalmente. San Mateo recoge: “la Casa de mi PADRE será Casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de bandidos” (Cf. Mt 21,13). La degradación religiosa era un hecho y JESÚS viene a dar la Palabra definitiva por parte de DIOS. Esta acción del SEÑOR tiene por finalidad despertar las conciencias, pues en ningún momento promoverá JESÚS la violencia física para implantar el Evangelio. JESÚS dirigirá su acción y la de los discípulos para procurar la conversión, descartando la coacción en todo momento.

El celo por las cosas de DIOS

“Los discípulos se acordaron que estaba escrito: el celo por tu Casa me devora” (v.17). Los discípulos pudieron rezar o recitar el Salmo sesenta y nueve en la sinagoga donde aparece: “las afrentas con que te afrentan caen sobre mí, y el celo de tu Casa me consume” (Cf. Slm 69,9). El celo por las cosas de DIOS llevó a Matatías y sus hijos, en especial a Judas Macabeo, a reaccionar contra la adulteración de la religión de los padres (Cf. 1Mac 2,28-45). Judas Macabeo llevará a cabo la purificación del Templo que había sido profanado, restaurando el altar y ofreciendo por medio de los sacerdotes, los sacrificios expiatorios (Cf. 2Mac 10,1-3). El testimonio del salmista o el ejemplo de Judas Macabeo se quedan en pálidos reflejos de la urgencia que JESÚS tenía por dar a los hombres el Mensaje del Reino de los Cielos. El Pueblo elegido era Israel y el lugar preeminente el Templo.

Una señal

“Los judíos le dijeron: ¿qué señal nos muestras para obrar así? (v.18). Esta pregunta la escuchará JESÚS en repetidas ocasiones. La señal que piden a JESÚS se refiere a su mesianidad: ¿es ÉL el MESÍAS profetizado y esperado? Juan recoge tres signos realizados en Jerusalén por parte de JESÚS: la curación del paralítico de la piscina de Betesda (Cf. Jn 5,5-9); la curación del ciego de nacimiento (Cf. Jn 9,1ss); y la revivificación de Lázaro (Cf. Jn 11,1ss). Todos los milagros de JESÚS poseen rango suficiente para acreditarlo como MESÍAS, y el propio Juan, en este capítulo inicial nos dice: “mientras estuvo en Jerusalén por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en ÉL por las señales que realizaba” (v.23). Por tanto, san Juan indica que sólo ha registrado las señales o milagros, que él consideraba más representativos.

JESÚS anticipa su destino

“JESÚS les respondió: destruid este Templo y en tres días lo levantaré” (v.19). El PADRE que es quien concede la autoridad a JESÚS lo confirmará en la Resurrección. JESÚS mismo es el Templo o Santuario de DIOS. La Gloria de DIOS aparecerá en la Resurrección, lo mismo que su condición de dador del ESPÍRITU SANTO: “el que crea, que venga a MÍ y beba, y de su interior manarán fuentes de Agua Viva. Lo decía refiriéndose al ESPÍRITU SANTO que recibirían los que creyeran en ÉL después de Resucitado” (Cf. Jn 7,37-39). Lo mismo ocurrirá con el alimento de vida que es el propio JESÚS (Cf. Jn 6). Sólo DIOS puede hacer tales cosas: muriendo se convierte en alimento de Vida Eterna para todos los que participan de su Presencia Sacramental. El ESPÍRITU SANTO es el gran TESTIGO que vive también en el corazón de los creyentes.

Confusión de los judíos

JESÚS con las respuestas que ofrece está hablando para los discípulos, que en el tiempo oportuno verán confirmadas aquellas palabras. Para los judíos, en cambio, quedarán en la oscuridad, y podrán concluir que JESÚS no está en sus cabales: “cuarenta y seis años llevan las obras de reconstrucción del Templo, y TÚ lo levantarías en tres días?” Lo que les pareció un disparate, debió sumirlos en mayor perplejidad. Salvo excepciones, las autoridades religiosas se mostrarán impermeables a cualquier probabilidad que admitiese la mesianidad de JESÚS.

Fe y memoria

“Cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en las palabras de la Escritura y en lo que había dicho JESÚS” (v.22). En cierta medida para creer hay que hacer memoria de la Fe transmitida y recibida. Los discípulos de JESÚS tuvieron el privilegio singular de recibir directamente las lecciones del único MAESTRO. Puede ser que en un primer momento no se entendiesen muchas cosas, pero el fondo del contenido aparecerá a su debido tiempo como muestra este registro: “cuando resucitó cayeron en la cuenta de lo que había dicho JESÚS”. Tres años para reconocer el verdadero significado de algunas enseñanzas. Esta es también una prueba de fidelidad por parte del discípulo, que permanece siguiendo al MAESTRO aunque no lo entienda todo.

San Pablo, primera carta a los Corintios 3,9c-11,16-17

San Pablo es muy claro describiendo lo que sucede en las comunidades por el fundadas y tuteladas. Aunque no pueda estar físicamente presente en todas aquellas iglesias por él fundadas, lo hace mediante la oración y las cartas que escribe personalmente o ayudado por un inmediato colaborador en la misión y hermano en CRISTO. Los problemas que se viven en las comunidades de Corinto pertenecen a la común debilidad, fragilidad y enfermedad moral y espiritual de la condición humana en cualquier tiempo y lugar; por eso nos siguen valiendo las palabras del Apóstol. Además, san Pablo tiene la maestría de obtener de la circunstancia un buen motivo para exponer doctrina fundamental. El capítulo tres de esta carta es un buen ejemplo de todo lo anterior. Las divisiones en el seno de la comunidad, poniendo nombre a las facciones: “yo soy de Pablo, o yo soy de Apolo” (v.4).

Buena edificación

“Vosotros sois edificación de DIOS. Conforme a la Gracia de DIOS, que me fue dada, yo puse el cimiento y otro construye encima. Mire cada cual cómo construye” (v.10) La cimentación es fundamental en toda construcción, y la condición personal la vamos construyendo o forjando cada día, hasta que se termine el tiempo dado en este mundo. La edificación consistente es aquella que sigue las líneas dadas en las Virtudes Teologales: Fe, Esperanza y Caridad. La actividad conviene enmarcarla en las catorce Obras de Misericordia, siete espirituales y otras tantas corporales. San Pablo dirá en otra parte que tengamos los mismos sentimientos de CRISTO (Cf. Flp 2,5), de quien resaltan las bienaventuranzas (Cf. Mt 5,1-12). La propia construcción moral y espiritual se realiza colaborando en la transformación de este mundo para acercarlo al Reino de DIOS, en la parcela que nos corresponda. El manual para la construcción de la propia condición espiritual es el Evangelio. San Pablo nos habla del resultado de lo construido con nuestras opciones, o decisiones: “si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada uno quedará al descubierto, y se manifestará el día que ha de revelarse por el fuego; y la obra de cada cual la manifestará el fuego…” (v.12-13). Los metales preciosos quieren evocar la belleza de la obra realizada. La belleza espiritual es sinónimo de Verdad y solidez. La gama de nuestra construcción abarca desde lo más sublime a la inconsistencia, que ni siquiera mantiene buena apariencia. Todo quedará visible y en su verdadera naturaleza dentro del Amor de DIOS.  Tiene un gran valor los esfuerzos que podamos hacer en la vida presente por reconocer la verdad de lo que vamos haciendo, pidiendo a DIOS que nos veamos, en lo posible, como ÉL nos ve. De esta forma mantendremos la guía fiable de nuestra propia edificación.

El cimiento único

“Nadie puede poner otro cimiento, que el ya puesto: JESUCRISTO” (v.11). DIOS no tiene más HIJO que JESUCRISTO. DIOS sólo ha enviado a su HIJO para revelarnos su Plan de Salvación.  La recapitulación de todas las cosas no tiene otro punto Omega más que JESUCRISTO. El único que puede darnos una Vida Eterna en comunión con la TRINIDAD es JESUCRISTO. El único que puede ungirnos con la presencia del ESPÍRITU SANTO es JESUCRISTO. El único que nos puede dar en este mundo un PAN que está “elaborado” en el Cielo es JESUCRISTO: la EUCARISTÍA. El único que ha vencido a la muerte es JESUCRISTO, el RESUCITADO. Quien puede borrar nuestros pecados a precio de su propia sangre es JESUCRISTO. El único que puede instaurar el Reino de DIOS en este mundo es JESUCRISTO. Es inútil buscar otro SALVADOR porque no existe. Es inútil pretender desarrollos espirituales sin JESUCRISTO, pues sólo abocan a graves desconciertos y confusión personal. Quien ha conocido a JESUCRISTO y no lo sigue carece de alternativa; quien no lo conoce y busca está en camino de encontrarlo.

Portadores de DIOS

“¿No sabéis que sois santuarios de DIOS, y el ESPÍRITU de DIOS habita en vosotros? Si alguno destruye el santuario de DIOS, DIOS lo destruirá a él, porque el santuario de DIOS es sagrado y vosotros sois ese santuario” (v.16-17). Para acercarnos a esta verdad que nos señala san Pablo, hablamos de inhabitación: a DIOS lo llevamos dentro. Somos “teóforos” o portadores de DIOS, además de poseer una “identidad” a imagen y semejanza suya” (Cf. Gen 1,26). DIOS hace cosas imposibles e inconcebibles para nuestra pequeña o diminuta razón: es capaz de hacerse pequeño e inhabitar -estar dentro- de cada uno de sus hijos. El cierre del evangelio de san Mateo lo confirma: “haced discípulos de todos los pueblos, bautizando en el Nombre del PADRE, y del HIJO, y del ESPÍRITU SANTO; enseñándoles a guardar todo lo que YO os he mandado” (Cf. Mt 28,19). Todo el evangelio de san Mateo pareciera estar dispuesto para llevar a término esta única y compleja disposición del MAESTRO. El Sacramento del Bautismo es una especial inmersión en el seno de la TRINIDAD. El bautizado se convierte en auténtico santuario de DIOS. Esta doctrina viene a reafirmarse de forma eminente en el evangelio de san Juan. Los saludos iniciales de san Pablo en sus cartas evocan la presencia trinitaria sobre los que han de ser permanentemente bendecidos y renovados. ¿Existe alguna espiritualidad o religión que eleve la dignidad del hombre a una dignidad equiparable? Destruirse o destruir a otro ser humano es de máxima gravedad. Dicen los exorcistas, que aquellos promotores del consumo de drogas, o los mismos drogadictos, en el mejor de los casos, pasan penosos purgatorios en la otra vida. El arrepentimiento a tiempo es tabla de salvación, porque “DIOS no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta de su conducta y se salve” (Cf. Ez 18,23. 33,11).

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