Con motivo del Día Mundial de la Población, el 11 de julio de 2025, la Red de Institutos Universitarios Latinoamericanos de Familia -REDIFAM- y el Centro de Estudios de Familia, Bioética y Sociedad de la Universidad Pontificia de México presentaron el informe “Cambios en las estructuras demográficas, Una mirada a la realidad Latinoamericana” mismo que pone en evidencia una realidad que ya no puede ignorar: América Latina atraviesa una transición demográfica acelerada que está redibujando su estructura social y económica.
Este análisis, respaldado por datos de la CEPAL y otras fuentes oficiales, expone un panorama preocupante: el envejecimiento poblacional, la caída de la fecundidad y la transformación de las estructuras familiares que demandan una reformulación urgente de las políticas públicas. Sin embargo, la respuesta de los gobiernos parece estar rezagada frente a la magnitud del desafío.
El informe destaca que solo Paraguay y Bolivia superan el umbral de reemplazo generacional, con tasas de fecundidad de 2.44 y 2.58 hijos por mujer, respectivamente. En contraste, países como Chile y Colombia registran tasas alarmantemente bajas (1.0 y 1.2), mientras que la región promedia 1.8, según la CEPAL (2023). Este declive en la natalidad, junto con una relación nacimientos/defunciones que en países como Chile, Argentina, Uruguay y Brasil se acerca a 1:1, señala un estancamiento poblacional. La región, que en 2021 pasó de ser una sociedad joven a una adulta joven, se proyecta como envejecida para 2050. Este proceso que en Europa tomó dos siglos, en América Latina se ha comprimido a medio siglo, dejando poco margen para adaptaciones graduales.
El envejecimiento acelerado plantea preguntas críticas sobre los sistemas de salud, previsión social y protección social. Aunque en México el envejecimiento queda en un nivel medio, Uruguay, Chile, Argentina y Colombia lideran esta transición de sociedades jóvenes a envejecidas y las políticas públicas no parecen estar a la altura. La falta de estrategias integrales para atender a una población cada vez más longeva, combinada con la disminución de niños en los hogares, pone en jaque los modelos de desarrollo actuales. ¿Cómo financiar sistemas previsionales con menos trabajadores jóvenes? ¿Cómo garantizar una vida digna para los mayores cuando los recursos se destinan a prioridades cortoplacistas? El informe de REDIFAM subraya la necesidad de abordar estos cambios desde una perspectiva de derechos, pero los gobiernos parecen más enfocados en mantener el statu quo que en innovar porque, simplemente, es demasiado oneroso.
Las estructuras familiares también están cambiando. En Chile, aunque el hogar nuclear sigue siendo mayoritario (57.6%), los hogares unipersonales (16.6%) y sin núcleo (7.6%) crecen, reflejando nuevas dinámicas sociales como la cohabitación y las uniones no formalizadas.
La nupcialidad cae en toda la región, mientras los divorcios aumentan, con Chile liderando (59 de cada 100 matrimonios terminan en divorcio). Incluso en países con alta tradición matrimonial y familiar como Brasil y México, la inestabilidad es notable, con tasas de divorcio de 47.4 y 32.62, respectivamente.
La legalización de uniones homoafectivas, como en Brasil (11,200 en 2023) y México (6,606 uniones), refleja el avance de este tipo de relaciones, pero el aumento de divorcios (136% de relaciones entre mujeres en México) sugiere que las uniones homosexuales no reflejan estabilidad. Por otro lado, disminuyen los matrimonios entre hombre y mujer, abonando a la inestabilidad familiar.
La región necesita políticas que incentiven la natalidad y fortalezcan la parentalidad, pero también se revaloren a las personas mayores como patrimonio social. Sin embargo, la falta de voluntad política para implementar cambios estructurales es alarmante. Los datos son claros. Las familias se transforman y su crecimiento poblacional se estanca. Ignorar estas señales es condenar a la región a un futuro de inequidad y precariedad. Es hora de que los gobiernos, junto con la sociedad civil, asuman la responsabilidad de construir un modelo de desarrollo inclusivo y sostenible porque América Latina envejece… el futuro necesita acción.

