Aprovecha hoy para hacer el bien

Hoy, el Señor te presenta la parábola del administrador astuto. Al escucharla, puede dejarte sorprendido. Se trata de un hombre deshonesto que, al ser descubierto, es despedido.

Sin embargo, se la sabe ingeniar para asegurarse el futuro reduciendo las deudas de los acreedores de su amo y dándoles nuevos suministros, a fín que, cuando se ve en la calle, tenga quien lo pueda recibir en su casa. Jesús mismo reconoce su astucia y concluye: «Los hijos de este mundo son más hábiles en sus negocios que los hijos de la luz». Con esta parábola, Jesús no te invita a ser corrupto ni tramposo, sino a ser previsor y astuto para lo eterno.

El administrador pensó con rapidez, actuó con determinación y logró asegurarse amigos que lo recibieran en la desgracia. Si el administrador se movió con tanta habilidad para proteger su bienestar, ¿cómo no vas a moverte tú con mayor audacia para asegurar tu salvación eterna? La vida que tienes no es tuya. La salud, los talentos, el dinero, el tiempo e incluso las personas que amas, todo es don de Dios.

No eres dueño, eres administrador. Y llegará el día en que el Señor te pregunte, ¿Qué hiciste con lo que puse en tus manos? Jesús insiste, “el que es fiel en lo poco también lo es en lo mucho”. Lo poco son los bienes materiales, lo mucho son los espirituales.

Si no eres honesto en lo pequeño, ¿cómo va a confiarte Dios lo grande? El dinero no es malo en sí mismo, pero se convierte en un ídolo exigente cuando ocupa el lugar de Dios, cuando lo haces absoluto, cuando lo dejas de mirar como un medio y lo conviertes en un fin. Jesús lo llama dinero injusto porque a menudo se obtiene con injusticias, fraudes y deshonestidad. Y es tajante: “No pueden servir a Dios y al dinero”. No dice es difícil, sino ‘no pueden’. Son caminos que se excluyen.

El dinero quiere ocupar el lugar de Dios en nuestro corazón. Hoy vives en una sociedad que premia la astucia para los negocios y la habilidad para multiplicar ganancias. Eso no es malo si se hace con honestidad.

Pero Jesús te pregunta, ¿eres igual de astuto para el Evangelio? ¿Sabes hacer rendir tu dinero pero inviertes tiempo en la oración? ¿Te desvelas por asegurar un futuro económico, pero aseguras tu eternidad con obras de misericordia? ¿Sabes mover contactos para progresar, pero ¿sabes crear lazos de solidaridad con los pobres que, como dice el Señor, serán quienes te reciban en el cielo? El dinero que tienes no solo sirve para remediar tus necesidades, sino también para compartir con los demás. San Agustín decía que los pobres son como mensajeros. Llevan tus bienes a la morada eterna que se está construyendo para ti.

Dios ya te dio todo. Tú responde compartiendo. Si te llamas cristiano, vive como tal. La caridad no es opcional, es mandato del Señor. Cuando otros ven tu generosidad, se animan también a dar. Tu ejemplo contagia.

El que da con alegría lo bendice siempre Dios. Jesús mismo lo ordena, ‘den y se les dará’. El tiempo es breve. No sabes cuánta vida te queda. Aprovecha hoy para hacer el bien.

¡Feliz domingo! Dios te bendiga.

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